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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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MONUMENTOS ARQUITECTÓNICOS DE ESPAÑA .

y originalmente combinados en ese motivo sin nombre propio, pero per-ceptible do quiera, durante todo el curso de la Edad-Media , entre visigo-dos, árabes, carlovingios, románicos españoles y francos; pero lo mismoque vinieron á Europa con la gran marejada bizantina del período romá-nico, habian venido ya á nuestra España visigoda, y á nuestra España árabe; así que somos quizá la única nación del Occidente que cita desdeel siglo YII ejemplares de obras de arte suntuario ú ornamental animadascon esa misteriosa flor ú hoja: interpretación libre y galana de una plantasimbólica,sea el yaro, sea el nenúfar, sea el lirio ó íride silvestre, sea otraplanta cualquiera de la familia de las yaroideas, ó de otra familia,cuyosignificado es aún para nosotros un arcano. La presencia de este lindomotivo vegetal comunica como si dijéramos cierto perfume del Oriente álas joyas del Tesoro que describimos, y á los fragmentos de frisos y capi-teles, jambas y cornisas, de todas las ruinas de basílicas y demas construc-ciones visigodas que en el mismo llano de Guarrazar, en Toledo y enMérida , asoman cada dia á la superficie de la tierra ó descubre el ojo in-vestigador del arqueólogo perdidos entre otras construcciones. El mismoperfume del Oriente se percibe en los peregrinos códices iluminados denuestros antiguos cenobios hispano-godos ; y el mismo también en las pere-grinas creaciones arquitectónicas del arte árabe-bizantino. ¿Y qué se de-duce de todo esto? Que por muy ingeniosa que sea la explicación delrespetable M. Viollet-le-Duc sobre el origen de ese motivo vegetal, gene-rador de la flora románica más usual y bella, su sistema podrá ser ver-dadero limitado á las provincias francesas donde primero se desarrolló elarte románico, pero es insostenible aplicado á los países donde desde muyantiguo era practicado el arte ornamental bizantino. Alardean en verdadde agudo ingenio este docto autor y el erudito M. Woillez, á quien sobreesta materia cita 1 , esforzándose en hacer bien perceptible la idea de quequizá haya todo un simbolismo de tradición pagana en esa flor románicaque bajo la forma idealizada de las plantas yaroideas, recuerda el retoñarde la vegetación en la primavera, el despertar de la naturaleza, y la im-perecedera renovación de la potencia generadora.

Debemos terminar las consideraciones que hemos acumulado parademostrar la diferencia radical que existe entre el estilo ornamental denuestras coronas y cruces visigodas y el que lleva el nombre de nordo-germánico , reproduciendo por vía de resúmen los elocuentes párrafos queM. Labarte por su lado consagra al propósito de evidenciar las analogíasque el arte de los Bárbaros presenta en todos los países septentrionales in-vadidos en el siglo V por aquellas razas. Con esto responderémos á la ob-jeción que pudiera hacérsenos de que acaso, fuera de la región escandina-va, el arte suntuario germánico presentaría otros caractères. Proponíase elcitado arqueólogo una tarea semejante á la nuestra, esto es, hacer resaltarlas diferencias que hay entre los objetos de procedencia bizantina halladosen Tournai en la tumba del merovingio Childerico , y los otros objetos dearte bárbaro encontrados en los sepulcros del Y, YI y YII siglo; y sin ha-cerse cargo de esas interesantísimas muestras de la orfebrería escandinava que el Museo de Stokolmo ofrece á la consideración de los cultivadores dela historia del arte ! suntuario, con sólo analizar los objetos de la mismaépoca descubiertos en otras partes, y áun sin poner de relieve, como nos-otros hemos creido deberlo hacer, la diferencia sustancial que separa unade otra las dos ornamentaciones nordo-germánica y bizantina, á saber, laausencia de todo elemento phytomórphico en aquella, y la presencia enésta de la garbosa flor de lis, más ó ménos variada ; consigna descripcionestan semejantes á las nuestras, que no parece sino que ha tenido á la vistalos mismos objetos que nosotros hemos elegido como punto de partidapara definir el arte germánico puro. Unicamente discrepamos, en suponerM. Labarte que esos objetos del arte llamado bárbaro son toscos y rudos,y asentar nosotros, refiriéndonos al testimonio de Montelius, que son porel contrario manufacturas ejecutadas con gran delicadeza 2 .

1 Dictionnaire raisonné de 1' Architecture , etc., art . Floke.

2 Acaso Labarte y Montelius tienen tanta razón el uno como el otro, porque pueden muy bien ser másacabadas y perfectas las alhajas de la Edad-Media de hierro en la Escandinavia, que las que labraron los bár-baros en la Galia merovingia, sin embargo de presentar todas ellas las mismas formas, revelando un origencomún. Así en efecto nos lo persuade la comparación de las fíbulas, alfiler y chapas, de sepulcros de Douvrend yde Charnay, que ha publicado el arqueólogo francés en sus litocromías [Album, t. I, lám. XXXI), con las fíbu-las y chapas sacadas de los túmulos de Suecia que ha reproducido, esmeradamente grabados, Oscar Montelius .

