ma eficacia que se trasmitía el exornar los muros de los templos conaquellas representaciones, que los PP. del Oriente y del Occidente consi-deraban al cabo como aptas para producir en el espíritu de los cristianosel mismo efecto que la elocuencia sagrada?—La ley general, que presi-de á la civilización cristiana respecto de todos los elementos que la cons-tituyen, ya que no tuviéramos los testimonios fehacientes que acabamosde recordar, nos movería á responder con la afirmativa : los pintores,que recibían como legítima herencia el arte de la Pintura mural del pa-ganismo, para someterlo á los nuevos cánones de la triunfante cultura, áque daba nombre el mártir del Gólgota, no tenían necesidad de inven-tar nuevos procedimientos técnicos para la ejecución de sus produccio-nes, contentándose con trasmitir á su posteridad, cual sagrado depósito,los recibidos de sus mayores; y en este clarísimo concepto no es po-sible dudar que, no solamente el más general método de pintar al tem-ple, ya universalmente reconocido en la Pintura mural de griegos y ro-manos, sino también el de poner los colores in udo pañete, como indicóel diligentísimo Plinio y explicó el más competente Vitrubio 1 , fueron he-redados por los pintores de la Edad Media . De lo segundo parece ofre-cernos irrefutable comprobación el hecho de ser designadas por los mis-mos críticos, á quienes debemos la enseñanza «de que los antiguos noejecutaron verdaderas pinturas al fresco », bajo este privativo nombre lasmás antiguas Pinturas murales de Italia, imitaciones de las bizantinas óejecutadas en realidad por artistas de Constantinopla 2 : de lo primero,entre otros mil testimonios fáciles de justificar, no olvidados los monu-mentos de León 3 , nos bastarán, con la declaración ya aducida de San Isidoro , las Pinturas murales de la Ermita del Santo Cristo de la Luz,objeto especial de esta IL a Parte de la presente Monografía .
Gran empeño hemos realmente puesto en recoger todos los datos, quepudieran contribuir á ministrarnos en punto tan interesante la más cabalidea, advertida desde el principio cierta vacilación en el juicio formado
énergie que se transmettait rornementation des murs des temples avecces représentations, que les PP. d’Orient et d’Occident finissaient par con-sidérer comme propres à produire dans l’esprit des chrétiens le mêmeeffet que l’éloquence sacrée?—La loi générale, qui préside à la civili-sation chrétienne relativement à tous les éléments qui la constituent,nous porterait à répondre par l’affirmative, quand même nous n’aurions pasles témoignages authentiques, que nous venons de rappeler : les peintres,qui recevaient du paganisme, comme un légitime héritage, l’art de la-.Peinture murale, pour le soumettre aux nouvelles lois de la culturetriomphante, à laquelle le martyre du Golgotha donnait son nom, n’avaientpas besoin d’inventer de nouveaux procédés techniques pour l’exécutionde leurs productions et se contentaient de transmettre à leur postérité,comme un dépôt sacré, ceux qu’ils avaient reçus de leurs aînés; et danscette acception très-claire, il n’est pas possible de douter que, non-seulement la méthode la plus générale de peindre à la détrempe, déjà uni-versellement reconnue dans la Peinture murale des grecs et des romains,mais aussi celle de mettre les couleurs in udo pariete, comme l’avait in-diqué Pline et expliqué le plus compétent Vitruve 1 , devinrent l’héritage despeintres du Moyen-Age . L’existence de la seconde méthode paraît êtredémontrée d’une façon irréfutable par le fait que ce sont les critiques eux-mêmes, dont l’enseignement établit «que les anciens n’exécutèrent pasde véritables peintures à la fresque», qui ont désigné par ce nom exclusifles plus antiques Peintures murales de l’Italie, imitations des peinturesbyzantines, ou exécutées en réalité par des artistes de Constantinople 2 :pour celle de la première, entre mille autres témoignages faciles à jus-tifier, sans oublier les monuments de Leon 3 , il nous suffira, avec la dé-claration déjà donnée de Saint Isidore, de celui des Peintures muralesde 1’Ermitage du Santo Gristo de la Luz, objet spécial de cette II e Par-tie de la présente Monographie.
Nous avons mis réellement un grand soin à recueillir toutes lesdonnées, qui pouvaient nous fournir sur un point si intéressant l’idée laplus complète, car nous avions remarqué dès le principe une certaine
1970. Quantas aves en cielo han voces acordadas,
Que dicen cantos dulces, menudas et granadas,
Todas en aquel árbol parecían figuradas ;
Cada una de su natura en color devisada.
Es indudable, conocido este precioso texto, que ál poeta del siglo XIII no eran desconocidos los primores delencausto, que, aplicado á la orfebrería, estaba produciendo á la sazón verdaderas maravillas de arte.
