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Mientras tu seno virginal seduceNuestros ojos también; gentil Zelmira.
De tu guitarra al eco los amores,
Las gracias y el placer juegan en torno:
Su ser olvida extático el oyente,
Y elevado se juzga allá a una esfera
En que admira tu ciencia y tu hermosura,
Y en que como a su dios te considera.
Yo también la pulsé... y pues que el cieloUn pecho me otorgaraA tu virtud sensible y tus primores,
Siquiera el más menguadoDe tus admiradores,
Para siempre te dejo consagradosMi citara, mi voz y mis amores.
Florencio Gómez Parreño.
(Autor).
Publicado en “El Anfión Matritense" N.° 11, en Madridel domingo 19 Marzo del año 1843.
GÓMIZ COLOMER, José Melchor Diego.'—Nació en Onte-niente, Valencia, el 6 de Enero de 1791.
A los ocho años entró de infantillo en la Catedral deValencia, cuya capilla dirigía el célebre maestro catalánJosé Pons, que tanta fama adquirió por sus villancicos ymúsica descriptiva. La disposición natural de la músicay expansivo carácter del joven, cautivaron al sacerdotePons, de tal suerte, que se lo llevó a su casa, y a loscatorce años de edad lo nombró profesor de aquella es-cuela, cargo que conservó hasta la muerte de su protec-tor, acaecida en Agosto de 1818; esto fué un rudísimogolpe para Gómiz. (En la fe de bautismo este apellidoestá con la última letra del abecedario). Recordando elconsejo que en los últimos momentos le diera su maestro,se dedicó con ahinco al estudio de los archivos musicalesde la Catedral y de algunos conciertos de Valencia, pro-porcionándose recursos para la vida, dando lecciones deguitarra, instrumento que amaba y con el cual se delei-taba en la intimidad. Para ella escribió múltiples cancionesconservadas hasta poco antes de morir su comprovincianoel músico Salvador Giner y Vidal. En esta época escribióun “Método de solfeo con acompañamiento de guitarra”,consta de 372 páginas, anotando la numeración en las pa-res hasta 186; su tamaño 15x10, apaisado, en manuscri-to original. Este interesante libro llegó a nuestro poder porel camino que siguen la mayoría de las reliquias que contanto cariño se guardan. Si este método se editase, cree-mos sería un galón más para la guitarra. Para ésto, loofrezco. Consta de 163 Lecciones, en todos los tonos,compases y, claves, claro, la guitarra siempre en clave deSOL. También tengo a la vista una “Tirana" para guita-rra y canto, original de Gómiz Colomer, la que fué edita-da en Londres por T. Boosey y Cía., 28, Holles Street,interesante documento desde el doble punto de vista his-tórico y folk-lórico. La biografía de Gómiz se halla entodos los diccionarios de alguna importancia. Recordaréque fué autor de las óperas “La Damné”, “Le Diable áSeville”, “Le Revenant” y ocho más, añadiendo cuarte-tos y otros de género distinto. Tiene un método de solfeo,publicado en París, considerado por muy notable. Fuépensionado por el gobierno francés, figurando su retratoen la galería de los grandes maestros, en la Opera Có-mica, de París. Falleció en esta última capital, el quefué buen amigo de Rossini, Berlioz y otros, el 4 de Agos-to de 1836.
Después de su fallecimiento, M. Viardot, uno de los másprestigiosos escritores franceses, se expresó así en el pe-riódico “Le Siécle”: “El elogio de Gómiz sería bien in-
completo, si se limitase a sus obras. Al admirar al artista¿podría uno dejar de amar al hombre? Apelo a cuantos lehan conocido. Con aquella imaginación ardiente, viva,llena, no de recuerdos como otras muchas, sino de ideaspropias, Gómiz tenía una inteligencia llena de fuego y delas más felices ocurrencias. Su conversación era originaly picante, como sus composiciones. Tenía además una almahermosa, noble y tierna; era altivo sin menosprecio, gene-roso sin apariencia, sensible, servicial y reconocido; hom-bre de una rectitud inalterable, de una franqueza sin igualque sorprendía al pronto y hería quizás a las almas mez-quinas, pero que pronto reducía y se hacía estimar comouna cualidad preciosa y rara. Gómiz no ha hecho, nidicho, ni pensado mal; era bueno en toda la extensión deesta palabra que se ha hecho demasiado común, y si notuvo más que un pequeño número de amigos, pues vi-vía lejos del mundo y satisfecho con la casa de Sócrates,al menos estaba seguro de ser querido tiernamente poréstos, y de vivir mucho tiempo en su memoria”.
GÓNGORA-ARGOTE, Luis.—Célebre poeta español. Na-ció en la bella Córdoba el 11 de Julio de 1561. FranciscoArgote, corregidor de Madrid y otras ciudades, — biendistinguido y apreciado en leyese fué padre de Gón-gora. ¿Por qué no se llamó Argote el que nos ocupay adoptó el apellido de su madre, Góngora, Leonor? De-jemos la dilucidación de este interrogante, a los histo-riadores de la literatura, que tal vez, nos pongan al tantode muchas cosas de su vida familiar. Recordemos, única-mente, que se ha repetido el caso de Espinel (ver), Mar-ciano (ver “El...), etc.
Góngora, el divino, “que en el camino del buen gustonadie le. aventajó en ingenio”, como poeta siempre brilla-rá entre los grandes exponeptes de todos los tiempos.Fácil es decir ésto, por lo mucho y mejor que ya se hadicho; basta dar una ojeada al tomo XXXII de la “Bi-blioteca de Autores Españoles”, de Rivadeneyra, paraverlo en toda su amplia personalidad poética. Agregare-mos, los amantes de la guitarra, que muchas de sus bellaspoesías tuvieron una directa inspiración en la guitarra, ¡ycuántas veces no había exteriorizado un particular estadode ánimo en el cordaje del instrumento, antes que lo es-tampara en las metáforas de sus poemas!
Francisco A. de Icaza, el talentoso poeta mexicano,registrando varios códices de la "Biblioteca Nacional deMadrid”, encontró entre varios poemas del maravillosocordobés, unos folios, con notación cifrada del siglo XVII,moviendo más la curiosidad de Icaza. Ya sabemos queGóngora fué a Salamanca a estudiar música y esgrima, ycon el aporte de este dato, el escudriñador mexicano en-contró en dicha Biblioteca, en un manuscrito registradocon el N° 4118, folio 433 del códice tras de una hojaen blanco, tres obras: “Jácara”, "Gallarda” y “Ronde-ña”, que fueron puestas en notación moderna por el mis-mo que trasouso las de vihuela, de Milán, el musicógra-fo Lorenzo González Agejas. Se le culpó a Góngora, anteel obispo de Córdoba, ^y sirva esta acusación de nuevoejemplo, — de vivir “muy a lo mozo”; concurrir a fiestastaurinas en la Plaza de la Corredera, y escribir coplasnara comedias, las que seguramente él hacía saborear"dentro de mi casa donde vienen como a la de cuantoshombres honrados suelen, y más a la mía por ser tanaficionado a la música”. Esta propia declaración afirmatodo lo dicho, y aquí encontramos, en éstas sus cuartetas,al ejecutante:
“En mi aposento. . .
Una guitarrilla tomo,
Que como barbero templo
Y como bárbaro toco”.