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Diccionario biográfico-bibliográfico-histórico-crítico de guitarras (instrumentos afines), guitarristas (profesores, compositores, concertistas, lahudistas-amateurs) [y] guitarreros (luthiers) : danzas y cantos : terminología / Domingo Prat
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95 Cos

COSTA, Héctor G- Guitarrista uruguayo radicado en laciudad de Montevideo en la segunda decena del siglo ac-tual. Costa perteneció a la pléyade de los buenos instru-mentistas de aquella nación, como Conrado P. Koch, P.Mascaró Reissig, Isaías Savio, Abelardo Rodríguez, etc.,distinguiéndose por su buena dicción, conociéndosele, co-mo compositor, una Romanza agradable y de correctafactura.

COSTA, Honorato. Guitarrista célebre y compositor. Enel año 1820 realizó varios conciertos en Viena. Su op. 9fué dedicada a M. Dominique de Costa. Esta obra se en-cuentra en el Catálogo de la casa List y Franke, de Leip-zig. (Pág. 475, año 1924). Mencionado por Mendel y porelAllgemeine musikalische Zeitung, que se publica enla nombrada ciudad de Leipzig.

COSTA y HUGAS, José. Guitarrista y compositor español,nacido en 1827. Hizo los estudios de guitarra con el pro-fesor catalán Buenaventura Bassols. Dice Pedrell:A lasprimeras horas de la madrugada del 26 de Mayo delaño 1881 y a los 54 años de edad, el alma de D. JoséCosta Hugas había dejado la tierra.

¿Quién era D. José Costa Hugas?

Para la gente vulgar un hombre como cualquier otro;para cuantos le habían conocido en el ejercicio del foro,un abogado de utilidad y talento; para los que habíamostenido ocasión de oirle en la guitarra, un eminente ar-tista. Costa pertenecía a esa brillante pléyade de guita-rristas que comienza en Sor. Desde niño mostró gran afi-ción a este instrumento, que empezó a cultivar en Torroe-11a de Montgri (Gerona), su patria. Lo siguió cultivandoen Barcelona y se perfeccionó en Valencia al lado delinsigne maestro valenciano Pérez Gascón, que le enseñóel contrapunto, y le inició en la música clásica.

Este hombre es un Barbero sublime, exclamó Rossinicuando oyó por primera vez a Costa. En efecto, no sóloposeía el mecanismo de ejecución que admiraban todoslos que le oían, sino que superaba a los principales y másafamados guitarristas de su tiempo en la composición, enel arte especial de hacer música adecuada a los medios delinstrumento que cultivaba. Amaba al género clásico por-que cultivaba el instrumento para, y no para el vulgo.Huerta, Cano y Arcas fueron guitarristas geniales y ava-salladores; Costa fué un maestro. Era ciego partidariode Sor y esto lo explica todo: era el Sor redivivo de laguitarra que se había asimilado todas las creaciones, estees el nombre, del insigne autor catalán, el más famosoy encumbrado guitarrista que hayan visto jamás los tiem-pos. Costa poseía, como Sor, aquella solidez de estudiosque avaloran la obra del compositor, aquel dominio de laarmonía y aquel gusto ilustrado en materias que sólo seadquieren bebiendo en las fuentes prístinas de ios clási-cos. Buen testigo de lo que esas condiciones de Costallamaban la atención de las personas inteligentes, son elelogio sintéticamente humorístico de Rossini, los sendosartículos que Peña y Goñi dedicó a algunas de sus com-posiciones, y los plácemes públicos y privados que me-reció a su íntimo y buen amigo el maestro Eslava, unode los más fervientes admiradores de nuestro biografiado.Bravo ¡muy bien! solía decir Eslava:Es usted unartista completo. No hay en el mundo un instrumento quepueda decir estas notas cual la guitarra. ¡Pero éstoañadía ha de ser la guitarra por Vd.! Si bien decli-naba Costa la última parte del elogio, no rechazaba laprimera. La pasión por aquel instrumento rayaba en fa-natismo. Si no podía tener a mano una guitarra de Pagéso de Altimira, cogía la de un barbero. Odiaba el pianosobre todo el de café y de la tertulia casera.

