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ó cdbayalele , tradicionalmente elaborado por ellos 1 , el amarillo y algúnotro color secundario, mezcla de los primitivos, tal como sucede al vio-lado. Todos estos colores ( pigmenta) se hallaban fijados en la pared detal manera, que, al pasar con insistencia el dedo, léjos de borrarse, pa-recían cobrar cierto lustre. Sometidos, sin embargo, á la acción de unaesponja ó paño húmedo, cedían desde luégo hasta descubrirse la prepara-ción ó aparejo, sobre que asentaban 2 .
La demostración de los hechos que necesitábamos reconocer, paraexponer definitivamente nuestro juicio, no podía ser más terminante niluminosa. El estudio había producido todo su fruto, y podíamos ya afir-mar, como tésis realmente histórica, que las Pinturas murales de la Er-mita del Santo Cristo de la Luz que, bajo el concepto fundamental dearte, aparecían asociadas á la tradición derivada del mundo antiguo, sehermanaban también bajo su relación técnica con aquella misma tradi-ción, cuya nocion escrita había trasmitido de un modo didáctico á suposteridad la sábia observación del Metropolitano de la Bética. El pro-cedimiento industrial, si tal puede llamarse, se conformaba en todo, co-mo se conformaba la ejecución artística, con el procedimiento y la eje-cución reveladas por la docta pluma de San Isidoro . Los pintores delsiglo YII trazaban en los muros (pañetes) el contorno general de la fi-gura (futurae imaginis), y disponían después en ella las sombras y colo-res, que usaban mezclándolos y templándolos con agua y cola (aquá etglutine): el pintor del siglo XII había trazado de igual modo las líneasgenerales de sus representaciones icónicas en las Punturas murales dela Ermita del Santo Cristo de la Luz, y no de otra manera había apli-cado á las mismas los colores 5 . Resultaba, por tanto, demostrado con en-tera evidencia que estos monumentos, arrojando nueva y no sospechadaluz sobre la historia de la Pintura mural en las naciones meridionales deEuropa , daban el más solemne mentís á los críticos y arqueólogos que,sin haber intentado la investigación más somera en punto de tal im-portancia, nos presentan, en orden á la Pintura mural, como infelicestributarios de los Thibaldis y Pellegrinis, de los Cambiasos y Jordanes 4 .
Mas no era éste el único resultado, que obteníamos de la investi-gación referida. Nuestros lectores saben ya que hemos calificado de muyposterior á estas Pinturas murales del siglo XII la que encierra la hor-nacina grande, segunda de la zona inferior del muro Nordeste del Cru-cero, y se habrán fijado sin duda en la indicación que dejamos ex-puesta, respecto de haber sido ésta abierta después de verificada la obrade la refrontacion del expresado muro, hecha á fines del siglo XV (1482á 1495). Así parecía persuadirlo, por una parte el orden indubitablede la construcción, y lo enseñaban por otra los caractéres especiales delos vestigios de pintura que se conservan todavía en dicha hornacina, sibien su lastimoso deterioro no consiente formar idea de lo que allí serepresentaba. Examinada bajo su relación meramente técnica, y someti-
dar á conocer el natural: «Fit quoque, et ocra exusta rubrica in ollis novis luto circumlitis, quae quanto ma-gis in camino asserit, tanto melior sit» (Idem id. id.).
1 San Isidoro forma una verdadera receta para hacer el albayalde, la cual, puesta en español , dice : «Enun vaso lleno de fortísimo vinagre colocarás varios trozos de sarmiento de vid (sarmenta aminea), y sobre lossarmientos pondrás delgadísimas láminas de plomo; después lo cerrarás con gran cuidado, y lo untarás de be-tún, á fin de que no se evapore por los resquicios. Pasados treinta dias, se abre el vaso, y se halla el alba-yalde innato, producido por la destilación de las láminas ó tablas. Lo cual, sacado y secado, muélese, y mez-clado de nuevo con el vinagre, divídese en pastillas y sécase al sol» ( Ethirn ., lib. XIX, cap. XVII). — Comose ve, éste y los demas procedimientos citados para la fabricación de los colores; se hace tradicional, y llegahasta nuestros dias.
