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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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MONUMENTOS ARQUITECTÓNICOS DE ESPAÑA .

No podemos participar de semejante opinion. Á nuestro modo de ver,los escultores ornamentistas franceses que representaron la flor en cues-tión en manos de la Virgen, no tuvieron más propósito que figurar laazucena, considerada en todo tiempo como símbolo de una gran virtud 1 .Ahora, que la azucena esté más ó ménos disfrazada, ora tomando la for-ma del yaro, ó del efémero, ora aproximándose á la de la flor de lis óde la alabarda que los galos llamaban angón y los francos denominaronfrancisca, cuya hechura se supone inspirada por esa misma flor de lospantanos que lleva el nombre de íride salvaje, efémero ó gladiolo; estoen nada atenúa la probabilidad de aquel propósito, porque sabido es queel escultor adornista, si tiene verdadero sentimiento artístico, no se ciñeservilmente á las formas que la plañía del bosque ó la flor del jardin lesugieren, sino que las modifica á capricho y según su fantasía, tomandode tales objetos el carácter tan sólo, y procurando dar al conjunto la másbella y graciosa expresión. Combinando artísticamente las yaroideas conlas liliáceas, ya moviendo convencionalmente sus hojas ó pétalos, ya su-primiendo ó agregando el pistilo, que en el yaro y el efémero se elevarecto y brioso del centro del cáliz, se obtienen, ora la flor simbólica dela diosa Juno, ora el lirio bíblico, ese lirio de quien dice la Escrituraque no le igualó Salomon en toda su gloria; ora el lirio que miraba elreligioso romano como símbolo de la Esperanza; ó la flor de lis del galoy del franco, llevada por éste á sus armas de guerra y puesta como em-blema en el escudo de sus reyes; ora por último la azucena, que con sugracioso contorno y su deslumbradora blancura, nos habla á nosotros loscristianos de la inmaculada pureza y de la inocencia de la Virgen María 2 .

Si, pues, esa vara ó tallo que sube derecho del tiesto colocado á lospiés de la santa doncella, es una planta de azucena, como sospechamos,podemos resueltamente enunciar que la esmeralda grabada del Tesoro deGuarrazar es uno de los ejemplares más interesantes de iconografía cris-tiana conocidos hasta ahora, por esa singularidad, rarísima entre las obrasde glíptica de la Edad-Media hispano-goda, de representar á la Virgencon el símbolo ó atributo de su inmaculada pureza, no usado en aquellaremota edad en nación alguna. Si ese tallo recto, que verdaderamente noaparece coronado por la flor en que debería rematar, es tan sólo una varade Jesé, entonces disminuirá el interes de esta pequeña obra de arte porun lado, pero aumentará por otro, porque subsistiendo siempre el ser pe-regrino producto de la glíptica cristiana del tiempo de los visigodos, an-terior á la decadencia de estos civilizados Bárbaros , obtendrémos, á faltade un ejemplar raro del uso de la azucena como atributo de la Virgen,otro, acaso más raro todavía, de la genealogía de Jesucristo por mediode la vara mística, que sólo hasta ahora habíamos visto representada enmonumentos de los siglos XII y siguientes.

Ya hemos indicado que el valor de este objeto y de los demas de suespecie destinados á uso sigilar nace de su grande escasez. El cristianismo,observa con razón M. Leonir, ha producido muy pocas piedras grabadasen hueco para servir de sellos: las abraxas de los primeros siglos denuestra Era, preciosas piedras llenas de símbolos místicos, ejecutadas or-dinariamente por los gnósticos y los basilidianos, son casi excepciones dela regla general. Ya lo dijimos ántes: en las épocas de poca cultura, conlas muchas piedras grabadas antiguas que sobrevivieron á la ruina delmundo pagano, había lo bastante para enriquecer el mobiliario sagradode las iglesias. Desconocida por completo la iconografía gentílica y lasignificación de las fábulas mitológicas, muchos obispos y abades, no yasolamente los magnates, creían de buena fe que poseían en ellas ale-gorías cristianas dignas de exornar las urnas de los mártires, los vasossagrados, las cruces, los paramentos de los altares, etc. Así se salva-ron, como por milagro, de una destrucción casi segura, la famosa sar-dónice de Tiberio, regalada como relicario á la Santa Capilla de París ;

cripcion que hace el Doctor Colson ( Mémoires de la Société des Antiq. de Picardie, t. VIII, p. 245) de unamedalla de Julia Mamea , en cuyo reverso se ve una Juno que tiene en una mano un lirio y en la otra unphallus. Véase la obra de M. Woillez, Iconog. des plantes ardides figurées au moyen-âge en Picardie, et con-sidérées comme origine de la fleur de lis de France. Amiens , 1848, p. 41.

