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Occidente en este ramo industrial, en algunas fugaces aseveraciones delos antiguos escritores. Según testimonio de Gregorio Turonense, á quiende seguro nadie tildará de depresor de la raza franca, era tanto el aprecioque hacían los Merovingios , desde el siglo Y, de las alhajas labradas porlos Visigodos, que una espada de puño de oro y pedrería trabajada enEspaña , y un talabarte ó cinturón de lo mismo, fueron reputados por loshijos de Gaddon rescate suficiente de su crimen para ofrecérselo como talá Ghilderico. Cierto que este rey no gobernaba aún una nación propia-mente dicha, un Estado en el verdadero sentido de esta palabra, sinomás bien un confuso agregado de tribus medio salvajes, entre las cualessobresalía la gente intrépida y feroz Franco-Sálica de Tournai, arrastradabajo el deslustrado cetro de Anthemio á comparecer ante los Genomanos,en las hermosas orillas del Loira , como una fiera ignorante de su fuerzallevada por un domador al público anfiteatro. Su hijo, el gran Glodo-veo, fué apénas verdadero rey, y estuvo muy distante de la cultura quevenian gozando los Visigodos desde Ataúlfo . Mucho se engañaría quiencreyese ver en él un monarca dotado del poder omnímodo según la an-tigua fórmula imperial: quidquid principi placuit , jux esto. Glodoveo noera más que el primer guerrero entre su gente, y así lo prueba el cono-cido suceso del vaso de Soissons 1 , y la respuesta que dió á San Remigio después de la victoria de Tolbiac, cuando instándole el santo obispo á quecumpliese su promesa de hacerse cristiano, «yo quiero recibir el bautismo,le dijo, pero al pueblo que me sigue no le agrada abandonar sus dioses, ynecesito consultarle.» Tampoco llevó este rey inculto más que como unjuguete deslumbrador las insignias de cónsul romano, que le envió Anas-tasio figurándose vanamente que con esto ponía bajo su dependencia alfiero conquistador de la Galia romana. Todo lo que brillaba en poder delos demás, lo codiciaba aquel bárbaro sin comprenderlo, y se lo apropiabacon impaciencia pueril. Acostumbrado á mirar á Dios como protector desus armas, no guardaba para sí todo el botín de que le hacían dueño susvictorias, sino que cedia la parte más considerable á las iglesias, las cua-les por sus continuas larguezas reunieron verdaderos tesoros de orfe-brería. Después de vencer y matar por su propia diestra en la batalla deVouillé á Alarico 11, rey de los Visigodos, se apoderó de sus riquezas.Alarico había heredado el buen gusto de su padre Eurico , y su afición álas alhajas de plata y oro y piedras preciosas, y fueron tantos los objetosde este género que encontró Glodoveo entre sus despojos, que tuvo parahacer pingües ofrendas á la mayor parte de los templos de París , seña-ladamente á los de los santos Martin é Hilario , á cuya intercesión atribuíasu triunfo.