1 Estudiando detenidamente el texto de Vitrubio , alegado porLetronne y los que lian adoptado su sistemarespecto de la aplicación de los colores á la pared húmeda, cumple observar ante todo, para no reincidir en elerror, que el celebrado autor de los diez libros De Architecturá habla de este punto, al dar á conocer la mane-ra de blanquear y de estucar las bóvedas, conocida ya su disposición (De camerarum dispositione, alburio etlectorio opere). Después de tratar de los revestimientos de mármoles y del modo de bruñirlos para que arrojen bri-llo (nítidos splendores), añade: «Colores autem udo tectorio, cum diligenter sunt inducti, ideo non rcmitent,
sed sunt perpetuo permanentes.Itaque tectoria, quae redé sunt facta, ñeque vetustatibus fiunt hórrida, ñeque
cum extergentibus, remittunt colores, nisi si parum diligenter et in árido fuerint inducti. Cum ergo i la in parie.tibus tectoria facta fuerint, etc.» (Lib. VII, cap. III). Obsérvase, pues, que Vitrubio habla exclusivamente de losestucos, como habla también de las incrustaciones de mármoles en los muros (parietes), determinando de unmodo clarísimo las tres capas de arena (tribus coriis arenae) que debían formar los primeros (tectoria), sinque, dada esta preparación, á que se mezclaba la cal (in fornacibus ex cocto liquore), hable de verdaderaspinturas, sino de induere uda tectoria coloribus, esto es, de revestir ó cubrir los estucos ó guarnecidos de co-lores. Con razón, pues, Mr. Letronnc y los que, como él, niegan que los antiguos usaron el fresco, declaranineficaz é improcedente este pasaje de Vitrubio para sostenerla afirmativa; pues que, en suma, lejos de revelarun procedimiento realmente pictórico, nos enseña un método simplemente industrial ó arquitectónico, para re-vestir de colores muros y bóvedas, el cual podía indudablemente producir ornamentaciones geométricas, nuncapropiamente pictóricas.
2 La hipótesis que aquí apuntamos, nos parece digna de ser tomada en cuenta. Desde Jorge Vasari, que enel siglo XVI manifestaba, en la suposición de que los antiguos habían usado mucho el fresco, que «i vecchimoderni (pittori) anchora l’hanno poi seguitato», hasta el ya citado Mr. Bretón, asientan que desde el si-glo IX existen en Italia pinturas al fresco, ejecutadas por artistas bizantinos; y citan entre ellas las que de-coraron la basílica de Santa Cecilia, mandadas ejecutar en 817 por Pascual I . De ellas sólo se ha conservado elMartirio de la Santa, trasportado felizmente al interior de la iglesia. Ahora bien: si al tratar de estas Pinturas murales y de otras de casi igual antigüedad, como por ejemplo la que en el muro de Santa María de laEscala de Milán representaba la Gran Madona (conservada á dicha en la iglesia de San Fidel), se declaraque estaban al fresco y que eran debidas á pintores griegos, ¿sería repugnante el creer que aquel procedi-miento, aconsejado por Vitrubio parados estucos (tectoria), se hubiera aplicado en el Oriente á la verdaderaPintura mural en los momentos de trasformarse el arte, para someterse á la nueva vida, á que el Cristianis-mo lo destinaba dentro de sus templos?..... Si el hecho es realmente cierto , la consecuencia no lo será me-nos, pudíendo en tal caso asegurarse que, miéntras en las regiones occidentales se conservaba la primitivatradición del procedimiento técnico de la Pintura mural, según nos ha enseñado San Isidoro , aplicando loscolores al muro seco, mezclados con agua y cola (aquá et glutine), se había hecho en las orientales generalel procedimiento de pintar (in udo pariete), trasfiriéndose por fin al centro de Europa con la nocion real-mente artística. Como nos enseñan las Pinturas murales que examinamos, y las del famoso Panteón de losReyes de León, que figurarán en los Monumentos Arquitectónicos, la España de la Reconquista se mostró con.secuente con la tradición isidoriana.
a Debemos declarar aquí que, sometidas las Pinturas murales del Panteón de los Reyes de León á lamisma prueba á que sujetamos éstas del Santo Cristo de la Luz, han ofrecido idéntico resultado.—Deseandorectificar el exámen técnico que há tiempo teníamos hecho de aquella notabilísima obra, hemos rogado al dis-tinguido individuo de la Comisión de Monumentos de dicha capital, don Ramón A. Braña, que se sirviera re-petir el oportuno ensayo; y verificado éste, nos escribe sobre el particular estas notables palabras: «No hayduda, en efecto, de que las Pinturas murales del Panteón están hechas al temple, sobre una capa de tierray mezcla de cal, y al parecer sin cola, pues que apénas se tocan con cualquier tela húmeda, se quitan fácil-mente los colores.»—Más abajo verán los lectores cuán entera es la semejanza de estos medios y de los em-pleados en las Pinturas de la Mezquita toledana.
1970. Tous les oiseaux, qui dans le ciel ont des voix harmonieuses,
Qui disent de doux chants, oiseaux petits et grands,
Tous dans cet arbre apparaissent figurés :
Distingués chacun dans sa nature par sa couleur.
Il est incontestable, après la connaissance de ce texte précieux, que les délicatesses de l’encaustique n’étaientpas inconnues au poète du XIII e siècle : l’ encaustique appliquée à l’orfèvrerie produisait d’ailleurs à celte épo-que de véritables merveilles d’art.
