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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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CORONAS Y CRUCES VISIGODAS DEL TESORO DE GUARRAZAR.

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la Apoteosis de Augusto, que perteneció á la Abadía de Poissy y que hoyse conserva en el Museo de Yiena; el Germánico de la Biblioteca Nacionalde París; un Júpiter de la misma colección que procede de la catedralde Chartres ; y, por último, el más célebre de los vasos antiguos, el Vasode la Abadía de Saint Denis, sardónice inapreciable existente en el Ga-binete de Antigüedades de la misma Biblioteca Nacional de París. Nopocas obras de la glíptica antigua fueron engastadas como piedras preciosasen las encuadernaciones de los Misales y Evangeliarios 1 ; otras lo fueron enlas alhajas ofrendadas en los altares, como sucedió con las que se han des-cubierto en la corona visigoda de Receswintho, en las cruces de los An-geles y de la Victoria, y en otros muchos objetos de orfebrería de nuestrasiglesias y catedrales; otras, por último, fueron destinadas á servir de sellos,de lo cual nos suministran muy notables ejemplos el Baco índico del sellodel rey de Francia Pipino, y el Sérapis del de Carlomagno. Los magna-tes y prelados que tenian la suficiente cultura para distinguir lo profanode lo sagrado, no admitían para sus sellos y anillos semejantes reliquiasidolátricas: hacían grabar á los escasos artífices de quienes podían valerse,los asuntos ó emblemas que su piedad ó las circunstancias les sugerían, ysi bien en el anillo de Glodoveo, en el siglo Y, sólo se grabó su mono-grama, ya el de Ghildeberto I, á principios del Yi, representó al reymerovingio retratado de frente á la manera de los Griegos del Bajo-Im-perio; Chilperico I , á mediados de la misma centuria, se hizo retratar enbusto con corona gemmata, en un hermoso zafiro; y promediando elsiglo VII, vemos al obispo de Meaux , Ebregisilo, usando un soberbio ani-llo que representa una composición complicada, á San Pablo primer er-mitaño, arrodillado ante un crucifijo, con el cuervo que le llevaba diaria-mente el pan del cielo posando sobre su cabeza. Nuestra Anunciaciónsirvió probablemente de sello á algún obispo, ó bien á alguno de aquellosmagnates que á nuestros reyes visigodos servían, ya en el oficio palatino,ya en la gobernación del Estado,condes, gardingos, tiuphados, vica-rios, etc.

Lo que con motivo de este curioso monumento dejamos dicho acercade la glíptica en los primeros siglos de la Edad-Media , demuestra que nose deben aventurar en esta materia proposiciones absolutas. Acaso si elinteligente M. Labarte hubiese tenido conocimiento de nuestra esmeralda,no habría afirmado con la seguridad que resalta en sus palabras, que elarte de grabar en piedras duras estuvo completamente olvidado en todoel Occidente durante la Edad Media 2 . Y aparece en esta materia tan sis-temática la idea del distinguido arqueólogo, que si por casualidad losinventarios de los reyes y príncipes franceses del siglo XIV le ponen antelos ojos algún objeto de glíptica cristiana de remota edad, al punto des-cubre en él rasgos é indicios de manufactura bizantina 3 * 5 , para que no lequede en su inopia artística al Occidente ni la dudosa gloria de haberquizá producido alguna obra de este género. Que nuestra Anunciación noes obra bizantina, harto lo manifiesta su dibujo, ménos que medianocomparado con el de los objetos de glíptica del Bajo-Imperio que todosconocemos. Cabalmente en los siglos V, YI y YII el dibujo florecía enBizancio , á tal punto que muchos camafeos de aquella edad y de aquellaprocedencia llegan á confundirse con los del Imperio romano en su mejortiempo. Tampoco es posible atribuirla á manos italianas, porque es sabidoque desde el quinto siglo la glíptica y la anaglíptica cesaron en Italia detodo punto.

