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en la segunda, puramente práctica, hay el suficiente nú-mero de lecciones que conducen por grados al aficionadodesde los primeros elementos hasta lo más dificultoso quese conoce en el día. Siendo la guitarra instrumento esen-cialmente armónico, era necesario dar una idea de losacordes, y esta doctrina ocupa también su debido lugaren la segunda parte. Don Francisco de Fossa, amigo míoy sujeto de gusto y de grandes conocimientos músicos, seha servido honrar esta escuela rectificando algunas teo-rías, y completándola con un compendio de reglas paramodular en la guitarra, cuyo instrumento le es familiar.He incluido la mayor parte de los estudios que publiquéen mi colección, y en vez de algunos suprimidos por creer-los poco necesarios, he puesto otros nuevos; pero deboadvertir que varios de ellos están esparcidos en la obra,y que en casi todos he alterado la ortografía musical, conel objeto de manifestar en el escrito la mayor exactitudde la ejecución. Para que se forme una idea clara delplan de esta obra, voy a presentarle en la tabla siguiente,la que al mismo tiempo podrá servir de índice”.
La impresión de su obra publicada en 1819, de que noshabla Aguado en este Prólogo, y que ya un año despuésestaba agotada (editor Schonenberger, París) se halla unejemplar en nuestro poder, así como otro de la ediciónde 1820, con su firma auténtica en un ángulo inferior dela entretapa, y otro de la de 1843, o sea la mundialmenteconocida, y a la cual se le incluyera en 1849, poco despuéspues de morir el gran guitarrista, el Apéndice que para ellahabía escrito. Estas tres obras, que originalmente no sonmás que una sola, tienen un valor didáctico hasta enton-ces no igualado. Los ejercicios y el texto del primero, es-tán convenientemente corregidos y aumentados en el se-gundo, llegando en el de 1843 a superarse evidentemente,ya que elimina de los ejercicios, con exacto criterio, losno personales ni necesarios, así como ciertas explicacionesen el texto que no allanan ningún camino, y otras quelogra concretar, suprimiendo lo innecesario. Pero, dondela obra de gran didáctica tiene su culminación máxima, esen el Apéndice de 1849, guía imprescindible para el buenmaestro, y que, inescrupulosamente o aconsejados por me-dianías guitarrísticas, algunos editores han suprimido to-talmente, dejándonos una obra trunca y disminuida en susmerecimientos más positivos. En Buenos Aires se ha pu-blicado un cuaderno titulado “50 Estudios” de este autor(sic) y llama la atención que muchos figuran en la edi-ción de 1820; muy pocos en la de 1843, y a lo que Aguadocuerdamente titula Lecciones, le enmiendan la plana tandesfavorablemente, que le llaman Estudios. Por otra par-te, no se ha respetado en esta edición de Buenos Aires,la numeración original de su autor, obrándose con arbi-trio, pues el Estudio 73 de Aguado, será siempre el 73y nunca el 42 como nos lo enumeran en esta edición quenos ocupa. Aguado tuvo la tendencia de enseñar en sumétodo, por materias; es decir, dedicar una parte a liga-dos, otra a arpegios, acordes, etc., forma que estimamosla más conveniente y como ponemos en práctica en el"Programa de Estudio” de nuestra Academia (1931). Lacantidad de prácticas, que avanzan en mayores comple-jidades a medida que el adelanto del alumno requiere,hace al método de Aguado el más indicado para la ense-ñanza de los publicados hasta hoy. Un ejemplo elocuentees sin duda su afán de empleo del dedo meñique (chico),que ya en 1820 da para el caso un estudio, insistiendoen el Apéndice de 1849 en la práctica constante de estededo, tan dejado de lado por los maestros. El aludidoestudio lleva en 1820, el número 12, con esta leyenda:"Los dedos de la derecha pulsarán por su orden el arpe-gio, dejando la voz más baja para el pulgar, y también
