Buch 
6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
Entstehung
Seite
28
JPEG-Download
 

MONUMENTOS ARQUITECTÓNICOS DE ESPAÑA .

Era esta indudablemente una importación de origen oriental, á quecontribuyó tal vez el contacto de los Imperiales con los persas sassanidas,conservadores de los flecos y caireles de costosa pedrería que desde lostiempos primitivos fueron arreo característico de los ninivitas y persepoli-tanos. Pero á decir verdad, no encontramos en los monumentos del BajoImperio, es decir, en los dípticos y mosaicos griegos, ejemplos de haberestado los clamasterios, ó cataseista, repartidos con toda regularidad éigualdad por la circunferencia de la corona, como se ve en estas de Guar-razar y en tantas otras que nos muestran los antiguos códices del Occi-dente. Todo, por el contrario, nos induce á creer que los clamasterios de lacorona ó esterna bizantina, al ménos miéntras ésta no estuvo ofrendada,conservaron la disposición originaria de la infida griega, cayendo sólo porambos lados y dejando despejada la parte anterior, como se advierte enuna estatua de Isis del Vaticano, y en otras de Vestales y Sacerdotisas.¿Cómo, siendo de forma esencialmente bizantina las coronas que estamosestudiando, difieren sin embargo de las que les sirvieron de modelo, encuanto á la disposición de los clamasterios?

Parécenos no ofrecer gran dificultad esta cuestión. Hay que distinguirlo esencial y sustancial de lo puramente accidental ó accesorio: lo esen-cial es en la corona bizantina llamada stemma estar formada por un aro,regularmente cilindrico y de igual altura en todo su cerco, exornado conpiedras preciosas; lo accidental en ella es hallarse ó no un tanto ensan-chada por su borde superior, ser de este ó del otro color su oro ó suesmalte (cuando es esmaltada), hallarse ó no cerrada, tener ó no sus cla-masterios dispuestos en ínfulas ó repartidos uniformemente á manera deguarnición ó fleco. Ahora bien, la corona del rey visigodo pudo habertenido sus clamasterios en forma de ínfulas ántes de ser ofrendada, estoes, cuando se verificó la ceremonia de su consagración y coronación, yhaber después obtenido la transformación por virtud de la cual quedarondichos clamasterios repartidos con regularidad por todo el cerco inferiorpara que sobre el altar donde había de lucir produjese mejor efecto. Yaen esta nueva disposición, y provista ademas en su cerco superior de lasanillas por las cuales había de quedar enganchada y suspendida, no nece-sitaba recobrar su primera forma para servir en las doce solemnidadesreligiosas durante las cuales, como dejamos ya explicado, el metropolitanooficiante la descolgaba del altar y la ponía sobre la cabeza del monarca,porque seguramente llevaría éste, ó se lo pondrían para el acto, un birreteó tocado que supliese al forro de la esterna , y mediante el cual la coronaquedaría á bastante altura para que los arambeles no le cayesen por de-lante de los ojos. No se nos ocurre comprobarlo con documento algunográfico ni literario, y áun parece dudoso que semejantes documentosexistan, porque no solian descender á estos pormenores los antiguos es-critores, iluminadores y mosaicistas; pero no faltan fundamentos paraesta conjetura nuestra. En primer lugar, ha de observarse que las franjasó colgantes de metales preciosos y pedrería en todos los objetos del in-dumento de una persona constituida en alta dignidad, léjos de parecerridículos á los orientales, y á los que imitaban sus usos y costumbres, comosucedía á los Visigodos, eran á sus ojos signos de nobleza y majestad.Debe asimismo tenerse presente que los antiguos sabían colocar con graciay habilidad estos objetos adornados de caireles y clamasterios, por lo cuales de suponer que el problema, embarazoso para nosotros los occidentalesmodernos, de ceñir la cabeza de un emperador ó rey con una corona llenade colgantes, había de ser para ellos cosa sencillísima y de un resultadodel todo favorable á la dignidad y grandeza del coronado 1 . Ademas deesto, el verbo offeret , en futuro (esto es, ofrecerá ú ofrendará ), de la le-yenda que forman los clamasterios de la corona de Recesvinto , clara-mente da á entender que con esta esterna ceñía el metropolitano la cabezadel rey en las llamadas cuñas pascuales ó curias coronadas , imitando elrito bizantino; dado que cada vez que el monarca era despojado de ellapara que volviese al altar 2 , se reiteraba, digámoslo así, el acto piadoso dela ofrenda, la cual había de seguir repitiéndose en lo futuro miéntras aquél

1 Grande aceptación debieron tener en Oriente los clamasterios de pedrería colgando sobre la frente, cuandoIsaías los enumera entre los joyeles de que más se envanecían las hermosas hijas de Sion, á las cuales anun-ciaba que por sus pecados serian despojadas de ellos. «En aquel dia (exclama en el cap. III de su profecía)»les quitará el Señor el adorno del calzado y las lunetas (lúnulas), y los collares y los brazaletes, y las mi-criólas, y los partidores del cabello y el adorno de las piernas (periscelidas) , y las cadenillas ( murenulas ) y»los pomos de olor, y los zarcillos ( inaures ), y los anillos, y los clamasterios que cuelgan sobre la frente

»(GEMMAS 1NFRONTE PENDENTES), etC.»

2 Téngase presente lo que dejamos ya dicho, pág. 20, acerca de esta ceremonia, en que no han paradosu consideración los eruditos arqueólogos que nos han precedido en la interpretación del uso de las coronaspensiles.

