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Tomo V. - Parte 1.
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ginales en las dos centurias siguientes á la XIII, ó si en ellas se comentaron,adicionaron y esplicaron de modos diferentes, ó tal vez se falsificaron parasatisfacer ciertos deseos y pasiones. Con todo lo cual creimos sería posi-ble determinar la verdadera influencia intensiva y arraigadora, bien positivaó ya negativa, de los libros llamados Alfonsíes; eslabón innegable, que sos-tuvo en la edad media el amor á la ciencia de los astros, y sirvió á nuestrojuicio de lazo, mucho tiempo incógnito, entre el saber astronómico escritoen el siglo XI y el tradicional mas antiguo de Oriente, con los estudios pos-teriores hasta alcanzar la época vigorosa del reracimiento.

Para determinar, pues, las dos influencias, estensiva por el número delos ejemplares que existen en Europa de los verdaderos libros científi-cos de D. Alfonso el X, é intensiva en la inteligencia de los sábios queflorecieron con posterioridad, emprendimos hace tiempo el presente trabajobibliográfico de los códices de dicho Rey que se guardan en las bibliotecasde Madrid, Toledo, Escorial, Roma, París y Londres , adquiriendo ademásnotas mas ó menos determinadas de otros varios que no hemos podidoexaminar por nosotros mismos, y de algunos que tal vez no han existido.De todas estas noticias resulta, que los códices verdaderamente originales, ylos finjidos é hipotéticos, calificados con el nombre de obras Alfonsíesen los siglos X T .V y XV, cuya existencia está fundada en alguna me-moria tradicional, bien se conserven los primeros inéditos ó ya los dieseá luz la imprenta, fueron próximamente de unos ciento. Si todos ellosconservan en la actualidad aquel nombre es por cierta corruptela quecomenzó en las centurias citadas en Barcelona , de donde se trasmitióá Mompeller para pasar pronto al Norte y Mediodía de Italia , de allí áFrancia,, generalizándose posteriormente en toda Europa varios Códicestabulares astronómicos y ediciones impresas con el noble nombre de DonAlfonso, mientras los verdaderos originales se conservaban casi desconoci-dos en Sevilla, Toledo y Florencia , y que hoy, por las vicisitudes de lostiempos, se guardan en Madrid, en el Escorial, en Oxford y en Roma .

Los Códices referentes á la ciencia de los cielos del Rey mencionado comoobras distintas se sabe fueron dos: el primero llamado del Saber y ele losInstrumentos; el segundo el Tabular ó sean las Tablas Astronómicas.De estos dos, para aclarar nuestras dudas, saber en qué estado los conservóla posteridad, determinar con algún grado de certeza en qué lugares sedebilitó la luz de la ciencia Alfonsí, por quiénes se conservó y por quiénesse alteró la pureza de sus tintas, y dónde existió cierta niebla densísima dela razón estraviada por las pasiones, al través de la cual fue imposiblepasasen los rayos mas penetrantes de aquellos libros; en definitiva, paraesplicarnos la contradicción de que anteriormente se hizo mérito entre laexistencia positiva de los sábios astrónomos de D. Alfonso y los pocos re-sultados que estos dieron, en oposición á la lógica y á los principios fun-