Brandes había observado una abundante lluvia deestrellas el 0 de diciembre de 1798. Semejante á ésta seobservaron en los primeros días del dicho ines en 1830>1838 y 1847, y todas estas lluvias irradiaban, se dijo, dela estrella ¡/amma de la constelación de Andrómeda . Sehizo notar además que esa era precisamente la direc-ción del sitio en que la órbita del cometa Biela corta-ría la órbita de la Tierra , y naturalmente se imaginóque tales apariciones de estrellas eran producidas porlos restos dispersos de dicho cometa. Como el movi-miento del cometa Biela es directo, se calculó que sunodo debía retrasarse por lo menos una semana en cin-cuenta años. La observación de una lluvia abundante, ve-rificada en Bérgamo por Zezioli el 30 de noviembre de1807, confirmó ese cálculo.
El perdido cometa debía llegar de nuevo al perihe-lio en el año de 1872, y su encuentro con la órbita dela Tierra se calculó para el 28 de noviembre. Todos losastrónomos esperaban ansiosos desde sus respectivos ob-servatorios la confirmación de tan curioso fenómeno : laaparición de una lluvia de meteoros en vez del cometadesagregado.
El hecho anticipó en nn día aquella predicción, y el27 de noviembre se observó en una gran parte del mundouna abundante lluvia de meteoros irradiando de Andró meda .
La teoría cometaria de las estrellas fugaces recibióasí una nueva confirmación, y ocupó puésto prominenteen el estrado de las ciencias.
Con método escrupuloso y con la necesaria conci-sión, esquivando oscurecer con inútiles y numerosos por-menores, dejamos expuesto el proceso laborioso y brillan-te de la actual teoría sobre las estrellas fugaces.
Procedamos ahora al análisis de ciertas circunstan-cias indispensables para que se comprendan bien lasobjeciones que liaremos más adelante.
De las medidas hechas por Brandes y Bensenbergpara calcular la altura á que se encienden las estrellas