1 En étudiant avec soin le texte de Vitruve, cité par Letronne et par ceux qui ont adopté son systèmerelativement à l’application des couleurs au mur humide, on doit observer avant tout, pour ne pas retomberdans l’erreur, que le célèbre auteur des dix livres De Architecturâ parle de ce sujet, en faisant connaître la ma-nière de blanchir et de stucqucr les voûtes, après la connaissance de leur disposition (De camerarum disposi-tione, albario et tectorio opéré). Après avoir traité des revêtements de marbres et de la manière de les brunir,pour qu’ils prennent du brillant (uitidos splendores), il ajoute: «Colores autem udo tectorio, cum diligenter
sunt inducti, ideô non remitent, sed sunt perpetuô permanentes Itaque tectoria, quae rectè sunt facta, ne-
que vetustatibus fiunt horrida, neque cum extergentibus, remillunt colores, nisi si parum diligenter et in ari-do fuerint inducti. Cum ergô ita in parietibus tectoria facta fuerint, etc.» (Lib VII, cap. III). Ainsi donc Vi-truve ne parle que des stucs, comme il parle aussi des incrustations de marbres dans les murs (parieles),déterminant d'une façon très-claire les trois couches de sable (tribus coriis arenae) qui devaient former lespremiers (tectoria), sans que, après cette préparation, à laquelle était mêlée la chaux (in fornacibus ex coctoliquore) il parle de véritables peintures, mais de induere uda tectoria coloribus, c’est-à-dire, de revêtir ou couvrirles stucs ou enduits de couleurs. C’est donc avec raison que M. Letronne et ceux qui, avec lui, refusent auxanciens l’usage de la fresque, déclarent inefficace et peu concluant ce passage de Vitruve pour soutenir l’affir-mative ; car, en somme , loin de révéler un procédé réel de peinture, il nous enseigne simplement une méthodeindustrielle ou architectonique, pour revêtir de couleurs les murs et les voûtes, ce qui pouvait sans doute pro-duire des ornementations géométriques, et jamais réellement des peintures.
2 L’hypothèse que nous donnons ici nous paraît digne detre prise en considération. Depuis George Vasari ,
qui dans le XVI e siècle manifestait, dans la supposition que les anciens avaient beaucoup employé la fresque,que «i vecchi moderni (piltori) anchora l’hanno poi seguitalo,» jusqu’à M. Breton déjà cité, on soutient qu’ilexiste en Italie dès le IX e siècle des peintures à la fresque exécutées par des artistes byzantins ; et on cite parmielles, celles qui décorèrent la basilique de Sainte Cecile, que fit exécuter en817, Pascal I er . On n’en a conservéque le Martyre de la Sainte, transporté heureusement dans l’intérieur de l’église. Maintenant, si en traitantde ces Peintures murales et d’autres d’une antiquité presqu’égale, comme par exemple celle qui dans le murde Santa Maria de la Escala de Milan, représentait la Gran Madona (conservée heureusement dans l’église deSan Fidel), on déclare quelles étaient à la fresque, et quelles étaient dues à des peintres grecs, répugnerait-ilde croire que ce procédé, conseillé par Vitruve pour les stucs (tectoria) eut été appliqué en Orient à la vraiePeinture murale dans les moments où Fart se transformait pour se soumettre à la nouvelle vie, que le Chris-tianisme lui destinait au dedans de ses temples?. Si le fait est réellement certain, la conséquence ne le sera
pas moins; et l’on peut en ce cas assurer que tandis que dans las régions occidentales on conserve la traditionprimitive du procédé technique de la Peinture murale, comme nous l’a enseigné San Isidoro, en appliquant lescouleurs au mur sec, mêlées avec l’eau et la colle (aquâ et glutine), dans les régions orientales le procédé depeindre (in udo pariete), était devenu général et s’était transporté enfin au centre de d’Europe avec la notionréellement artistique. Comme nous le montrent les Peintures murales que nous examinons et celles du fameuxPanteon de los Reyes de Leon, qui figureront dans les Monuments Architectoniques, l’Espagne de la Recon-quista se montra fidèle à la tradition isidorienne.
3 Nous devons déclarer ici que les Peintures murales du Panteon de los Reves de Leon, soumises à lamême épreuve que celle à laquelle nous avons soumis les Peintures du Santo Cristo de la Luz, ont donnéun résultat identique,—Désirant rectifier l’examen technique que nous avions fait dans un temps, de cetteœuvre très-remarquable, nous avons prié le membre deslinguô delà Commission des Monuments de cette capitalede province, M. Ramon A. Brana, de répéter l’essai convenable: et après l’avoir vérifié, il nous écrit surle cas particulier, ces remarquables paroles : « Il n’y a pas de doute, en effet , que les Peintures murales duPanteon, ne soient faites à la détrempe, sur une couche de terre et un mélange de chaux, et suivant l’apparencesans colle, puisqu’à peine les touchent-on avec quelque toile que ce soit humide, les couleurs s’en vont facile-ment.»—Plus loin les lecteurs verront combien la ressemblance de ces moyens et de ceux employés dans lesPeintures de la Mosquée de Tolède , est complète.