Hemos dicho por otra parte que entre las joyas escandinavas hay unas que sirven de tipo del arte germá-nico puro, ó bárbaro, y otras en que se advierte desde el primer golpe de vista cierta influencia oriental. Estomismo sucede con las joyas de la época merovingia en Francia, Bélgica y Suiza : y es que las de tipo bárbaromás puro son obra de los invasores germanos, y las otras son debidas á artistas galo -francos.

me date. Nous croyons que Farum, liris et le nénuphar venaient déjà delOrient gracieusement et originalement combinés dans ce motif sans nom,mais visible partout, pendant le cours du moyen-âge, chez les visigoths,les arabes, les carlovingiens, les espagnols et les francs de lepoque ro-mane; mais que, avant quils vinrent en Europe avec la grande maréebyzantine de la période romane, ils avaient étalé leur beauté dans notreEspagne visigothique et arabe; en sorte que nous sommes peut-être laseule nation de lOccident qui puisse citer dès le VII e siècle des exemplai-res dœuvres dart somptuaire et ornemental animées par cette mysté-rieuse fleur ou feuille, interprétation libre et élégante dune plante symbo-lique,que ce soit larum, le nénuphar, liris ou toute autre plante de lafamille des aroïdées, ou dune autre famille,dont la signification est en-core pour nous un mystère. La présence de ce joli motif végétal commu-nique, pourrions-nous dire, comme une sorte de parfum oriental auxjoyaux du Trésor que nous avons décrit, et aux fragments de frises et dechapiteaux, de jambages et de corniches, de toutes les ruines de basiliqueset de constructions wisigothiques qui dans la plaine même de Guarrazar,à Tolède et à Mérida , se montrent chaque jour à la surface de la terre,ou que lœil investigateur de larchéologue va découvrir comme égaréesau milieu dautres constructions. Ce même parfum oriental se perçoitencore dans les curieux manuscrits à miniatures de nos antiques mo-nastères hispano-goths, et dans les singulières créations architectoniquesde lart arabo-byzantin. Que déduire de tout cela? Que quelque ingé-nieuse que soit lexplication de lhonorable M. Viollet-le-Duc sur loriginede ce motif végétal générateur de la flore romane la plus usité et la plusbelle, son système, pour être vrai par rapport aux provinces françaises, lart roman se développa dabord, nest pas moins insoutenable appli-qué aux pays lart ornemental byzantin était pratiqué dès les tempsles plus anciens. Ce savant auteur, et lérudit M. Woillez quil cite à cepropos 1 , font preuve, vraiment, dune grande vivacité desprit en seffor-çant de démontrer quil y a peut-être tout un symbolisme de traditionpaïenne dans cette fleur romane qui sous la forme idéalisée des plantesaroïdées, rappelle le mouvement de la végétation au printemps, le réveilde la nature, et le renouvellement impérissable de la puissance génératrice.

Nous devons terminer les considérations que nous avons accumuléespour démontrer la différence radicale qui existe entre le style ornementalde nos couronnes et croix visigothes, et celui qui porte le nom de nordo-germanique, en reproduisant, en manière de résumé, les éloquents para-graphes que de son côté M. Labarte consacre à mettre en évidence lesanalogies que présente lart des barbares dans tous les pays du Nordenvahis au V e siècle. De cette façon nous répondrons à lobjection quonpourrait nous faire, quen dehors de la région Scandinave lart somp-tuaire germain a peut-être présenté dautres caractères. Get archéolo-gue se proposait une tâche semblable à la nôtre, cest-à-dire, faire res-sortir les différences entre les objets de provenance byzantine trouvésà Tournai dans la tombe du mérovingien Childéric, et les autres objetsdart barbare découverts dans les tombeaux des V e , VI e et VIT siècles; etsans soccuper des intéressants échantillons de lorfèvrerie Scandinavequoffre le Musée de Stockholm à la considération des investigateurs delhistoire de lart somptuaire; rien quen examinant les objets de cette épo-que découverts sur dautres points, et sans mettre en relief, comme nousavons cru devoir le faire, la différence essentielle qui sépare lune de lautreles deux ornementations nordo-germanique et byzantine,savoir, labsen-ce de tout élément phytomorphique dans celle-, et la présence dans celle-ci de lélégante fleur de lis plus ou moins variée,il est arrivé à donnerdes descriptions tellement semblables aux nôtres, quon dirait quil avaiteu sous les yeux les mêmes objets que nous avons choisis comme point dedépart pour définir lart germanique pur. Nous ne différons quen un seulpoint: ainsi M. Labarte suppose que ces objets de lart appelé barbare sontgrossiers et rudes, tandis que nous établissons, daprès le témoignage deMontelius, quils sont au contraire exécutés avec une grande délicatesse 2 .

1 Dictionnaire raisonné de Varchitecture, etc., art . Floke.

2 Peut-être Labarte et Montelius ont-ils raison autant lun que lautre, car les bijoux du moyen-âge defer dans la Scandinavie peuvent très-bien être plus achevés et plus parfaits que ceux des barbares dans laGaule mérovingienne, tout en présentant les mêmes formes, et en révélant ainsi une origine commune. Ce quinous le persuade en effet, cest la comparaison des fibules, épingles et plaques des sépulcres de Douvrend et deCharnay qua publiées larchéologue français dans ses lithochromies [Album , t. I, pl. XXXI), avec les fibuleset les plaques tirées des tumuli de Suède quOscar Montelius a reproduit dans des gravures très-soignées.

Nous avons dit dautre part que parmi les joyaux Scandinaves, il y en a qui servent de type à lart ger-manique pur ou barbare, et dautres qui présentent au premier coup-dœil une certaine influence orientale.La même chose arrive aux joyaux de lépoque mérovingienne en France , en Belgique et en Suisse; cest queceux du lipe barbare le plus pur sont lœuvre des envahisseurs germains, tandis que les autres sont dûs à desartistes gallo-francs .

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