El otro residuo de arte plástica que el Tesoro de Guarrazar nos con-serva, algo significa como arte, y no carece de importancia como indus-tria. Redúcese á un par de fragmentos de plata oxidada, en uno de los

1 En la citada Biblioteca Nacional de Paris existe un Evangeliario latino de la Santa Capilla , con encua-dernación de plata dorada, donde hay un crucifijo adornado con perlas y piedras preciosas, entre las cualesse ve una amatista con la cabeza de Caracalla .

2 Recordando el citado escritor que Pipino sellaba con un Baco y Carlomagno con un Sérapis , « il y a lieu

de penser (dice) que fart de graver sur pierres dures était complètement tombé en oubli durant le moyen-

âge, chez tous les peuples de l'Occident. » Obr. cit., t. I, p. 375.

5 Cita á este propósito una piedra antigua sigilar del inventario de Carlos V (redactado en 1379, manus-crito existente en la Biblioteca Nacional de París bajo el núm. 8.356), en que se representa á Jesús crucificadocon la Virgen y San Juan al pié de la cruz, y en los brazos de la misma sendos ángeles. Sólo por expresarla partida en que se hace mérito de este anillo, usado todos los viérnes por el rey Carlos , que la cruz esdoble, concluye M. Labarte que la obra es bizantina, porque la cruz de brazos dobles (« double traverse ) sóloen el Imperio de Oriente estaba en uso. Pero se nos figura que el texto en que se funda tan deleznable con-jetura no ha sido bien interpretado, pues dice literalmente: Annel des vendredis, lequel est néellé et y est laCroix double noire de chascün costiî, etc.; y para nosotros lo que esto quiero significar no es que la cruzfuese de brazos dobles, sino que la cruz estaba reproducida en el reverso de la piedra, y en ambas haces(de chascan costé ) era negra. Las dos haces ó caras podían estar de manifiesto hallándose la piedra engar-zada en un perno ó espiga, como lo estaba sin duda alguna nuestra esmeralda.

Tibère offerte comme reliquaire à la Sainte Chapelle de Paris ; [ApothéosedAuguste qui avait appartenu à labbaye de Poissy, et qui se conserveaujourdhui au Musée de Vienne; le Germanicus de la Bibliothèque Na-tionale de Paris; un Jupiter de la même collection qui vient de la Cathé-drale de Chartres; et enfin le plus célèbre des vases antiques, le Vasede lAbbaye de Saint Denis , sardonyx inappréciable qui se trouve dansle Cabinet des Antiquités de la même Bibliothèque Nationale de Paris.De nombreuses œuvres de glyptique antique furent enchâssées commepierres précieuses dans les reliures des Missels et des Évangéliaires 1 ;d autres le furent dans les joyaux offerts aux autels, comme il advint àcelles quon a découvertes dans la couronne wisigothe de Recceswinthe,dans les croix des Anges et de la Victoire, et dans beaucoup dautres ob-jets dorfèvrerie de nos Églises et de nos Cathédrales; dautres enfin furentdestinées à servir de sceaux, et le Bacchus Indien du signet de Pépinroi de France , et le Sérapis de Charlemagne, nous en fournissent de très-remarquables exemples. Les grands seigneurs et les prélats dont la cul-ture était suffisante pour distinguer le profane du sacré, nadmettaient paspour leurs sceaux ou pour leurs anneaux de telles épaves idolatriques: ilsfaisaient graver par les ouvriers quils pouvaient se procurer,toujoursrares,les sujets ou emblèmes que leur piété ou les circonstances leursuggéraient, et bien que lanneau de Clovis au V e siècle noffrit que sonmonogramme, déjà celui de Ghildebert 1 er , au commencement du VI e , re-présentait le portrait du roi mérovingien de face, à la manière des Grecsdu Bas-Empire; Chilpéric I er , au milieu du même siècle, se fit reproduireen buste sur un beau saphir portant une couronne enrichie de pierreries;et vers le milieu du VIP siècle nous voyons lévêque de Meaux , Ebregisile,se servir dun superbe anneau qui représentait une composition compli-quée: Saint Paul , premier ermite, agenouillé devant un crucifix, etayant sur sa tête le corbeau qui lui apportait chaque jour le pain duciel. Notre Annonciation fut probablement employée comme cachet parquelque évêque ou par quelquun des grands seigneurs qui servaient nosrois wisigoths, soit dans loffice palatin, soit dans le gouvernement delEtat,maires du palais, ducs, comtes, vicaires, etc.

