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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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EL SANTO CRISTO DE LA LUZ (TOLEDO ).

ra abierto un mechinal, sea ya de todo punto imposible el fijar sus formas,como deseáramos. Lo mismo sucede respecto de los piés de la figura, porlas causas que luégo indicarémos. Levántase la segunda hornacina ó nichodesde el mismo pavimento: tiene de alto 2,28 por l m ,52 de ancho; yenriquecida un tiempo en su tímpano por várias pinturas, es hoy empresairrealizable la de señalar el asunto que representaron, si bien revelan, áundado su lastimoso estado, que son muy posteriores á la Pintura mural yadescrita, como á todas las demas allí descubiertas.

Hácese la primera hornacina de la segunda zona á la altura de 2 m ,87:es de arco redondo, como la inferior, y presenta la elevación de l m ,79 por0 m ,68 de anchura, con 0 m ,10 de entrada en el muro. Aparece en ella, so-bre un fondo rojizo oscuro, una figura de mujer, cuya cabeza rodea senci-llo nimbo, cubriéndola el modesto cuanto gracioso amículo *, que, ple-gándose al cuello, desciende sobre los hombros: viste una túnica blanca,que baja en menudos pliegues hasta los piés, y sobre ella un manto redondodel mismo color (amictus), el cual se recoge simétricamente en los brazos.Elévanse éstos ante el pecho hasta unirse los pulgares y presentar extendi-das ambas palmas, en señal de inocencia y de pureza. Los piés se muestrancalzados por negras zapatas, ligeramente apuntadas. Forma la figura,así dispuesta, un conjunto proporcionado y agradable, cual después nota-rémos. Al lado del hombro derecho, obedeciendo la tradición artística deantiguo recibida, y ocupando todo el espacio hasta tocar la línea exteriorde la hornacina, hállase en caractéres que anuncian ya el cercano predo-minio de la letra monacal en este linaje de leyendas, la palabra Martía 1 2 3 * .A la altura de las rodillas, borradas desdichadamente según advierte eldiseño, ábrese en el fondo un mechinal, que, habiéndose llevado trásparte de la pintura, constituye ahora un dato no despreciable en la inves-tigación que realizamos.Presenta el segundo nicho, á la misma líneadel anterior, la elevación de l m ,81 por la latitud de 0 m ,48 y la entrada de0 m ,8; y es su arco túmido ojival , revelando al primer golpe de vista la in-fluencia mauritana, que al declinar del siglo XI había modificado la ar-quitectura del Califato. Sobre un fondo análogo al anterior dibújase una fi-gura, que, asemejándose por extremo álaya descrita, sólo difiere de ellaen que, separadas algún tanto las manos, muestra en la derecha un nardoó flor de lis 5 , y sostiene en la izquierda un libro cerrado, que representael de los Santos Evangelios. La túnica se diferencia también por una tin-ta un poco más subida y algo verdosa, y aparece cortada por un mechi-nal, análogo al ya indicado, á la misma altura de las rodillas : la figura seofrece, no obstante, más entera, si bien los piés se hallan casi del todoborrados.

1 El amiculo, que durante la antigüedad clásica habia sido distintivo de meretrices (apud veteres signummcretriciae vestís), se habia trocado ya en la edad de San Isidoro en distintivo de honestidad: «nuneinHis-pania honestalis» ( Ethym ., libro XIX, De palliis foeminarum). Adoptado por las vírgenes consagradas á Dios ,recibe al fin el nombre de toca y áun de mongil, empleándose en la iconografía cristiana para expresar la vir-ginidad y la pureza, cubriendo de continuo la frente de la Madre de Dios y de las mártires de Cristo. Estacostumbre icónica, que halla á menudo extraña correspondencia, respecto délos varones, en la representaciónde los ángeles, de los evangelistas y de otros santos, los cuales aparecen exornados con el cerquillo ó coronamonacal, toma grande y casi diriamos absoluta preponderancia en las regiones occidentales de Europa , duran-te todo el siglo XI. Pruébanlo así, demas de los numerosos códices de aquella época llegados á la presente,las bellas tablas, en que se ofrecía á la adoración pública y privada la imagen de la Virgen María : el amiculo,que en estos preciosos monumentos cubre la cabeza de la Madre de Dios, es enteramente igual al que ostentanlas cuatro Vírgenes, en cuya descripción entramos. Los lectores que desearen mayor comprobación, pueden con-sultar al propósito la notabilísima obra que lleva por título: « Peintres primitifs Collection de tableaux, rap-porfé dIlalie et publiée par Mr. le Chevalier Artaudde Montor, membre de lInstitut» (París , 1843). Nuestroamigo y compañero, don Nicolás Gato de Lema, posee en su selecto «Museo de Antigüedades» hasta nueve ta-blas, que representan en reducido tamaño (de 0 m ,28 por 0 m ,22, á 0 m , 11 por 0 m ,8) á la Virgen María conel Niño Dios en sus brazos, y ostentan sus cabezas cubiertas por el amículo ó mongil, dibujado de igual modoque el de las vírgenes toledanas.