No es probable que careciese de orífices aventajados, dada la generalinopia de aquellos tiempos, un rey tan venturoso en sus empresas, cuandosu padre, ménos afortunado, había logrado tenerlos. Al reinado de Ghil-derico, en efecto, pertenece el testamento de Perpetuo, obispo de Tours(muerto liácia el año 474), que legaba al santo prelado Euphronio unrelicario de plata, y á su iglesia otro relicario de oro, dos cálices delmismo metal, y una cruz, también de oro, obra del platero Mabuino 2 . Nisiempre habían estado atrasados en las artes del lujo los pobladores de lahermosa región que se extiende del Rhin al Pirineo : bajo la dominaciónromana, las Galias habían alcanzado gran reputación en la orfebrería. Lasciudades de Arles, Reinas y Tréveris tuvieron importantísimos talleres,de donde salían soberbios objetos para uso de los emperadores: tallerespuestos bajo la inspección de oficiales especiales que dependían del con-de del Erario del príncipe ( comes largitionum). Estas fábricas florecieronhasta las terribles invasiones ocurridas en las Galias en los primerosaños del quinto siglo, que no pudieron contener los Alemanes y Francospuestos por el Imperio como de antemural contra los Alanos y Vándalosprocedentes de la Dacia y de la Panonia . Juntamente con ellas, sucum-bieron las poblaciones de Maguncia , Wormacia, Arniens, Arrás, Tournai
1 Refiere San Gregorio Turonense que cuando los Francos derrotaron á Svagrio, gobernador de la Galia ro-mana, y se desparramaron por la región situada entre el Soma, el Oise, el Aisne y el Marne, deseoso Clodoveo de salvar á Reims, cuya iglesia gobernaba San Remigio , por quien tenia una verdadera veneración, dispusoque su hueste pasase de largo sin entrar en la ciudad ; pero habiendo penetrado en aquel templo algunos soldadosinsubordinados, robaron, entre otras alhajas, un vaso de plata de gran tamaño y singular belleza. San Remi-gio reclamó esta joya, y Clodoveo mandó á los enviados del obispo que le siguiesen hasta Soissons , donde élbaria que se la adjudicasen en el reparlo del botín, y luego se la cederia; pero al verificarse la distribución, unsoldado protestó, diciendo que el rey no tenía derecho á más de lo que le tocase en suerte, y golpeó el vaso consu francisca. Disimuló Clodoveo su resentimiento; pasó un año, y un dia de revista de su ejército, de las queacostumbraba á pasar, se paró delante de aquel soldado altanero que habia maltratado el vaso de Reims ; vióque sus armas estaban descuidadas, se lo echó en cara, y arrancándole de las manos la francisca, se la arrojóal suelo. Bajóse el soldado á recogerla, y entonces Clodoveo descargó sobre su cabeza un hachazo, diciéndole:«recibe el pago del trato que diste al vaso de Soissons .» Hist. Francorum, lib. II, cap. XXXVII; y Duchesnk,Hist. franc. script., t. I, p. 215.
2 Testam. Perpetui Tur. episc., ap. d'AcHERY, Spicil, t. V, p. 106.
par rapport aux autres peuples de l’Occident, sur des affirmations d’écri-vains anciens. Suivant le témoignage de Grégoire de Tours que personneassurément n’accusera de rabaisser la race franque, l’estime que les Mé-rovingiens depuis le V e siècle avaient pour les joyaux des orfèvres visigothsétait si grande, qu’une épée à poignée d’or avec pierres précieuses exé-cutée en Espagne , et un ceinturon du même genre, furent considérés suf-fisants pour être offerts à Childéric parles fils de Gaddon comme rançonde leur crime. Il est vrai que ce roi ne régnait pas encore sur une nationproprement dite, sur un Etat dans le vrai sens du mot, mais plutôt sur uneagglomération confuse de tribus à moitié barbares, entre lesquelles se dis-tinguait l’intrépide et féroce race Franco-Salique de Tournai , entraînéesous le sceptre flétri d’Antbémius à comparaître devant les Cénomans, surles belles rives de la Loire , comme une bête féroce ignorante de sa force estconduite par un dompteur dans un amphithéâtre public. Son fils, le grandClovis , fut à peine un véritable roi et vécut très-éloigné de la culture dontjouissaient les Visigoths depuis Ataulphe. On se tromperait beaucoup ens’imaginant ce monarque revêtu d’un pouvoir sans limites, suivant l’an-cienne formule impériale quidquid principi placuit , jux esto. Clovis nefut que le premier guerrier entre les siens, comme le preuve l’histoireconnue du vase de Soissons 1 et la réponse qu’il donna à Saint-Remiaprès la bataille de Tolbiac. Ce saint evêque le pressant de remplir sapromesse de se faire chrétien: «je désire recevoir le baptême, lui dit-il,mais il ne plaît pas au peuple qui me suit d’abandonner ses dieux, et j’aibesoin de le consulter. » Ce roi à moitié barbare ne porta que comme unhochet brillant les insignes de consul romain qui lui furent envoyées parAnastase lorsque celui-ci se flattait de mettre par ce moyen sous sa dé-pendance le terrible conquérant de la Gaule romaine. Ce barbare enviaittout ce qui brillait au pouvoir des autres sans le comprendre, et se l’appro-priait avec une impatience puérile. Habitué à voir en Dieu le protecteur deses armes, il ne gardait pas pour lui tout le butin dont ses victoires lerendaient maître, mais il en cédait la partie la plus considérable auxéglises qui par ses continuelles largesses réunirent des véritables trésorsd’orfèvrerie. Après avoir vaincu et tué de sa propre main Alaric II , roides Visigoths, à la bataille de Vouillé, il s’empara de ses richesses. Alaricavait hérité du bon goût de son père Euric et de son penchant pour lesjoyaux en argent, or et pierreries, et les objets de ce genre que Clovistrouva parmi les dépouilles de ce roi furent en si grand nombre, qu’il eutde quoi faire de riches offrandes à presque toutes les églises de Paris, par-ticulièrement à celles des saints Martin et Hilaire, à l’intercession des-quels il attribuait son triomphe.