Sans aucun doute cétait une importation dorigine orientale, causéepeut-être par les rapports des Impériaux avec les persans sassanides,conservateurs des garnitures en franges, et dont les pierreries étaient dungrand prix; ces garnitures furent depuis les temps primitifs la parurecaractéristique des ninivites et des persépolitains. Mais à vrai dire, nousne trouvons pas dans les monuments du Bas-Empire, cest-à-dire, dans lesdiptyques et dans les mosaïques grecs, dexemple de pendeloques distri-buées avec toute régularité dans la circonférence de la couronne, commeon les voit dans celles de Guarrazar, et dans bien dautres que nousmontrent les anciens manuscrits de lOccident. Tout, au contraire, nousporte à croire que les pendeloques de la couronne ou bien du stemmabyzantin, du moins avant que celui-ci ne fût consacré comme offrande,conservèrent la disposition originaire de Yinfula grecque, en tombantseulement des deux côtés et laissant la partie antérieure libre, commeon le remarque dans une statue dIsis du Vatican et dans dautres de Ves-tales et de Prêtresses. Gomment donc se fait-il que les couronnes quenous étudions, et dont la forme est essentiellement byzantine, diffèrent ce-pendant de celles qui leur servirent de modèle, quant à la disposition despendeloques?

Il nous semble que cette question présente peu de difficultés. 11 fautdistinguer ce qui est essentiel ou substantiel, de ce qui est accessoire oupurement accidentel. La partie essentielle dans la couronne byzantine,appelée stemma , est dêtre formée par un cercle généralement cylindriqueet dune hauteur égale dans son pourtour, orné de pierreries; lacciden-tel dans cette couronne consiste en ce que le bord supérieur soit ou nonun peu élargi; que la couleur de lor ou de lémail varie; quelle soit ounon fermée; que ses pendeloques soient ou non disposés en infulœ ou dis-tribués uniformément comme une frange. Eh bien, la couronne du roivisigoth put avoir ses pendeloques sous forme à'infulce avant dêtre offer-te, cest-à-dire, lors du sacre et du couronnement, et en avoir obtenuaprès la transformation en vertu de laquelle les pendeloques furent distri-bués avec régularité par tout le cercle inférieur afin quelle produisit unmeilleur effet sur lautel elle devait être placée. Dans cette nouvelledisposition, et munie en plus sur son bord supérieur danneaux qui de-vaient servir à laccrocher et à la suspendre, la couronne navait plusbesoin de recouvrer sa forme primitive pour servir dans les douze solen-nités religieuses pendant lesquelles, comme nous lavons dit plus haut,le célébrant métropolitain la détachait de lautel et la posait sur la tête dumonarque; car assurément le roi portait, ou on lui posait pour la cérémo-nie, un bonnet ou une coiffure quelconque qui remplaçât la doublure dustemma , et au moyen de laquelle la couronne restait placée assez haut pouréviter que les pendeloques lui tombassent sur les yeux. Nous ne citeronspas à lappui de cette induction des documents graphiques ou littéraires;il nous semble même douteux quil en existe, car les anciens auteurs nen-traient pas dans ces détails; mais il ne manque pas de raisons pour notreconjecture. Il faut premièrement observer, que les franges ou festonsen métaux précieux et en pierreries dans lhabillement des grands dig-nitaires, loin de paraître ridicules aux orientaux et à ceux qui imi-taient, comme les Visigoths, leurs mœurs et coûtumes, étaient pour euxdes signes de noblesse et de majesté. On doit aussi remarquer, que lesanciens arrangeaient ce genre dornements avec beaucoup de grâce etdhabileté; raison pour laquelle il faut supposer que ce problème, embar-rassant pour nous-autres les occidentaux modernes, de ceindre la têtedun empereur ou dun roi dune couronne garnie de festons, était poureux chose facile, et dun résultat tout-à-fait favorable à la dignité et à lagrandeur de la personne couronnée 1 . En plus, le verbe offeret au futur,(cest-à-dire, il offrira ou fera une offrande) de la légende formée par lespendeloques de la couronne de Recesvinthe, prouve clairement que lemétropolitain ceignait avec ce stemma la tête du roi dans les cérémoniesappelées curioc paschales ou curice coronatœ , selon le rit byzantin, attenduque, chaque fois que le monarque était dépouillé de la couronne pourquelle retournât à lautel 2 , il réitérait, pour ainsi dire, la cérémonie re-ligieuse de loffrande, et la renouvellait pendant sa vie douze fois tous les

1 Lacceptation des pendeloques en pierres précieuses, pendant toujours sur le front, dut être grande enOrient, à en juger par Isaïe, qui en fait mention parmi les joyaux précieux comme dune des plus riches pa-rures choisies par les belles filles de Sion, en leur annonçant quelles en seraient dépouillées à cause de leurspéchés. «En ce jour- (dit-il dans le ch. III de sa prophétie) le Seigneur leur ôtera lornement de la chaus-»sure, et les lunules, et les colliers, et les bracelets, et les mitres, et les épingles à cheveux, et les orne-»ments des jambes, et les chaînettes, et les flacons dessences, et les boucles doreilles, et les anneaux, et les» pendeloques qui ornent sur le front (gemmas in fronte pendentes), etc.»

2 Que lon noublie pas ce qui a été dit, page 20, au sujet de celte cérémonie, sur laquelle les savantsarchéologues qui nous ont précédé ne se sont pas arrêtés, pas même pour expliquer lemploi de ces cou-ronnes.

A 12

323 foj.