2 En las Pinturas Murales del magnífico Panteón de los Reges de San Isidoro de León, como en otrasmuchas de toda la Edad Media , se vale el pintor de multiplicadas inscripciones para dar á conocer no sólolos asuntos, sino también los personajes que figuran en ellos. Este hecho, así reproducido en casi todas lasobras pictóricas de los tiempos medios, ha dado motivo en los modernos á muy sangrientas burlas contra elarte de aquellos dias, declarándole impotente para expresar de otro modo las acciones, que aspiraba á repre-sentar.La acusación es tan injusta como infundada, porque no es el arte de la Edad Media el inventor deeste medio supletorio, tan duramente ridiculizado, remontándose por el contrario su origen y su práctica á laantigüedad. En efecto, apénas existe una representación, ya de relieve, ya de pintura lineal, ora de pinturamono ó policrómala, ora de mosáico, debida realmente al arte pagano, tanto en su mayor florecimiento comoen su decadencia, donde no hallemos designados los personajes por sus nombres; y así en los más celebra-dos vasos griegos y etruscos como en los más estimados anáglifos; así en las pinturas en pergamino ó vitela(membranaceis) como en los mosaicos murales destinados á exornar, desde los primeros dias del triunfo de laIglesia, las basílicas cristianas, se ejercita y perpetúa aquella costumbre, derivándose sin interrupción á los si-glos medios. No es, pues, el arte de esta edad, cualesquiera que sean sus medios de manifestación, merece-dor del oprobio ó de la alabanza por la invención de este género de inscripciones, ni debe, en consecuencia,ser denostado por su uso. Recíbelas, como recibe tantas otras tradiciones y prácticas, del mundo antiguo ; yal hacerlo asi, ofrece un lazo más con la cultura, de que trae su origen; observación digna de ser consignadaen este lugar, para reconocer la filiación técnica de las Pinturas Murales, cuyo exámen artístico-arqueológicoaquí realizamos.

3 Nos inclinamos á lo primero, fundándonos en que, si bien se halla usada alguna vez en el lenguaje

agiográfico la voz lilium ó lilia para significar la beldad y la pureza, empleábase más principalmente en la poe-

les couleurs étant perdues à la partie inférieure de la niche, lon voitun boulin ouvert, il soit absolument impossible den fixer les formes, com-me nous le désirerions. La même chose arrive pour les pieds de la figure,pour les motifs que nous indiquerons plus loin. La seconde niche sélèvedu pavé même: elle a 2 m] ,28 de haut sur l ra ,52 de large; et enrichieautrefois dans son tympan de diverses peintures, cest aujourdhui uneentreprise irréalisable que dindiquer le sujet quelles représentèrent, bienquelles révèlent, malgré leur déplorable état, quelles, sont très-postérieu-res à la peinture murale déjà décrite, comme à toutes les autres qui yont été découvertes.

La première niche de la seconde zone prend à la hauteur de 2 m ,87 :elle est en arc rond, comme linférieure, et présente une élévation de4,79 sur 0 m ,68 de largeur, avec 0 m ,10 de rentrée dans le mur. On y voitsur un fond rougeâtre foncé, une figure de femme, dont la tête est entouréedun nimbe simple, et couverte du modeste autant que gracieux amimie \qui se plie sur le cou et descend sur les épaules : cette figure porte unetunique blanche, qui descend en petits plis jusque sur les pieds, et par-dessus un manteau rond de même couleur (amictus), qui se ramasse sy-métriquement sur les bras. Ceux-ci sélèvent devant la poitrine de façonà joindre les pouces et à présenter les deux paumes des mains étendues,en signe dinnocence et de pureté. Les pieds sont chaussés de souliersnoirs, légèrement pointus : la figure, ainsi disposée, forme un ensembleproportionné et agréable, comme nous le remarquerons plus tard. Du côtéde lépaule droite, selon la tradition artistique reçue des temps anciens,on trouve en caractères qui annoncent déjà la prédominance de la lettremonacale dans ce genre de légendes, la parole Martïâ 9 , qui occupe toutlespace jusquà toucher le bord extérieur de la niche. A la hauteur desgenoux, malheureusement effacés comme lindique le dessin, souvre dansle fond un autre boulin, qui ayant enlevé après lui une partie de la pein-ture, constitue maintenant une donnée importante pour linvestigation, quenous réalisons. La seconde niche sur la même ligne que la précédente,présente la hauteur de l m ,81 sur une largeur de 0 m ,48 et un creux de0 m ,8 ; son arc est ogival lancéolé, révélant au premier coup dœil linfluen-ce mauritanne qui, vers la fin du XI e siècle, avait modifié larchitecture duCalifat . Sur un fond analogue au précédent se dessine une figure, qui res-semble extrêmement à celle déjà décrite, et nen diffère que par les mainsun peu séparées; la droite montre un nard ou fleur de lis 5 et la gaucheporte un livre fermé, qui représente celui des Saints Evangiles. La tuniquediffère aussi par une teinte un peu plus claire et un peu verdâtre ; elle estcoupée par un boulin analogue à celui, dont nous avons parlé, à la hauteurdes genoux comme dans lautre : la figure est toutefois plus entière, quoi-que les pieds soient presque totalement effacés.

