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Mas ningún temblor conocido ha conmovido másuna superficie mayor de la tierra, que el que tuvolugar el 1° de Noviembre de 1755, y en cuyo cen-tro podría considerarse' á Lisboa. Un ruido seme-jante á un trueno se hizo oír allí, fue seguido deuna violenta sacudida que redujo á escombros estaciudad y otras muchas, pereciendo en seis minutos60,000 personas. La mar se retiró súbitamentedejando su orilla en seco; después se precipitó sobrola costa elevando su nivel 1.5 mótros mus. Lasmontanas de Arrabida, d’ Estrella, de Julio, Mar-van y Cintra, cuyos picos son los más elevados delPortugal, fueron removidas desde sus cimientos que-dando hendidas y estrelladas de un modo verdade-ramente extraño.
Algunas llamas de fuego de naturaleza eléctrica,se vieron sobre .sus cumbres. Multitud de genteque había escapado de la caída de los edificios, sehabía refugiado en un sólido muelle de mármol quese acababa de construir: derrepente aquel muellese hunde con todos los que se creían allí en segu-ridad y no so volvió á ver flotar sobre las aguasningún cadáver. La sonda no ha podido encontrardespués fondo en aquel lugar siniestro. Gran nú-mero do buques que allí se hallaban anclados, se