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Diccionario biográfico-bibliográfico-histórico-crítico de guitarras (instrumentos afines), guitarristas (profesores, compositores, concertistas, lahudistas-amateurs) [y] guitarreros (luthiers) : danzas y cantos : terminología / Domingo Prat
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Agu

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aconsejar por el maestro C. Rizzuti, recibiendo las orien-taciones de carácter superior que dicho colega ofrece ensu academia y en 1927-29 con el que suscribe, sobre téc-nica moderna y perfeccionamiento general, otorgándole elcorrespondiente titulo. Entregado a la enseñanza ha ocu-pado el cargo de profesor titular en la "Asociación Pro-meteo, siendo hoy bien distinguido por sus apreciadasorientaciones, fruto del estudio, la observación y la in-teligencia.

AGOSTINI, Francisco.-Notable guitarrista "amateur, con-temporáneo, radicado en París; discípulo predilecto delcompositor Jacques Tessarech (ver). Agostini es posee-dor de un método inédito de su maestro, el cual piensapublicar oportunamente; diciendo ser de tan inmediatosbeneficios, que a poco de usarlo, el estudiante se hallaen superioridad de condiciones a los mejores guitarristasactuales. Para esta y otras publicaciones de Tessarech, seha formado una "Asociación J. T. (43-Rue Alain Char-tier. Paris XV o ) de la que es presidente honorario y con-sejero musical el ilustrado compositor francés GeorgesMigot y secretario de la misma el guitarrista F. Agos-tini. Conociendo la "Evolution de la Guitare del maestrocorso, desaparecido, podrá formarse una idea de la grancapacidad guitarrística de Agostini, quien desgrana diaria-mente buena parte del legado musical nombrado.

AGRICOLA, Martín.-Célebre compositor laudista del si-glo XVI, citado por todos los autores, los que llegarona precisar la fecha de su nacimiento en el día 6 de Enerode 1486, y de su fallecimiento el 10 de Junio de 1566.Otro Agrícola, Nicolás M., según el Diccionario de R.Eitner, floreció en el siglo XVII.

AGUADO GARCIA, Dionisio.-Célebre guitarrista didacta,español. Nació en Madrid el 8 de Abril del año 1784."Hijo de D. Tomás, notario de la vicaría eclesiástica, yde Dña. María García, fué bautizado en la iglesia parro-quial de San Justo el 10 del mismo. A la edad de 8 añosempezó a estudiar gramática latina, filosofía y lenguafrancesa, siendo notables los adelantos que hizo en pocotiempo. Como descanso a los estudios citados le inclinósu padre a que aprendiera a tocar la guitarra con D. Mi-guel García, conocido por el P. Basilio, religioso del Cister,sobresaliente organista y compositor del convento de suorden en Madrid, quien desde las primeras lecciones notóla extraordinaria facilidad y buena disposición de su dis-cípulo. A la muerte de su señor padre, que acaeció enel año 1803, heredó un pequeño vínculo en el pueblo lla-mado de Fuenlabrada, en donde se retiró a vivir consu madre mientras duró la invasión de los franceses. De-dicado exclusivamente en aquel ignorado pueblo al estu-dio de la guitarra, tan pronto como pasó el peligro vol-vió a la corte con su madre, a la cual quería con verda-dero afecto filial y de quien no se separó hasta su muerte,acaecida el año 1824. No tenía grandes bienes que des-perdiciar, pero esto no fué inconveniente para que al añosiguiente emprendiera un viaje a París con el único obje-to de conocer a su afamado colega D. Fernando Sor. Alparecer uno y otro quedaron admirados de su respectivahabilidad, pues según se cuenta, habitaron juntos una mis-ma casa en París. Sor quiso sellar con una composiciónel noble impulso que acercó y unió a dos artistas tandistinguidos, diré mejor, tan extraordinarios, y compusoel gran dúo para guitarras, titulado Los dos amigos, queensayaron y llegaron a tocar a la perfección a pesar de lasdistracciones que experimentaban oyéndose tocar mutua-mente.

Aguado hizo profunda impresión en el público de Pa-rís, Su carácter dulce y afable y su gran mérito como ar-tista cautivaron no sólo auditorios sino maestros tan afa-

mados como Rossini, Bellini, Paganini, éste bien distin-guido aficionado y compositor de buen número de obraspara guitarra, y también maravilló a Herz y otros que ledistinguieron con su amistad.

