CORONAS Y CRUCES VISIGODAS DEL TESORO DE GUARRAZAR.
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vecinos de este pueblo tuvieron la buena suerte de reparar en el entre-abierto escondrijo. Acabaron de destapar en la noche del 25 al 26 deagosto una de las dos cavidades ó cajas de hormigón, y encontraron enella, juntamente con las coronas que hoy lucen en el Museo de las Termasde Paris , otras alhajas que fueron bárbaramente reducidas á fragmentos.Dos vecinos de Toledo , uno de ellos hábil diamantista que habia sido dela Gasa Real, lograron tomar parte en el precioso descubrimiento; acre-ditóse el dicho de que las mencionadas coronas habian llegado á poderdel citado diamantista hechas pedazos; pasaron sigilosamente la fronteraestas curiosas preseas de nuestros reyes y magnates godos, y los periódicosfranceses nos trajeron á principios del año 1859 la interesante y tristenoticia de haber comprado el gobierno Imperial á don José Navarro, joyerode S. M. la Reina de España, para el Hotel de Cluny , la magnífica coronade Recesvintho, y otras varias coronas votivas de gran valor é interés, enlas cuales se fijaban ávidamente las miradas de todos los cultivadores delos estudios arqueológicos.—Al propio tiempo que los descubridores deeste primer tesoro, por ignorancia ó por malicia, despedazaban y enaje-naban á trozos á los plateros de Toledo las ricas preseas que habia derestaurar Navarro para venderlas en Francia , otro sujeto de Guadamur ,noticioso del hallazgo de sus convecinos, lograba la dicha de tropezar conel segundo depósito, contiguo al primero y aun intacto. Sacó de él, sihemos de atenernos á su dicho, unos como cinturones de oro y pedrería,una grande y magnífica corona, otras coronas lisas y pequeñas, variascruces de chapa sencilla y muchos objetos diminutos de ignorado uso.Llevólo todo á su casa, metiólo en unas ollas de barro, que tuvo escon-didas con gran secreto:—no se determinó á hacer pedazos las coronas;—limitóse á arrancar de vez en cuando algunos de sus arambeles, quevendía juntamente con las otras piezas sueltas á los orífices toledanos, yreflexionando por fin que sacaría tal vez mejor partido de su hallazgoofreciéndoselo á la Reina, se determinó en el mes de mayo de 1861,estando la corte en Aranjuez , á presentarse en Palacio con una pequeñaparte de su tesoro. El generoso patriotismo de S. M. y el tacto exquisitoque en esta ocasión desplegó nuestro distinguido amigo el señor donAntonio Flores, secretario á la sazón de la Intendencia de la Real Gasa yPatrimonio, triunfaron de la reserva, quizás interesada, del aldeano.Brindaba este á S. M. con una pequeña corona votiva de oro, de ciertoabad de nombre Teodosio, y con una cruz de chapa sencilla del mismometal, de un obispo llamado Lucecio, como únicas alhajas existentes ensu poder; mas la sagacidad del señor Flores acertó á hacerle encontrar ensus ollas otros objetos mas preciosos todavía f—El 24 de mayo tornabanen efecto al Real Sitio de Aranjuez don Juan Figueroa (maestro de escuelade Guadamur ) y Domingo de la Cruz, descubridor del segundo tesoro,trayendo otra corona de extraordinaria magnificencia, de la cual pendíanhermosos clamasterios, no completos, figurando caractéres latinos, doscruces mutiladas, formadas de palmetas bizantinas de gran riqueza, y entrecrecido número de perlas, amatistas y zafiros de inusitado tamaño, unapiedra grabada en hueco de la apariencia de una gruesa esmeralda.
