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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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MONUMENTOS ARQUITECTÓNICOS DE ESPAÑA .

vinidad propicia, corre al templo cargada de dones y presentes, y dejaentre ellos, en el ara del numen cuya protección invoca, las espinas desu ánsia secreta, llevándose la flor de una esperanza siempre renacienteaunque á menudo ilusoria. Es cosa en verdad consoladora que las primerashuellas de la existencia de los pueblos en los tiempos anteriores á todahistoria escrita sean actos de adoración y reverencia al Sér Supremo. Losmonumentos mas antiguos de la tierra son templos, y en ellos resaltadesde luego la ceremonia de las ofrendas públicas. Diríase que el primervagido del humano pensamiento fué un acto de adoración, y que parahacerlo mas duradero habia Dios inspirado al hombre el arte, como sinduda le inspiró el lenguaje! Así se advierte que cuanto más nos remon-tamos en la corriente de los siglos hácia el origen de la raza humana,más caracterizados y más dotados de verdadera inspiración se nos aparecenlos vestigios de la estatuaria y de toda arte plástica aplicada al culto.

¿Quién será capaz de distinguir entre esa infinita variedad de doneslos que son de buena y de mala ley? Solo el que los corazones de losque los consagran. A los ojos de los hombres, los mas preciados son losmas valiosos y deslumbradores.Nada es para la historia de las preocu-padas muchedumbres la ofrenda del pobre bracero y del humilde siervo:nada el pan, el vino, el aceite y el incienso; lo que con mas complacenciaregistra en sus anales son las espléndidas dádivas en cuya trabajosa ela-boración agota sus recursos el arte esclavizado al orgullo, y por cierto noomite ni aun los prolijos y cansados pormenores cuando describe la ofertadel altivo varón triunfal, la del pretor rapaz, la del despótico príncipe óla de la envilecida colonia: cuando se trata de enumerar vasos y ánforasde plata y oro, hermosas pinturas, escudos con retratos de célebres repú-blicos, costosas armas, lujosos arreos y vestiduras, tronos votivos, trípodes,candelabros, mesas y lechos de oro y marfil, las coronas de los vencedoresen los públicos certámenes, las soberbias y grandes estatuas y las primo-rosas dactiliotecas 1 .

Pero tampoco es de nuestra incumbencia el quilatar el valor moral delas ofrendas de los antiguos pueblos y su prez á los ojos de la Divinidad:modestos historiadores de una olvidada partecilla de la arqueología litúr-gica en sus relaciones con el arte, solo nos corresponde el rastrear entrelos documentos de la antigüedad mas fidedignos los diferentes usos delas coronas en los templos, y el origen de la costumbre de ofrendar enellos esas joyas cuyo estudio se nos recomienda hoy con vivo interés porel descubrimiento del tesoro de Guarrazar.

La corona es quizá tan antigua en el mundo como el mismo hombre,que primero ceñiría con ella sus propias sienes, y luego, después deinventada la plástica, la colocaría como adorno en la cabeza de lossimulacros de la Divinidad. Los templos egipcios y ninivitas nos descubrenfiguras coronadas de varias maneras, y por cierto con gracia suma en lasformas; pues difícilmente puede concebirse nada mas elegante que lascoronas de flores de loto que ostentan algunos personajes en los bajo-relieves de las pirámides de Sagara y de Giset 2 .Refiérenos Plinio 3 queen la remota antigüedad solo á los dioses se daba este distintivo, y queel primero en aplicárselo á mismo fué Baco; pero el profeta Baruchnos dice 4 que entre los babilonios los sacerdotes quitaban en secreto á losdioses sus coronas para ponérselas ellos y sus mancebas.Cargados de

mate brutal et nomade, tout individu qui aspire à se concilier la faveurden haut, court au temple chargé de dons et de présents, et avec euxlaisse sur lautel de la divinité dont il invoque la protection le souciqui arrête lessor de son âpre désir, et en emporte dans son cœur lépa-nouissement de lespérance, toujours prête à renaître bien que souventdéçue. Lame éprouve une bien douce consolation en considérant queles premières traces de lexistence des peuples dans les temps antérieursà toute histoire écrite sont des actes de vénération et dadoration enverslEtre-Suprême. Les monuments les plus anciens de la terre sont destemples, et lon y voit ressortir tout dabort la cérémonie des offrandespubliques. On dirait que le premier vagissement de lintelligence humainefut un acte dadoration, et que pour en perpétuer le souvenir Dieu avaitinspiré lart à lhomme, comme à nen point douter il lui inspirale langage!Ainsi lon observe que plus on remonte le cours des siècles vers loriginede la nébuleuse humanité, plus on remarque le caractère et le cachetdune véritable inspiration dans les vestiges de la statuaire et de tout artplastique appliqué au culte.

Qui pourra discerner dans la variété infinie de ces offrandes celles quisont méritoires de celles qui ne le sont pas? celui- seul qui voit les cœursde ceux qui les consacrent. Aux yeux des hommes les plus précieuses sontles plus riches et les plus éblouissantes. Ce nest rien pour lhistoire desmasses absorbées par les préjugés que loblation du pauvre travailleur etde lhumble serf: ce nest rien que le pain, le vin, lhuile et lencens; cequelle enregistre avec le plus de complaisance dans ses annales ce sontles dons fastueux lart, docile esclave de lorgueil, a laborieusementépuisé ses ressources; et elle se garde bien de faire grâce des détailsles plus prolixes et les plus fatigants lorsquelle décrit les offrandes dugénéral hautain célébrant son triomphe, du préteur rapace, du princedespote ou de la colonie avilie: ou bien encore lorsquil sagit dénumérerdes vases et des amphores dargent et dor, de belles peintures, des bou-cliers avec des portraits de personnages fameux, des armes de prix, deriches parures et vêtements, des trônes votifs, des trépieds, des candé-labres, des tables et des lits dor et divoire, les couronnes des vainqueursdans les jeux publics, la grandeur et la magnificence dans les statues, etle travail exquis des dactyliothèquesb

