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su mayor antigüedad no podía pasar de últimos del siglo XV. Respecto desu título, se correspondía exactamente con el que se lee escrito en variosCódices latinos llamados en Europa Tablas Alfonsíes. En definitiva, quesu contenido, en lugar de ser el tratado de las cuarenta y ocho constelacionesredactadas del Coeneso, que Castro creyó se había perdido, no es mas queuna versión castellana de los cánones latinos atribuidos á Juan de Sajonia, yalgunos adicionales para ilustrar ciertas tablas astronómicas que corrieronen el siglo XIV y XV por Aragón, Italia, Francia, Alemania é Inglaterracon el título de toledanas y Alfonsíes.
CODICE NUM. 11.
Este Códice, en papel, folio , por la Biblioteca donde se conserva actual-mente puede llamarse Escurialense, aunque también pudiera conocerse conel nombre de Carolino, por el Príncipe D. Carlos que le mandó copiar áJuan de Valencia, y delinear las figuras al gran tracista Juan de Herreraen el año de 1562, según tenemos manifestado en otro lugar. De este librodió algunas noticias D. Nicolás Antonio en su Biblioteca española anti-gua. También le describió bibliográficamente el Sr. Castro. De él hablaroncon gran entusiasmo Bayer, Casiri, el Padre Sarmiento y otros varios li-teratos y bibliófilos, que le calificaron de riquísimo tesoro escondido de lasartes, de los artífices y de las ciencias físicas y matemáticas de la Europa cristiana en los tiempos mas oscuros de la edad media.
Examinado este Códice por nosotros, debemos rectificar la afirmación quepublicó Castro referente á su riqueza, lujo de sus láminas y letras de oro,que no son realidades, pues en este Códice lo único que se encuentra sonfiguras trazadas geométricamente con la sencillez de la regla y el compásde ITerrera. Su letra es gruesa y clara: por lo demás es una copia literal deaquellos tratados completos que conservaba el Códice membranáceo delSaber de Astronomía en la Universidad Complutense en el año en que el
Príncipe D. Carlos, dirigido por su maestro Honorato Juan, dispuso se veri-ficase esta copia.
Por los años 1560, el referido Príncipe se hallaba en Alcalá perfeccio-nando su educación, entre otros maestros con el matemático valenciano Honorato Juan; y allí es donde se escribieron en el último folio de este ma-nuscrito , hoy Escurialense, como prueba de lo que se lleva espuesto, lassiguientes líneas.
TOMO v.
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