La corona era de aspecto verdaderamente augusto; aunque abollada,conservaba casi íntegras las dos chapas de purísimo oro de su cerco. Grue-sas perlas y lucientes zafiros ornaban los rosetones calados de este, á cuyoborde superior se adaptaban cuatro cadenas de hojas de peral, reunidasen un bello floron de oro y cristal de roca, y de cuyo borde inferiorpendían algunos clamasterios en forma de letras, como los que componenla leyenda de la corona de Recesvintho.—Adivinábase desde luego que
1 Puede en verdad asegurarse que la salvación de este tesoro de la orfebrería visigoda se debe, despuésdel delicado instinto que le hizo á S. M. presentirlo, al talento y celo del Sr. Flores , que tan atinadamentesupo interpretar los deseos de la Reina. Conoció la augusta Señora, por el lenguaje del aldeano, que no lepresentaba este todo lo que habia encontrado en el cementerio de Guarrazar, y con palabras que mereceríanpasar á la posteridad por el noble españolismo que las dictaba, dió al Secretario de su Intendencia lasinstrucciones conducentes para que, sin levantar mano, tratase de inquirir qué objetos más poseía, y leestimulase á entregarlos con el aliciente de una amplia recompensa; y el Sr. Flores por su parte, tan acer-tado anduvo en todos los pasos que dió en Toledo y en Guadamur , que sin dejarle pensar al aldeano en lasgraves contradicciones en que incurría, le decidió á presentarse á S. M. segunda vez con todo cnanto lequedaba del tesoro escondido en sus vasijas: como lo verificó en efecto. Mostróse el portador de la coronade Suinthila pesaroso de haber destruido otras muchas joyas, no sin dolerse de que le hubiesen arrebatadoalgunas, entregadas sin su consentimiento a los plateros de Toledo ; y refirió al Sr. Flores que entre lasalhajas (tan lastimosamente perdidas para la historia y para el arte) habia unos que llamaba cinchos de oroy piedras preciosas, que serian tal vez talabartes ó cinturones, ó acaso diademas; y una paloma de oro, queprobablemente fue una pixis sacra ó vaso eucarístico, de los que en aquella forma, emblema del EspírituSanto, pendían en los primeros siglos del ciborium de los altares y servían para depositar las Santas Formasdestinadas á los enfermos. Magnánima la Reina, agradeció el agasajo que se le hacia, y conformándose conlo propuesto por el Sr. Flores concedió al aldeano Domingo de la Cruz 40.000 rs. de presente y 4.000 depensión vitalicia: galardón de un meritorio arrepentimiento, que acertó á hacer fecundo un leal y discretofuncionario.
à Guadamur venant à passer près de l’endroit, des habitants de ce villageeurent la bonne fortune de remarquer le secret à demi dévoilé des caveaux.Ils achevèrent dans la nuit du 25 au 26 août d’enlever le dessus d’unedes cavités ou caisses en ciment et y trouvèrent tout ensemble avec lescouronnes qui parent aujourd’hui le Musée des Thermes à Paris , d’autresbijoux qui furent barbarement réduits en morceaux. Deux habitans deTolède , l’un d’eux habile bijoutier qui avait été fournisseur de la maisonroyale, eurent part à cette précieuse découverte: on répandit le bruit quele bijoutier avait reçu ces couronnes toutes brisées;—ces joyaux curieuxqui avaient appartenu à nos rois et aux grands seigneurs goths passèrentmystérieusement la frontière, et dans les commencements de l’année 1859les journaux français nous apportèrent la curieuse et triste nouvelle que legouvernement Impérial avait acheté à don José Navarro, joaillier de S. M.la reine d’Espagne, pour l'Hôtel de Cluny , la magnifique couronne deReccesvinthe et diverses autres couronnes votives d’une grande valeur etd’un haut intérêt, sur lesquelles se fixaient avidement les regards de tousceux qui cultivent les études archéologiques.—Au même temps où ceuxqui trouvaient ce premier trésor brisaient par ignorance ou perversité etaliénaient par morceaux aux orfèvres de Tolède les riches joyaux queNavarro devait restaurer pour les vendre en France , un autre individu deGuadamur , ayant appris la trouvaille de ses voisins, réussissait à découvrirle second dépôt contigu au premier et encore intact. Il en retira, si nousdevons l’en croire, des espèces de ceinturons faits d’or et de pierreries,une grande et magnifique couronne, d’autres couronnes unies et petites,diverses croix de plaques minces et une foule de petits objets d’un usageinconnu. Il emporta le tout chez lui, le mit dans des pots de terre qu’ilgarda cachés avec grand soin:—il ne se décida pas à briser les couronnes,il se borna à en arracher de temps à autre quelques-unes de leurs pende-loques, qu’il vendait, tout ensemble avec les autres pièces détachées, auxorfèvres de Tolède ;-—et réfléchissant enfin qu’il tirerait peut-être meilleurparti de sa découverte en l’offrant à la Reine, il se décida dans le courantdu mois de mai 1861, lorsque la cour était à Aranjuez , à se présenter aupalais avec une petite partie de son trésor.