Il n’est pas probable qu’un roi si fortuné dans ses entrepises manquât debons orfèvres,—bons disons-nous relativement à l’état d’ignorance de cestemps,—quand son père, moins heureux, était parvenu à en avoir. Au règnede Childéric, en effet, appartient le testament de Perpétuus, evêque de Tours(mort vers l’année 474), qui léguait au saint prélat Euphrône un reliquaireen argent et à son église un autre reliquaire en or, deux calices du mêmemétal et une croix aussi en or, œuvre de l’orfèvre Mabuinus 2 . Les habitantsdu beau pays qui s’étend du Rhin aux Pyrénées n’avaient pas toujours étéen retard pour les arts somptuaires: sous la domination romaine les Gauloisavaient acquis une grande réputation dans l’orfèvrerie; les villes d’Arlès ,de Reims et de Trêves eurent des ateliers très-importants d’où sortirentde superbes objets pour l’usage des empereurs: ateliers organisés sousl’inspection d’ouvriers spéciaux dépendant du Comte du Trésor du prince[cornes largitionum). Ces ateliers fleurirent jusqu’à l’époque des terriblesinvasions qui eurent lieu dans les Gaules pendant les premières années ducinquième siècle, invasions que les Allemands et les Francs, mis par l’Em-pire comme un rempart contre les Alains et les Vandales venant de la Dacieet de la Pannonie , furent impuissants à contenir. Avec eux succombèrentles populations de Mayence, de Worms, d’Amiens, d’Arras, de Tournai et
1 Saint-Grégoire de Tours rapporte que lorsque les Francs vainquirent Syagrius, governeur de la Gaule ro-maine, et se répandirent dans toute la région située entre la Somme, l’Oise. l’Aisne et la Marne , Clovis dé-sireux de sauver Reims, dont l’église était régie par Saint-Remi pour lequel il professait une véritable vénéra-tion , ordonna que son armée passât au large et n’entrât pas dans la ville. Cependant quelques soldats mutinspénétrèrent dans le temple, et volèrent, entre autres trésors, un vase d’argent d’une grande dimension et d’unerare beauté. Saint-Remi réclama ce joyau, et Clovis ordonna aux envoyés de l’évêque de le suivre jusqu’àSoissons , où il pensait faire en sorte qu’on le lui adjugeât dans sa partie du butin pour le céder ensuite à l’évêque.Mais lorsqu’on fit la distribution, un soldat protesta en disant que le roi n’avait d’autre droit que celui de re-tirer son lot, et frappa le vase avec sa francisque. Clovis dissimula son ressentiment; une année s’écoula, et unjour qu’il passait en revue son armée comme il avait l’habitude de le faire, il s’arrêta devant ce soldat altier quiavait frappé le vase de Reims , vit que ses armes étaient négligées, lui en fit des reproches, lui arracha des mainssa francisque et la jeta à terre. Le soldat se baissa pour la ramasser, et alors Clovis lui assena sur la tête un coupde hache en lui disant: «reçois le prix du coup que tu as porté au vase de Soissons .» Hist. Francorum, lib. II,cap. XXXVII; et Duchesne, Hist. franc, script., 1.1, p. 215.
2 Testam. Perpetui Tur. episc., ap. d’AcHERY, Spicil., t. V, p. 106.
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