Cependant il ne nous appartient pas non plus de scruter la valeurmorale des offrandes faites par les peuples de lantiquité, et den estimerle mérite aux yeux de la divinité; historiens modestes dune fractionoubliée de larchéologie liturgique dans ses rapports avec lart, notretâche se borne à rechercher entre les documens anciens les plus dignesde foi, les usages divers auxquels servaient les couronnes dans les temples,et lorigine de la coutume dy faire offrande de ces joyaux dont létudese recommande aujourdhui avec un vif intérêt par suite de la découverte

du TRÉSOR DE GUARRAZAR.

Lantiquité de la couronne est peut-être aussi haute dans le mondeque lexistence de lhomme lui-même, qui dabord dut en ceindre sonfront, et puis, après linvention de la plastique, laura placée commeornement sur la tête des statues des dieux. Les temples égyptiens et nini-vites nous montrent des figures couronnés de diverses manières, et (nousdevons ajouter) avec beaucoup de grâce dans les formes: en effet il seraitdifficile de rien concevoir de plus élégant que les couronnes de fleurs delotus qui parent quelques personnages dans les pyramides de Sagara etde Giseh 2 .Pline nous dit 3 que dans la haute antiquité lon ne donnaitquaux dieux cette marque distintive, et que le premier qui sen paralui-même fut Bacchus; mais le prophète Baruch témoigne 4 que chez lesbabyloniens les prêtres enlevaient en secret aux dieux leurs couronnes

1 Pausanias y Plinio abundan en esta clase de descripciones, y entre los poetas clásicos son muy comunes;pero maravilla la gran semejanza que presentan sus narraciones con las de los Libros Sagrados y escritoreseclesiásticos de tiempos posteriores. No es extraño en verdad que la enumeración que hace el libro III de losReyes (cap. VI y VII) de los ornamentos y objetos preciosos de todo género reunidos por Salomón en eltemplo de Jerusalen , confrontada con la que nos dejó Anastasio bibliotecario de los objetos regalados á lasiglesias de Roma por los primeros pontífices, presente, á pesar del inmenso intervalo de tantos siglos, unacuriosa identidad de especies y basta de nombres; lo sorprendente es que la identidad exista también entre losdocumentos de la historia sagrada y los de la profana en esta materia. Según el testimonio de Pausanias , lasoblaciones, ofrendas y tesoros de toda especie con que los pueblos y los reyes habían enriquecido los templosde Délos y de Olimpia, eran de naturaleza semejante; con la sola diferencia de que en los dones de Grecia ,obras de los mejores tiempos del arte, el valor de la materia, ya de suyo preciosa, se realzaba con el mérito yexcelencia de la mano de obra, al paso que las ofrendas de que habla Anastasio, como de siglos de decadenciaartística, eran inferiores á aquellos en el gusto y la ejecución.

2 Véanse en la obra citada del Dr. Lepsius.

3 Hist. nat., lib. XVI, cap. IV. Antiquitus quidem nulla, nisi Peo, dabatur (corona)... Feruntque pri-mum omnium Liberum patrem imposuisse capiti suo ex edera.Traducción con notas de Harduino, párrafo 4.

También según Plinio la inventora de las coronas fué Glicera, pues dice hablando del pintor Pausias (lib. XXXV, cap. XL): Amavit in juvenla Glyceram municipem suam, inveníricem coronarum, etc.

1 Profecía de Raruch, cap. VI.

1 Pausanias et Pline nous offrent de ces descriptions en abondance, et parmi les poètes classiques ellessont fort communes; mais on est surpris de la grande ressemblance que nous offrent leurs récits avec ceuxdes Livres Sacrés et des écrivains ecclésiastiques des temps suivans. On ne doit point sétonner sans douteque lénumération contenue au livre Ht des Rois (chap. VI et VII) des ornements et objets précieux de touteespèce réunis par Salomon dans le temple de Jérusalem, comparée avec celle que nous a laissée Anaslasele bibliothécaire des objets donnés en présents aux églises de Rome par les premiers pontifes, offre, malgrélintervalle énorme de tant de siècles, une identité curieuse despèces et même de noms. Ce quil y a détrangecest que cette identité existe également dans cette matière entre les documens de lhistoire sacrée et ceux delhistoire profane. Daprès le témoignage de Pausanias , les oblations, les offrandes et les trésors de toute sortedont les peuples et les rois avaient enrichi les temples de Délos et ceux dOlympie, étaient de pareil genre; àla seule différence près que dans les dons de la Grèce , œuvres des meilleurs temps de lart, la valeur de lamatière, par elle-même précieuse, était encore rehaussée par le mérite et la perfection du travail, tandis queles offrandes dont parle Anastase, appartenant à des siècles de décadence artistique, étaient inférieures auxautres sous le rapport du goût et de lexécution.

2 Voir louvrage déjà cité du Dr. Lepsius.

3 Ilist. nat., liv. XVI, chap. IV. Anliquitus quidem nulla, nisi Deo, dabatur (corona)... Feruntque pri-mum omnium Liberum patrem imposuissc capili suo ex edera.Traduct. avec notes de Hardouin, paragraphe 4.°

Daprès Pline aussi linventrice des couronnes fut Glycère, car il dit en parlant du peintre Pausias (li-vre XXXV, chap. XL): Amavit in juventa Glyceram mumeipem suam, inventricem coronarum, etc.

4 Prophétie de Raruch, chap. VI.

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