2 Paréennos oportuno, para completar en lo posible la idea relativa al procedimiento técnico de la Pinturamural, el recordar aquí lo que el doctísimo observador Pablo de Céspedes nos refiere en su Discurso sobre eltemplo de Salomón, á propósito de un cuadro arrancado en su tiempo del muro del antiguo palacio de SantaConstancia, hija del Emperador Flavio Valerio : «Principalmente una historia de en medio de la bóveda eramuy de notar; y un caballero de Roma cortóla y arrancóla de ella, y la pasó en un cuadro á su casa, quedespués so perdió, por quererla barnizar para que saliesen las figuras.» Lo mismo precisamente sucedería conlas Pinturas murales del Santo Cristo de la Luz, si alguno se dejase llevar de la tentación que asaltó á es-te caballero romano.
3 Una observación no insignificante para la ilustración que intentábamos, nos hizo desde luégo esperar esteresultado. Recibidos por nosotros los diseños de las Pinturas, advertimos al primer golpe de vista que las cor-respondientes al muro de la derecha, á que han sido adosadas varias casas, se hallaban tan deterioradas enla parte inferior, que habían desaparecido allí del todo los colores. Pareciéndonos este doloroso resultado efectode la humedad comunicada al muro por las referidas construcciones, comprendimos sin más que los coloresno penetraban en la pared, y que no habían, por tanto, sido impuestos al fresco. Deseosos, no obstante, deconocer más perfectamente las causas del enunciado hecho, ampliamos á los entendidos descubridores nuestraspreguntas, las cuales produjeron el convencimiento de que, no sólo habia obrado en la parte borrada de las ex-presadas pinturas la humedad de los edificios adheridos al muro, sino que, rellena de arena y tierra la inferiorde los espacios ó huecos que resultaron, al cerrarse las hornacinas, habia cargado allí principalmente la hume-dad de una y otra, pegándose al muro y produciendo el resultado que deploramos. De cualquier modo, estacircunstancia nos movió á proponer la última prueba, cuyo efecto, que no puede ser más satisfactorio en ordená la investigación técnica, dejamos reconocido.
blanc ou albayalde (céruse) traditionnellement élaboré par eux 1 , h jaune(amarillo) et quelque autre couleur secondaire mélange des primitivescomme cela arrive pour le violet, ont été employées avec une certainepureté naïve. Toutes ces couleurs ( pigmenta ) se trouvaient fixées sur lemur de telle manière qu’en passant avec insistance le doigt, loin des’effacer, elles paraissaient acquérir un certain éclat. Soumises cependantà l’action d’une éponge ou d’un drap humide, elles disparaissaient aussitôt,jusqu’à laisser à découvert la préparation ou apprêt sur lequel ellesétaient posées 2 .
La démonstration des faits que nous avions à constater, pour exposernotre jugement, ne pouvait être plus décisive ni plus lumineuse. L’étudeavait produit tout son fruit, et nous pouvions déjà affirmer, comme unethèse réellement historique, que les Peintures murales de l’Ermitage duSanto Cristo de la Luz qui, sous le rapport fondamental de l’art parais-saient associées à la tradition dérivée du monde antique, s’accordaientaussi, sous le rapport technique, avec cette même tradition, dont la no-tion écrite avait été transmise à la postérité d’une manière didactique parla savante observation du Métropolitain de la Bétique. Le procédé indus-triel, s’il peut être appelé ainsi, s’accordait en tout comme l’exécutionartistique, avec le procédé et l’exécution révélés par la docte plume deSaint Isidore. Les peintres du VIT siècle traçaient sur les murs (parietes)le contour général de la figure (futurae imaginis) et y disposaient en-suite les ombres et les couleurs, qu’ils employaient en les mêlant et enles adoucissant (templándolos) avec de l’eau et de la colle (aquâ et glutine) :le peintre du XII e siècle avait tracé d’une égale façon les lignes généralesde ses représentations iconiques sur les Peintures murales de l’Ermitagedu Santo Cristo de la Luz, et il n’avait pas appliqué différemment surelles les couleurs 5 . Il restait donc démontré avec une entière évidenceque ces monuments, jetant une nouvelle lumière non suspecte surl’histoire de la Peinture murale dans les nations méridionales de l’Europe,donnaient le plus solennel démenti aux critiques et aux archéologues, quisans avoir tenté l’investigation la plus sommaire sur un point de cetteimportance, nous représentent dans l’ordre de la Peinture murale, commede malheureux tributaires des Thibaldi et des Pellegrini, des Cambiaso etdes Jordano 4 .
