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Tomo II.
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fragan y Tebit en los países orientales del antiguo imperio árabe, ni la deAzarquiel , Geber y Aboul Hasan con la de otros varios en Sevilla , Toledo yentre los berberiscos marroquíes en el occidente de aquel imperio. Pero ápesar de esta conjetura tan fundada filosóficamente, decía Pelambre que lasobras de la astronomía teórica y práctica compuestas en los tiempos mas flo-recientes del imperio árabe se las conocía actualmente poco y con mucha im-perfección, pero que él (Pelambre) abrigaba las esperanzas de que se ha-llarían en el porvenir noticias mas estensas que aquellas de que él podíadisponer para redactar las páginas de la historia de la astronomía teóricay práctica de los árabes; cuando se reuniesen todos los conocimientos esparci-dos en las obras originales de los sábios que mas florecieron en los siglos deaquel pueblo.

Estas esperanzas de Pelambre se han visto en parte realizadas duranteestos últimos años, con las diferentes versiones en las lenguas de la Europa actual, y con el estudio de varios libros y cuadernos árabes que se guarda-ban en nuestras grandes bibliotecas. Es probable, sin embargo, que siguien-do este último camino se hagan muchos mas descubrimentos que los verifi-cados hasta hoy, sobre tan importante asunto. Pero si este es un hecho evi-dentemente cierto, también lo será, y con tanta mas razón este otro. Quepara saber lo que fueron los conocimientos astronómicos tradicionales de lasescuelas árabes, deberán tener sumo interés los libros de los escritores y mate-máticos cristianos , que recogieron primero en Europa aquellas tradicionescientíficas orales y escritas de la sabiduría de oriente, trasmitidas, enrique-cidas y conservadas por un pueblo estrangero, para dar lugar á que en eloccidente del antiguo mundo se comenzase la época de su renacimiento ygran ilustración en todos los saberes humanos.

Para evidenciar este aserto nuestro, no hay mas que leer los libros Alfonsíesde los astrolábios, en que se trata del uso y práctica de dichos instrumentos, ha-llándose muy pronto en aquellos pruebas patentes de ser dichos libros algunosde los que tanto deseó consultar Pelambre, porque en sus páginas se hallanrecogidas las tradiciones astronómicas que constituyeron la verdadera cienciade los árabes hasta el siglo XI de nuestra era, en que floreció Azarquiel deToledo , inteligencia preclara según sus obras, en que se hallaron reunidosmuchos de los conocimientos de la práctica astronómica de los antiguos y lomas principal de lo de su tiempo; mientras que en los libros de los astrolá-bios Alfonsíes propiamente dichos, se encuentran ordenadamente escritos ytrasladados á sus vitelas, no solo los conocimientos tradicionales de Azar­ quiel , sino los de otros cien sábios anteriores y posteriores á aquel astrónomo,árabes, griegos y orientales, que habían florecido hasta el último tercio delsiglo decimotercero.

En comprobación de lo cual llevamos espuestas algunas consideracionessobre la tecnología de los antiguos, aplicada á la astronomía que mandó es-