cuatro Santas más veneradas en la Ciudad de Wamba y á sus egrégiosmetropolitanos.
IV. a El exámen crítico-arqueológico de estas Pinturas, así como elestudio del procedimiento industrial empleado al ejecutarlas, sobre con-firmar la ya mencionada filiación artística, las une también con firme lazoá la tradición técnica, que, hallando sus fuentes en el mundo antiguo, seperpetúa en los tiempos visigodos y se deriva á los de la Reconquista, pu-diendo asegurarse, sin recelo de error, que el pintor del siglo XII empleóios mismos medios usados por los de la época de San Isidoro , tanto en lamanera de trazar en los muros sus figuras como en la preparación y aplica-ción de sus colores.
V. a Este procedimiento tradicional, léjos de limitarse á las hornaci-nas, en que existen las Pinturas, es extensivo á los primitivos muros mu-dejares, que hubieron de aparecer enriquecidos de una decoración pictóri-rica, como lo testifican los diferentes fragmentos hallados bajo el doblerevestimiento que en la actualidad presentan, y en los paramentos de lasparedes de la puerta de ingreso, encerrada desde el siglo XV en el centrodel muro Nordeste.
VI. a Exclúyense de esta ley las Pinturas, que ocupan la hornacina dela zona inferior del indicado muro, pues si bien no consiente su actualestado de destrucción, acaso intencional, discernir lo que representan,no sólo persuade lo en ellas existente que son obra de un arte muy máscercano á nuestros dias, sino que, ejecutadas sobre un tabique que cubreen gran parte la referida puerta de ingreso, embebida en la refrontaciondel muro y con una preparación del todo caliza, no pueden ponerse másallá del año 1495, en que estaba ya terminada la restauración general dela Ermita, llevada á cabo bajo los auspicios del Cardenal don Pero Gonzá-lez de ¿Mendoza, y se encuentran también en Toledo Pinturas murales, enque se usa de igual procedimiento.
VII. a Es por tanto injusto y carece de todo fundamento el desden, conque los más autorizados arqueólogos é historiadores de las artes, al trataren nuestros dias de la Pintura mural en los pueblos occidentales, hanasentado y asientan que España sólo ofrece un corto número de ellas enlos tiempos modernos, bien que debidas á artistas extranjeros, pues quesin exceder del siglo XIII y sin esforzar la prueba, hemos alegado ejemplossuficientes para demostrar que, léjos de interrumpirse dentro de la Pe nínsula Ibérica el cultivo de este linaje de Puntura predominante en todala Edad Media , se somete, así en lo artístico como en lo meramente téc-nico, á la más respetada tradición hasta Ja expresada centuria, creciendonotablemente á medida que se acerca la civilización española á los diasdel Renacimiento .
Tal es el resultado que hemos obtenido del exámen de las Pinturasmurales, ocultas en la Ermita del Santo Cristo de la Luz por elespacio de tres largos siglos y medio. Ningún cronista, historiadorni escritor agiógrafo de aquella Imperial Ciudad ha hecho, en efecto, la másligera indicación de su existencia, ni áun llegado el siglo XVI, á pesardel empeño que todos han mostrado desde entonces en ilustrar su historiacivil, política y eclesiástica. Cubiertas sin duda las más antiguas (que eran,en el vário sentido arriba señalado, las únicas importantes) al realizarsela restauración del Cardenal Mendoza 1 , dormirían en el mismo olvidohasta la ruina total de la Mezquita, sin el loable celo del arquitecto pro-
1 Nos fundamos, al apuntarlo así, en el referido silencio de los escritores toledanos, pues aunque en puntoá objetos de arte ha sido su diligencia muy menor que respecto de sus tradiciones piadosas, todavía es de re-pararse que nada hayan dicho do estas Pinturas murales, cuando tanto pudo aumentar su conocimiento elvalor de las leyendas que á la Ermita del Santo Cristo de la Luz y á las cuatro Santas predilectas de To ledo se han referido. Sin causarles grave ofensa, podríamos asegurar, en efecto, que si un Pisa , un Román de la Higuera , un Quintana Dueñas, y otros no menos entusiastas historiadores y agiógrafos toledanos, entre quienesno es posible olvidar á los dos Tamayos ni á Salazar y Mendoza, hubieran conocido las pinturas icónicas de lascuatro santas, Eulalia, Marciana, Leocadia y Obdulia, cuyas virtudes por extremo subliman en sus escritos,hubieran sacado de este hecho inmenso partido. Su silencio proviene, pues, de ignorar la existencia de estas Pin-turas murales, y la ignorancia de haber sido éstas cubiertas por los tabiques en época un tanto lejana á laen que ellos escribieron, como lo era la de la refrontacion del Crucero y construcción del Abside , verificadasbajo los auspicios del Cardenal de España . Respecto de la época, en quedas pinturas de la hornacina grandefueron cubiertas, no avenlurarémos mucho si la ponemos por los años de 1759, en que fué sin duda picadoel interior del Abside y colocado allí el monstruoso retablo churrigueresco, que todavía lo está afeando, segúnparece advertir el siguiente peregrino letrero, que se mira á su lado en una pequeña tabla :
Hizo dorar este Reta-blo Por su debocion el Sr. DonDiego García de Olalla Vivanco,
Regidor perpétuo en asiento yvaneo de Caballeros de estaciudad. Año de 1759.
Lo trascribimos tal como se halla escrito, porque ofrece cierta significación histórica, y se hermana no pococon el carácter del retablo.
quatre Saintes , les plus vénérées dans la cité de Wamba, et à ses illustresmétropolitains.