Mais ce n’était pas l’unique résultat que nous obtenions de cette in-vestigation. Nos lecteurs savent déjà que nous avons considéré com-me beaucoup plus récente que ces Peintures murales du XII e siècle,celle de la grande niche, la seconde de la zone inférieure du mur Nord-Est du Transept , et ils auront pris garde sans doute à l’indication quenous avons faite, que cette niche avait été ouverte après la restaurationde la partie extérieure de ce mur, exécutée vers la fin du XV e siècle(1482 à 1495). Gela semblait être indiqué d’un côté par l’ordre incon-testable de la construction, et de l’autre par les caractères spéciaux destraces de peinture, qui se conservaient encore dans la niche quoique sapitoyable détérioration ne permit pas de se faire une idée de ce qui yétait représenté. Examinée sous le rapporl purement technique et soumise
avoir fait connaître l’ocre naturel: «Fit quoque, et ocra exusta rubrica in ollis novis luto circumlitis, quaequanto magis in camino asserit, tanto melior sit» (Idem id. id.).
1 Saint-Isidore donne une véritable recette pour faire la céruse, laquelle traduite en français dit : «Dansun vase, plein de très-fort vinaigre, tu mettras plusieurs morceaux de sarments de vigne (sarmenta aminea),et sur les sarments tu mettras des feuilles très-minces de plomb ; après tu le fermeras avec grand soin et tu leluteras avec du niastic, afin qu’il n’y ait pas d’évaporation par les fentes. Au bout de trente jours on ouvre levase et l’on y trouve la céruce artificielle, produite par la distillation des feuilles de plomb. La matière retirée,séchée et moulue, se mêle de nouveau avec le vinaigre, puis on la divise en pastilles et on la sèche au soleil»(.Ethim., liv. XIX, chapitre XVII). —Comme on voit, ce procédé et les autres cités pour la fabrication descouleurs, sont devenus traditionnels et sont arrivés jusqu’à nos jours.
2 II nous paraît opportun, peur compléter autant que possible l’idée relative au procédé technique de laPeinture murale de rappeler ici ce que le très-docte Pablo de Céspedes nous rapporte dans son Discurso so-bre el templo de Salomon, à propos d’un tableau arraché de son temps, du mur de l’antique palais de SantaConstancia, fille de l’Empereur Flavius Valerius : «Principalement une histoire du milieu de la voûte c’était fortà noter et un chevalier de Rome la coupa, et l’arracheant [de la voûte] la mit en un cadre dans sa maison,où ensuite elle se perdit pour avoir voulu la vernir afin que les figures ressortissent.» La même chose arriveraitexactement avec les Peintures murales du Santo Cristo de la Luz si quelqu'un se laissait gagner par la ten-tation qui assaillit ce chevalier romain.
3 Une observation importante pour notre sujet nous fit d’abord espérer ce résultat. Quand nous reçûmes lesdessins des Peintures, nous remarquâmes tout d’abord que celles du mur de droite, auquel ont été adosséesplusieurs maisons, se trouvaient si détériorées à la partie inférieure que les couleurs y avaient disparu totale-ment. Ce douloureux résultat nous paraissant l’effet de l’humidité communiquée au mur par ces constructions,nous comprîmes par ce seul fait que les couleurs ne pénétraient pas dans le mur, et que par conséquent cen’étaient pas des fresques. Désireux, toutefois, de connaître plus parfaitement les causes de ce fait, nous trans-mîmes nos questions aux personnes qui avaient fait le découverte, et nous acquîmes la conviction que non seu-lement l’humidité des édifices adhérents au mur avait agi sur la partie effacée des peintures, mais que lapartie inférieure des espaces ou vides qui résultèrent après qu’on eut formé les niches ayant été remplie de sableet de terre, l’action de l’humidité s’était concentré là principalement; et cette humidité, en se communiquant aumur, avait produit le résultat que nous déplorons. Quoiqu’il en soit, cette circonstance nous conduisit à la der-nière épreuve, dont l’effet, que nous avons fait connaître, ne pouvait pas être plus satisfaisant relativement àl’investigation technique.
4 Voir la page 11 de cette Monographie.