Ce que nous venons de dire, à loccasion de ce curieux monument,sur la glyptique dans les premiers siècles du moyen-âge, démontre quonne doit pas risquer en cette matière des propositions absolues. Peut-êtreque si lintelligent M. Labarte avait eu connaissance de notre émeraude,il naurait pas avancé avec lassurance qui ressort de ses paroles que lartde graver les pierres dures fut complètement oublié dans tout lOcci-dent pendant le moyen-âge 2 . Lidée de cet archéologue distingué paraîten cette matière tellement systématique, que si par hasard les inventairesdes rois et des princes français du XIY e siècle mettent sous ses yeuxquelque objet de glyptique chrétienne dune époque reculée, aussitôt il ydécouvre des traits et des indices de manufacture byzantine 3 , pour quilne reste pas même à lOccident dans sa pauvreté artistique la gloiredouteuse davoir produit quelque œuvre de ce genre. Que notre Annon-ciation nest pas une œuvre byzantine, cela est amplement démontrépar son dessin, moins que médiocre comparé avec celui des objets deglyptique du Bas-Empire que nous connaissons tous. Précisément dansles Y e , YP et YIP siècles le dessin florissait à Byzance à un tel dégré,que beaucoup de camées de cette époque et de cette provenance nese distinguent pas de ceux de lEmpire romain du plus beau temps. Ilnest pas non plus possible de lattribuer à des mains italiennes, parce-quon sait que dès le cinquième siècle la glyptique et lanaglyptique ces-sèrent absolument en Italie.

Lautre fragment dart plastique que le Trésor de Guarrazar nous aconservé, signifie quelque chose comme art, et comme industrie nest pasdépourvu dimportance. Il se réduit à une couple de morceaux dargent

1 Dans cette même Bibliothèque Nationale de Paris existe un Évangéliaire latin de la Sainte Chapelle avecune reliure dargent doré, se trouve un Crucifix orné de perles et de pierres précieuses, parmi lesquelleson voit une améthyste avec la tête de Caracalla.

2 Cet auteur en rappelant que Pépin scellait avec un Bacchus et Charlemagne avec un Sérapis , dit expressé-ment : « // y a lieu de penser que l'art de graver sur pierres dures était complètement tombé en oubli durantle moyen-âge, chez tous les peuples de l'Occident. » Op. cit., t. I, p. 375.

3 II cite à ce propos une pierre antique sigillaire de linventaire de Charles V (rédigé en 1379, manuscritqui existe à la Bibliothèque Nationale de Paris sous le n.° 8.356), dans laquelle est représenté le Christ encroix avec la Vierge et Saint Jean au pied, et dans les bras de la croix des anges. Or, uniquement parceque le document lon parle de cet anneau, employé tous les vendredis par le roi Charles , dit que la croixest double, M. Labarte en conclut que lœuvre est byzantine, par la raison que la croix â bras doubles (àdouble traverse) nétait en usage que dans lEmpire dOrient. Mais il nous semble que le texte sur lequelcette conjeclure risquée se fonde na pas été bien interprété, car il dit littéralement: Annel des vendredis le-quel est néellé et y est la Croix double noire de chascun costé, etc.; ce qui pour nous signifie, non pas quela croix avait des bras doubles, mais quelle était reproduite sur le revers de la pierre, et des deux faces (dechascun costé ) elle était noire. Les deux faces pouvaient être également visibles, la pierre étant enchâssée dansun pivot, comme létait sans aucun doute notre émeraude.