Aguado permaneció en París hasta fines del año 1838o a principios del siguiente (1), después de haber dadoa la estampa varias composiciones disputadas con calor,para obtener la primicia de publicación por los editoresde aquella época: Schott, Meissonier y Richault.

Restituido a su patria y pueblo natal, sus amigos lesuplicaron no abandonase la corte, lo cual hizo así, dedi-cándose exclusivamente a la enseñanza y publicación delas obras que iba produciendo, hasta su muerte, que ocurrióen 20 de Diciembre de 1849, a causa de un catarro pul-monar, habiendo legado su guitarra a su predilecto dis-cípulo D. Agustín Campo, a quien había dedicado variasde sus mejores composiciones.

Sor es superior a Aguado como compositor genial desublimes arrebatos. Aguado conoce la técnica de su ins-trumento de una manera en que pocos le aventajan, co-noce la música que le conviene y en consecuencia intro-duce en la destinada a la guitarra innumerables rasgos ydiseños, que son modelos de invención en su género, peroel compositor queda algo empequeñecido ante el técnico.La preocupación del técnico en toda la producción deAguado es una y constante: dar gran amplitud al sonidopor medio de rasgos y diseños notabilísimos como inven*ción, pero que lastimosamente no aparecen secundadossiempre poi el arte viril y encumbrado del compositor degenio. La preocupación de la sonoridad le sugirió la ideade inventar un aparato que tituló Trípode para aislar laguitarra de la presión que ejerce el guitarrista sobre elfondo de la caja harmónica. El tal aparato, en efecto, alpar que da al tañedor cierta comodidad, libertad a losbrazos, elegancia y decoro a la posición del cuerpo engeneral, favorece, realmente, a la vibración de la guitarra;pero el aislamiento que se pone voluntariamente el ejecu-tante atenta a aquella comunicación directa e íntima quese establece entre el instrumento como si el resultado delefecto producido consistiese en la lucha entre la materiainerte dominada siempre por el saber y el genio del artista.

La lista de obras que dejó impresas Aguado no ha sidobien estudiada, bibliográficamente hablando, con objeto de

(1)Esta fecha está equivocada, pues el Sr. Aguado no pudovolver a su patria en Septiembre de 1838, puesto que nosotros tu-vimos la suerte de vivir con él, tabique por medio, en la mismafonda de París en el hotel Favart, desde últimos de Septiembrehasta principios de Noviembre inclusive del citado año de 1838.Por consiguiente debió volver a Madrid en Diciembre de este año,o a principios de 1839. Y ahora que hemos manifestado esta cir-cunstancia, creemos que no está demás el que digamos en justoelogio do tan célebre guitarrista, que al llegar a París a. eso delas cinco de la madrugada nos acostamos al momento, pues hacíatres noches q,ue no nos desnudábamos; pero apenas había pasadouna hora de estar en cama, cuando nos despertó una música quenos pareció celestial, y estuvimos dudando qué instrumento fuera elque tanto nos entusiasmaba; tal era la dulzura y suavidad de sussonidos y armonías, producidas por la manera con que eran he-ridas sus cuerdas; de modo que tuvimos que llamar al camareroy preguntarle qué instrumento era aquel que nos producía tangrata sensación, y q,ue no nos atrevíamos a clasificar. El cama-rero, con la sonrisa en los labios, nos dijo: Cest monsieur Aguadoavec son ghitarre. Calcúlese nuestro gozo y sorpresa a la vez alsaber que nos hallábamos, ignorándolo completamente, y por inci-dencia, al lado de este gran artista, que al momento y sin acor-darnos ya más del sueño, fuimos a abrazar y a manifestarle elefecto que nos había producido el oírle a través de un tabique.Inútil es decir que todas las mañanas se repetía la misma función,pues que no dejaba pasar ninguna sin que estudiara, a pesar decontar entonces unos cincuenta y cinco años, sus dos horas diarias,con cuyos ejercicios, desde nuestra habitación, o bien en la suyapropia, gozábamos lo que no es fácil explicar, porque además deser el Sr. Aguado el primer guitarrista en Europa en su génerodulce, afectuoso y melodioso, era la persona más amable, humildey cariñosa que hemos tratado, hasta el punto de obligarnos muchosdías a tomar el chocolate que él se hacía en su cuarto en unamáquina que tenía a propósito para ello. Nosotros consagramoscon sumo gusto estos desaliñados renglones a la buena memoriadel insigne y modesto guitarrista, a la par que al inolvidable yexcelente amigo.Saldoni.