—Le patriotisme généreuxde Sa Majesté et le tact exquis que déploya dans cette occasion notre amidon Antonio Flores, alors secrétaire de l’Intendance des Domaines royaux,triomphèrent de la réserve peut-être intéressée du paysan. Celui-ci offraità la Reine une petite couronne votive d’or d’un certain abbé Theodosius,et une croix simple du même métal ayant appartenu à un évêque du nomde Lucetius, comme les seuls joyaux qui fussent en son pouvoir; maisM. Flores sut si bien faire, qu’il lui fit trouver au fond de ses pots deterre d’autres objets encore plus précieux L En effet, le 24 mai don JeanFigueroa, maître d’école de Guadamur , et Domingo de la Gruz, celuiqui avait découvert le deuxième trésor, revenaient à la résidence royaled’Aranjuez apportant une couronne d’une magnificence extraordinaireà laquelle étaient suspendues de belles pendeloques incomplètes, figurantdes caractères latins; deux croix mutilées, formées de palmettes byzantinesd’une grande richesse; et parmi un nombre considérable de perles, d’amé-thystes et de saphirs d’une grosseur peu commune, une pierre gravée encreux ayant l’apparence d’une grosse émeraude.
La couronne offrait un cachet vraiment imposant : quoique bosselée,elle conservait à-peu-près entières les deux plaques de l’or le plus fin quiformaient son cercle. De grosses perles et des saphirs transparents ornaientles rosaces à jour de ce cercle, au bord supérieur duquel s’adaptaientquatre chaînes de feuilles de poirier qui se réunissaient à un beau fleurond’or et de cristal de roche, et dont le bord inférieur laissait pendrequelques beaux bijoux en forme de lettres, comme celles qui composent
1 On peut assurer en toute vérité que si ce trésor de l’orfèvrerie visigolhique a été sauvé, on le doit, aprèsl’inspiration délicate qui le fit pressentir à Sa Majesté, au talent et au zèle de M. Flores, qui sut si bien inter-préter les désirs de la Reine. Sa Majesté comprit au langage du paysan qu’il ne lui présentait pas tout cequ’il avait trouvé dans le cimetière de Guarrazar, et avec des paroles qui mériteraient, en raison du nobleespagnolisme qui les dictait, de passer à la postérité, elle donna au secrétaire de son Intendance les instructionsnécessaires pour que, sans désamparer, il tachât de savoir quels objets il possédait encore et l’encourageâtà les livrer avec l’appât d’une ample récompense; et M. Flores de son côté mit tant de tact dans toutes lesdémarches qu’il fit à Tolède et à Guadamur, que sans laisser entrevoir au paysan les erreurs graves danslesquelles il tombait, il le décida à se présenter une seconde fois à la Reine avec tout ce qui lui restait dutrésor caché dans ses vases de terre. C’est ce que celui-ci fit en effet. Le porteur de la couronne de Suinthilatémoigna du regret d’avoir détruit un grand nombre d’autres joyaux, et se plaignit qu’on lui en eût enlevéquelques-uns, livrés sans son consentement aux orfèvres de Tolède . Il rapporta à M. Flores que parmi lesbijoux (si malheureusement perdus pour l’histoire et pour l’art) il y en avait qu’il nommait des ceintures(, cinchos ) d’or et de pierres précieuses, qui devaient être des baudriers ou ceinturons, ou peut-être aussi desdiadèmes; et une colombe d’or, probablement une pixis sacra ou vase eucharistique, de ceux qui sous cetteforme, emblème du Saint-Esprit, étaient dans les premiers siècles suspendus au ciborium des autels etservaient pour y déposer les saintes hosties destinées aux malades. La Reine dans sa grandeur dame voulutreconnaître le présent qui lui était fait, et sur la proposition de M. Flores elle accorda au paysan Domingode la Cruz 40.000 réaux en argent comptant et une pension viagère de 4.000 réaux. Ce fut là le prix d’unrepentir méritoire que rendit fécond le tact avec lequel un fonctionnaire loyal sut conduire cette affaire.