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ADVERTENCIA.
Un libro sin índice es un bosque de árboles, arbustos y plantas que no se pueden discernir, segúndecía D. Juan Agustín Cean Bermúdez . Si esta frase es exacta tratándose de las antigüedades romanasde España , que con tanto cuidado describió el autor referido, es también una verdad de inmediata yparticular aplicación á los Códices , generalmente sin índices, que lian llegado liasta nosotros de laantigüedad.
Don Alfonso procuró evitar en sus obras la confusión á que podía dar origen, si se las comparaba,la falta de índices en sus menores detalles. Sus sucesores, sin embargo, al escribir libros dándolos elnombre de aquel Rey, no tuvieron el mismo cuidado; así rarísimo es el Códice llamado Alfonsí yredactado en los siglos XIV y XV, en el que se lee algún breve sumario ó índice incompleto de lasmaterias contenidas en aquellos; resultando, según la prudente é ilustrada espresion del Sr. CeanBermúdez anteriormente referida , la necesidad de suplir aquella falta con el siguiente trabajo material,y acaso por ello no apreciado de los sublimes génios que, avezados á ver en grande todos los objetos,tal vez se desdeñen en descender al examen y consideración de los infinitos apuntes, viajes y prepara-ciones necesarios para llevar á cabo con exactitud los prolijos índices que siguen, como dijo tambiénaquel escritor.
En cuanto á nosotros, en estos Apéndices nos liemos contentado, por no prolongar demasiado esta,parte bibliográfica, con poner en orden y concluir el impertinente aunque importante trabajo de losíndices correspondientes á los Códices Alfonsí es que se guardan en la actualidad en algunas de lasBibliotecas de España , reservando para otra época y tiempo mas propicio, si llegase, el ordenar conigual fin nuestros numerosos apuntes, referentes á los libros que con nombre Alfonsí poseen otras Bi-bliotecas de Europa y hemos examinado por nosotros mismos, sin esperanza de otro galardón que elprestar un obsequio á los apasionados á los libros antiguos y entusiastas por averiguar los arcanos desu historia, frecuentemente estampada en sus vitelas, en el orden de sus folios, en las márgenes desus páginas y hasta en sus cubiertas; proporcionando con tan ingrato trabajo, medios para comparary distinguir ciertos libros falsos de los originales verdaderos.