IV e . L’ examen critique-archéologique de ces Peintures, ainsi quel’étude du procédé industriel employé dans leur exécution, en confir-mant la filiation artistique mentionnée, les unit aussi d’un lien solide à latradition technique, qui prenant ses sources dans le monde antique, seperpétue dans les temps visigoths et se dérive à ceux de la Reconquista ;et l’on peut assurer, sans crainte d’erreur, que le peintre du XII e siècleemploya les mêmes moyens, dont se servaient ceux de l’époque de SaintIsidore, soit dans la manière de tracer les figures sur les murs, soit dansla préparation et l’application des couleurs.
V e . Ce procédé traditionnel, loin de se limiter aux niches, oùexistent les Peintures, s’étend aussi aux murs primitifs mudéjars, quidûrent être enrichis d’une décoration analogue, comme l’attestent lesdifférents fragments trouvés sous le double revêtement, qu’ils présententactuellement, et dans les parements des murs de la porte d’entrée, enfer-mée depuis le XV e siècle dans l’intérieur du mur Nord-Est.
VI e . Les Peintures, qui occupent la niche de la zone inférieure de cemur, sont en dehors de cette loi, car quoique leur état actuel de destruc-tion, peut-être intentionnel, ne permet pas de discerner ce qu’elles repré-sentent, non seulement ce qui en reste prouve qu’elles sont l’œuvre d’unart très-rapproché de nos jours, mais encore, comme elles sont exécutéessur une cloison, qui couvre en grande partie la porte d’entrée mentionnée,enveloppée dans la restauration du mur, et avec une préparation entière-ment de chaux, qu’on ne peut les faire remonter au delà de l’année 1495,où déjà la restauration générale de YErmitage, réalisée sous les auspicesdu Cardinal don Pedro Gonzalez de Mendoza , était terminée, et on trouveaussi à Tolède des Peintures murales, dans lesquelles un procédé semblableest employé.
VII e . Ainsi donc le dédain avec lequel les archéologues et les histo-riens de l’art les plus autorisés, en s’occupant de nos jours de la Pein ture murale chez les peuples occidentaux, ont établi et établissent quel’Espagne n’offre qu’un petit nombre de ces peintures dans les tempsmodernes, dues encore à des artistes étrangers, est injuste et manquede tout fondement ; puisque sans dépasser le XIII e siècle et sans forcer lapreuve, nous avons fourni des exemples suffisants pour démontrer que laculture de cette classe de Peinture , prédominante pendant tout le Moyen- Age , loin de s’interrompre dans la Péninsule Ibérique , se soumet, soiten ce qui est artistique, soit en ce qui est purement technique, à la tra-dition la plus respectée jusqu’au siècle indiqué, et croît d’une manière re-marquable, à mesure que la civilisation espagnole se rapproche de l’épo-que de la Renaissance.
Tel est le résultat que nous avons obtenu de l’examen des Pein-tures murales dans I’Ermitage du Santo Gristo de la Luz, pendantl’espace de trois longs siècles et demi. Aucun chroniqueur, historien ouécrivain agiographe de cette Ville Impériale, n’a fait, en réalité, la plus lé-gère indication de leur existence, ni même lorsqu’on a atteint le XVI e siècle,malgré le zèle qu’ils ont montré depuis lors pour illustrer l’histoire civile,politique et ecclésiastique de Tolède . Les plus anciennes ( qui étaient lesseules importantes, sous les divers rapports signalés plus haut) sansdoute couvertes, quand la restauration du Cardinal Mendoza s’est réali-sée 1 , dormiraient dans le même oubli jusqu’à la ruine totale de la Mosquée
1 Nous nous fondons, pour l’établir ainsi, sur ce silence des écrivains de Tolède , car quoique en fait d’objetsd’art, leur zèle ait été moindre que pour leurs traditions pieuses, il est étonnant qu’ils n’aient rien dit de cesPeintures murales, quand leur connaissance eut pu augmenter si considérablement la ^leui des légendesqu’ils ont rapportées sur I’Ermitage du Santo Cristo de la Luz, et sur les quatre saintes préférées de Tolède .Sans les offenser beaucoup, nous pourrions assurer en effet, que si un Pisa , un Roman de laHigucra, un Quin-tana Duenas et d’autres historiens et agiographes tolédans non moins enthousiastes, parmi lesquels il nest paspossible d’oublier ni les deux Tamayos, ni Salazar y Mendoza, avaient connu les peintures iconiques des quatreSaintes , Eulalie, Marcienne, Léocadie et Obdullie, dont les vertus sont relevées à l’extrême dans leurs écrits, ilsauraient tiré de ce fait un immense parti. Leur silence vient, donc, de ce qu’ils ignoraient l’existence de ces Peintu-res murales et de leur disparition sous les cloisons élevées à une époque tant soit peu éloignée de celle où ils écri-virent, comme celle de la restauration du Transept et de la construction de Y Abside, vérifiées sous les auspicesdu Cardinal d’Espagne. Relativement à l’époque où les peintures de la grande niche furent couvertes, nous nenous hasarderons pas beaucoup si nous la plaçons vers l’année 1759, où fut sans doute repiqué 1 intérieurde Y Abside et placé là le monstrueux retable churriguercsque, qui l’enlaidit encore, comme paraît l’indiquer lasingulière inscription suivante, qu’on voit à son côté sur une petite planche :
Il fit dorer ce Réta-ble Par sa dévotion, le Sr. DonDiego Garcia de Olalla Vivanco,
Régidor perpétuel en place etbanc des Caballeros de cetteville. Année 1759.
Nous transcrivons cette inscription telle quelle est écrite (l’orthographe n’y est pas certainement un modè-le) parce qu’elle offre une certaine signification historique, et qu’elle s’harmonise avec le caractère du retable.