1 L 'amicale qui, pendant lantiquité classique, avait été le signe des prostituées (apud veteres signum mere-triciae vestis), sétait changé déjà à lépoque de Saint Isidore, en signe distinctif de l'honnêteté: «nunc inHispania honestatis» ( Ethym ., lib. XIX, De palliis foeminarum ). Adopté par les vierges consacrées à Dieu, ilreçoit enfin le nom de toca et même de mongil, et est accepté dans l'iconographie chrétienne pour exprimer la virginité et la pureté, couvrant continuellement le front de la mère de Dieu et des martyres du Christ. Cettecoutume iconique, qui trouve souvent une étrange correspondance, relativement aux hommes, dans la représenta-tion des anges, des évangélistes et des autres saints, qui apparaissent ornés dune tonsure ou couronne monaca-le, prend une grande et nous dirions presque une absolue prépondérance dans les régions occidentales dEurope,pendant tout le XI e siècle. Cela est prouvé par de nombreux manuscrits de cette époque arrivés jusquà nous,et par les beaux tableaux sur bois, soffrait à ladoration publique et privée limage de la Vierge Marie:Yamicule qui, dans ces précieux monuments, couvre la tète de la mère de Dieu, est entièrement semblable à ce-lui que présentent les quatre Vierges, dont nous commençons la description. Les lecteurs, qui désireraient deplus amples confirmations, peuvent consulter sur ce point lœuvre très-remarquable, qui a pour titre: « Peintresprimitifs Collection de tableaux rapportée, dItalie et publiée par M. le Chevalier Artaud de Montor, mem-bre de lTnstitut» (Paris , 1843). Notre ami et collègue, don Nicolas Gato de Lema, possède dans son rare«Musée dAntiquités », jusquà neuf tableaux sur bois, qui représentent en format très réduite (de 0 m ,28 sur0 ra ,22, à O m ,il sur 0 m ,8) la Vierge Marie avec lInfant Dieu dans ses bras, et dont toutes les têtes sont cou-vertes par Yamicule on mongil, dessiné de la même façon que chez les vierges de Tolède .

2 Dans les Peintures Murales du magnifique Panteon de los Reyes de San Isicloro de Leon , comme dansbeaucoup dautres de tout le Moyen-Age, le peintre se sert de nombreuses inscriptions pour faire connaître nonseulement les sujets, mais encore les personnages, qui y figurent. Ce fait, reproduit dans presque toutes les œu-vres de peinture du Moyen-Age, a donné occasion chez les modernes à de très-sanglantes railleries contrelart de cette époque, en le déclarant impuissant à exprimer dautre façon les actions quil aspirait à représenter.Laccusation est aussi injuste que sans fondement, car ce nest pas lart du Moyen-Age qui a inventé ce procédésupplétif, si durement ridiculisé; il remonte au contraire, par son origine et sa pratique, à lantiquité. En effet, àpeine existe-t-il une représentation soit de bas-relief, soit de peinture linéaire, ou de peinture mono et poli-chrome, ou de mosaïque, due réellement à lart païen, dans son plus grand éclat comme dans sa décadence, nous ne trouvions les personnages désignés par leurs noms. Il en est ainsi dans les vases grecs et étrusquesles plus célèbres, comme dans les anaglyphes les plus estimés; ainsi dans les peintures sur parchemins ou surveau (membranaceis) comme dans les mosaïques murales, destinées à orner dès les premiers jours du triom-phe de lEglise les basiliques chrétiennes, sexerce et se perpétue cette coutume, dérivée sans interruption jusquauMoyen-Age. Ce nest donc pas lart de cette époque, quels que soient dailleurs ses moyens de manifesta-tion, qui mérite lopprobre ou la louange, pour linvention des inscriptions de ce genre et il ne doit pas par con-séquent être insulté, pour les avoir employées. Il les reçoit, comme il reçoit tant dautres traditions et dautres pra-tiques, du monde antique; et en agissant ainsi, il offre un lien de plus avec la civilisation, d il tire son origi-gine; observation digne dêtre notée ici, pour reconnaître la filiation technique des Peintures, Murales, dont nousréalisons lexamen artislique-arcbéologique.

3 Nous penchons pour la première, en nous fondant sur ce que, bien que quelquefois le mot de liliumou lilia se trouve employé dans le langage agiographique, pour signifier la beauté et la pureté, le mot nardus