pueden emplearse los cinco dedos de la derecha, cadauno en diferente cuerda”. En 1843 lo numeraba 8, lo mis-mo que en las ediciones conocidas. En el Apéndice, Ca^pítulo y Párrafo II, reafirma sus conceptos con estas pa-labras: También sirve la dirección y fijeza indicadade estos dedos, cuando se hace uso del dedo anular yaún del pequeño, porque los primeros van prestando suce-civamente su apoyo a los que le siguen” .— hay una lla-mada que dice: Bien considero la violencia que cuestaconseguir que los dedos anular y pequeño pulsen conalguna energía las cuerdas, si la mano ha de conservarla postura que llevo explicada: no obstante, habiendo he-cho la experiencia en mis discípulos, he visto que estadificultad es vencible . El interés por la cultura guitarrís-tica del alumno, en cuanto a la manipulación del instru-mento, las condiciones del local en que se ha de tocar,la expresión que convenga dar en este o aquel pasaje, lopone de evidencia en los textos de su método, especial-mente como hemos dicho, en el Apéndice. Luego, queríaque el discípulo comprendiera lo que estaba tocando, quelos ejercicios y lecciones los asimilase, no sólo por el oído,sino también por la inteilgencia; he aquí el por qué in-cluye en la impresión de 1820, un Apéndice, Reglas gene-rales para modular, y además, un pequeño tratado dearmonía escrito exprofeso para el método por FrancoisDe Fossa. En la edición de 1843, vuelve Aguado a in-sistir en este sentido, dándonos otro Capítulo sobre armo-nía (Cap. I Sec. 5. a ), pero aunque él mismo es el autor,tiene más claridad y concisión, y es algo más guitarrís-tico que el anterior. Las obras de Aguado, pequeñas ograndes, pero que pueden ejecutarse en concierto,, son deun valor relativo; careciendo de lo más primordial: labase constructiva. En algunas de estas obras, Rondós,Fandangos Pareados y en otras igualmente extensas, exis-te una divagación musical, pero donde sin embargo tienela guitarra gran riqueza de motivos para lucirse el eje-cutante. En las Danzas y Valses muestra una vena artís-tica escasa, y en cuanto a sus Minuetos, no han tenidoaceptación por su falta de verso melódico, oscurecidos porla frondosa colección de los de su amigo Sor. La faltade composición en Aguado la vemos en sus métodos, puesson varios los ejercicios y estudios que han sufrido alte-raciones de su propio autor. Lino de sus más celebradosestudios, el N.° 12 del actual método es una demostraciónde nuestro acertó, pues en él, no logra, a pesar de ser tanagradable, hilvanar las frases musicales según los cánonesaprendidos en la armonía. En este estudio registra 17compases en la primera parte y 22 en la segunda, siendotal la incoherencia de esta obra, que no creemos tengaarreglo posible: el compás antepenúltimo, no existe en laedición de 1820. Otro ejemplo nos lo da con su estudionumerado 25 en RE mayor, formado por 7 compases enla primera parte y 23 en la segunda. Si la primera esdefectuosa, la otra es inadmisible. No comprendemos eldesarrollo del período que finaliza en el compás 14, de lasegunda parte, concluyéndolo en 9 compases más que di-cen las condiciones del Aguado compositor. Este ilustrevarón de la guitarra, gran paleógrafo, reconocido por susméritos en este sentido por el Consejo de Castilla, vivióen una soledad perpetua, sólo dedicada al instrumento.Hasta en sus último años siguió profundizando el estu-dio de la guitarra. En Madrid contrajo un catarro pul-monar que dejó en él hondas huellas, falleciendo pobre,pero no olvidado, el 20 de Diciembre de 1849, en la ca-pital del reino.
AGUIAR, Alejandro de.^Natural de Porto (Portugal). Seignoran la fecha de su nacimiento y la escuela en queaprendió el arte en que tanto se distinguió. Primero fué