Ni del aventajado concepto que de sus obras formabanlos maestros, ni las instancias reiteradas con que editoresespañoles y extranjeros le asediaban para que diese a luzsus concepciones, eran parte a sacarle de la negligenciao desidia en que ordinariamente vegetaba. Con sólo publi-car los varios estudios que compuso y que él ejecutabacon ese entusiasmo y cariño a que no se presta la obraajena, Costa hubiese ocupado brillante y envidiable puestoentre los primeros compositores de guitarra. Sus estudiosno brotaban al azar sino después que sus ideas estabanya caldeadas en su fantasía: revestían la corrección, lasencillez, pureza y armonía que exige el estético preceptoy se hallaban siempre vaciados en el molde clásico. Sussinfonías, sus reverie, todas sus composiciones, en una pa-labra, giraban sobre motivos de corte verdaderamente ori-ginal y hallábanse revestidas de un moderado eclecticismomusical que le obligaba a desechar lo mismo los cantá-biles desnudos, que los que oprimen el concepto bajo lapesadumbre armónica.

Su indiscutible negligencia y un temperamento por de-más extraño fueron verdaderamente ataduras a su genio.Costa era un enigma viviente. Pudiendo figurar entre losmás aventajados artistas, jamás empleó el más leve esfuer-zo para brillar en sus filas, bien como si la gloria, el re-nombre y el aplauso fuesen para él harto vulgares; mu-rió, casi oscuro, a los 54 años, en la villa de Torroellade Montgri, habiendo vivido en Madrid por espacio de25 años. Pudo ser llevado a las regiones de la famapor su indisputable mérito y elogiado ñor los cien ecosde la prensa, v rara vez apareció su nombre en las co-lumnas de un periódico. La alabanza del vulgo le po-nía enfermo pero le mataba el elogio vano de la gace-tilla. Huía de los honores lo mismo que del elogio. Y,sin embargo, ¿qué mejor elogio del gran valor de Costa quelas escasas composiciones que dió como a regañadientesa la publicidad? Esta productividad genial es todo lo queha quedado de Costa. Pero quien no tuvo la suerte deoir la guitarra pulsada por Costa, el que no oyó aquellascomposiciones interpretadas por Costa, no podrá darsecuenta del mérito de aquella producción genial: allí estála nota descarnada pero no el espíritu de Costa que su-blimaba y daba vida a aquellas creaciones hijas de sugenio sin par.

Hasta ahora hemos copiado lo que nos dice su íntimoamigo José Comas Galibern en la "Revista de Gerona delaño 1881. En notas que copiamos de F. Pedrell nos diceque posee una colección de 6 Pezzi per Chitarra, di Giu-seppe Costa, editada por L. Lucca, de Milán.

Contiene esta colección:

1) Grande Andante de la Cuarta Sinfonía de Men-delsshon, dedicado a D. Hilarión Eslava.

2) Fantasía brillante sopra motivi della Traviata.

3) Giulia, Reverie brillante, dedicada a la notabilísimadilettante Sig. Giulia Blasquez de Morata,

4) Durette, Valzer andantino facile e brillante,

5) Plegaria composta dal Sig. llario Eslava. (Es unatranscripción de una de las Elevaciones del Musco orgá-nico, de Eslava).

6) Studio facile e brillante, dedicado al Teniente Ge-neral D. Narciso de Ametller.

He citado (nos dice Pedrell) esta colección porque alfrente de la misma figuran una Avvertenza, una nota au-tógrafa puesta al pie del ejemplar que poseo y escritade puño y letra del mismo Costa, y a continuación unacarta a D. Hilarión Eslava, que merecen ser conservadasporque nos revelan algo de la técnica del guitarrista yde sus ideas y finos gustos ilustrados como artista.