medio, le valieron al pulcro instrumentista, éxito y re-nombre.
GÓMEZ MARTIN, Vicente. —Ver Espinel.
GÓMEZ PARREÑO, Florencio.—Notable poeta, y guita-rrista amateur. En el año 1840 residía en Madrid. La re-vista musical ‘‘El Anfión Matritense”, n.° 8, nos dice ha-ber recibido de Gómez Parreño un “Vals” original paraguitarra, de su composición, y un coro de la ópera, ElBarbero de Sevilla”, transcripción de grandes vuelos, he-cha por él. También vemos en la misma publicación, n.° 11,perteneciente al 19 de Marzo de 1843, una hermosa poesíatitulada, “A Zelmira”, que dedica, a ésta su discípula,"Por sus adelantos y feliz disposición en la guitarra”. Através de este canto poético está el artista culto y ver-sado en la historia de su instrumento. Un estudio inéditoen LA mayor, de Gómez Parreño, figura en nuestra colec-ción de obras para guitarra; otra obra original titulada,“Los elegantes de Madrid”, le fué publicada, hallándosea últimos del siglo pasado en la ”S. A. Casa Dotesio”,de Madrid. La autoridad guitarrística de Gómez Parreñodebió ser mucha, cuando a su opinión recurió el célebreD. Aguado, con motivo de la creación de su trípode, opi-nión que tomó al que nos ocupa y a su amigo F. Sor.Dice Aguado en su Apéndice de la edición de 1849: Sec-ción I, Cap. II. Art. 2.°: “Mi apreciado amigo D. Flo-rencio Gómez Parreño, Abogado, buen aficionado a laguitarra, no satisfecho con el parecer anterior de Sor, re-lativo a la utilidad del Trípode, ha hecho él mismo laexperiencia, y después de juiciosas observaciones sobre suuso, es en el día el mayor entusiasta de este mecanismo,porque no sólo le facilita, dice, la ejecución de toda clasede pasajes, sino que la confianza que le inspira la fija-ción de la guitarra ensancha el ámbito de su imaginación(que por cierto es fecunda), sugiriéndole ideas y efectospropios de este hermoso instrumento, y cree que no po-dría producir éstos sin el auxilio del Tripode. Y ya quehablo de este amigo mío y distinguido aficionado, diré quehoy día no conozco quien más gracias haya descubiertoen la guitarra, como se advierte en sus composiciones, es-pecialmente cuando a él se le oyen”. El gran concertistade guitarra, Tomás Damas, también tenía un elevado con-cepto guitarrístico de Gómez Parreño, que expresó envarias oportunidades dedicándole su obra titulada "El So-litario” (Tema con variaciones). Según nos dice Saldonien su Diccionario, T.° IV, P. a 126, también fué GómezParreño compositor de obras para orquesta. Aparte de otroscargos públicos que ejerció, en el año 1877 estaba device-presidente de la Diputación provincial de Madrid.
La erudicción de Gómez Parreño, además de guitarristaamateur, la demostró en las letras. Incluimos la siguientepoesía dedicada a una de sus discípulas:
A ZELMIRA
Por sus adelantos y feliz disposiciónen la guitarra.
Venturosa mortal, hija de Apolo,
Zelmira bella, ven: dame tus sienesDe mirto coronar y fresca rosa:
Orne el verde laurel tu frente hermosa,
Y del Huymeto la azucena puraA tu numen excelso grata ofrendaCelebre otro en buenhoraDe la lira de Orfeo el son canoro:
Otro a Safo celebre si suspira:
Cante otro de Marón, cítara de oro:
Yo el genio armonioso
Que felice atesoras
Celebro al son de mi olvidada lira.
¿Quién, Zelmira admirable.
Quién el secreto, dime, te ha enseñadoDe hacer sentir y hablar a los sonidos?¿Quién ese delicadoPulsar te dió las cuerdas vibradorasDe difícil guitarra,
Y el herir tan suave,
Que el que escuchaste logra,
Al contemplar atento el eco dulceQue en su oído atónito resuena,
Con innato poder e irresistibleEl alma le embriaga y le enagena?
Del gayo colorín a los gorjeosEnternecerse miro el bosque umbroso:
Absortas a las Driadas reparo:
A Arminta veo que el redil descuidaContemplando en su voz triste el quebrantoAl labrador observo que sencilloSuspende su labor si cantar le oye,
Y al murmurante arroyo
La corriente parar por escucharle.
¿Qué es, empero, su cántico y dulzura,
Ni qué son sus primores
A la par del encanto
Con que conmueves tú los corazones,
Con que almas arrebatas... si al desgaire
Tu vencedora mano
Hiere las cuerdas aunque sea al aire?
Yo te vi ¡cuántas veces!
La guitarra tomar, y hacia su mástilTu vista algo inclinada,
Acordes mil preludiar graciososA tu genio sublime abandonada.
Del espresivo y malogrado Urcullu,
Del tierno Sor paréceme te escuchoLindas composicionesLlenas de novedad y de armoníaOra del admirable
Y difícil Aguado otros estudiosEjecutar te siento con finura;
Mostrando en la limpieza con que venceObstáculos tu mano delicada,
Eres hija de Apolo predilecta,
Y que te acordó el cieloUna imaginación privilegiada.
De Urcullu, Sor y Aguado la armoníaMi espíritu extasía;
Mas ¡cuál goza el alma,
Y qué nuevo placer siente mi pechoCuando eres tú su intérprete divino!. . .
Si arrastres haces, tú del fortunadoQue a oirte el corazón arrastras.
Si ligados, su pecho ya abrasadoA tu dominio, cual te place, ligas.
Si vibraciones, si trinados haces,
Confusa el alma del oyente dejas.
Si armónicos suaves ejecutas,
En deliquio la embriagas amoroso.
Si. . . ¿mas adonde, a do mi fantasíaAtónita me lleva? Las pasionesMueves a voluntad: nada resisteAl mágico poder de tu guitarra.
Yo también la pulsé. . . que un tanto amigaConmigo se mostró divina Euterpe;
Nunca empero cual tú. . . Tus raudos dedosHieren los vientos seduciendo el alma,Mientras el rubor de tu nevada frente,