1 La azucena, dice el ingenioso César Ripa (Iconolog., Venecia , 1645, p. 62), es el antiguo jeroglíficode la Belleza, según refiere Piero Valeriano , quizá porque es la única flor que reúne aquellas tres noblescualidades que una dama florentina expresó ser necesarias en la mujer verdaderamente bella. Invitada aquelladama por un escultor adocenado á externar su opinion respecto de una estatua de mujer que acababa delabrar, con gran discreción le dijo, velando la censura de su obra infeliz: «La mujer hermosa, aunque sea demármol, es blanca, mórbida y dura.» Lo mismo reconoce el Vasari , y éstas tres cualidades las reúne en sumogrado la azucena.

2 Escribiendo San Jerónimo contra Joviniano , dice que la azucena es la flor de la pudicia y de la virgini-dad, según se desprende del Cantar de los Cantares , que pone en boca de la esposa celestial estas palabras:Pascimur inter lilia, esto es, entre seres castos y púdicos.

Nous ne pouvons partager une semblable opinion: nous croyons queles sculpteurs ornemanistes français qui ont mis cete fleur dans les mainsde la Vierge nont eu dautre intention que de figurer le lis, cette fleurconsidéré en tout temps comme symbole dune grande vertu 1 . Maintenantque ce lis soit plus ou moins déguisé, que tantôt il prenne la forme delarum 5 que tantôt il se rapproche de liris ou de ce fer de lance appeléangon chez les gaulois et francisque chez les francs, et dont la forme estsupposée avoir été inspirée par cette fleur des marais qui porte le nomdiris ou flambe, ou bien de glaïeul, cela ne signifie rien contre notrethèse, car on sait fort bien que le sculpteur ornemaniste, sil est doué dunvéritable sentiment artistique, ne se restreint pas servilement aux formesque la plante du bois ou la fleur du jardin lui suggère, mais quil les mo-difie à son gré et selon sa fantaisie, en ne prenant de ces objets que le ca-ractère, et en sefforçant de donner à lensemble la plus belle et la plusvive expression. Combinant artistiquement les aroïdes avec les liliacées,soit en donnant un mouvement conventionnel à ses feuilles, soit en sup-primant ou en accusant le spadice qui dans larum et la flambe sélève droitet vigoureux du centre du calice, on obtient tantôt la fleur symbolique dela déesse Junon, tantôt le lis biblique, ce lis dont lEcriture sainte dit, queSalomon dans toute sa gloire ne légalait pas en beauté; tantôt le lis quele religieux romain regardait comme le symbole de lespérance, ou cettefleur de lis que le gaulois et le franc portaient à leurs armes de guerre, ouque le dernier plaçait comme emblème sur lécu de ses rois; tantôt enfinle lis qui avec ses gracieux contours et son éblouissante blancheur nousparle à nous chrétiens de la pureté immaculée et de linnocence de laVierge Marie 2 .

Si donc cette baguette ou cette tige qui monte toute droite du vase pla- aux pieds de la Sainte Vierge est une plante de lis comme nous le soup-çonnons, nous pouvons déclarer résolument que lémeraude gravée duTrésor de Guarrazar est un des exemplaires les plus intéressants de lico-nographie chrétienne connus jusquà ce jour, en raison de cette sin-gularité, très-rare parmi les œuvres de glyptique du moyen-âge his-pano-gothique, de représenter la Vierge avec le symbole de sa puretésans tache, attribut qui navait été employé à cette époque reculée en au-cune nation. Si au contraire cette tige droite, qui véritablement ne paraitpas couronnée par la fleur qui devrait la terminer, nest quune tige deJessé, cela alors diminuera lintérêt de cette petite œuvre dart duncôté, mais laugmentera de lautre, car continuant toujours à être un pro-duit singulier de la glyptique chrétienne du temps des wisigoths, anté-rieur à la décadence de ces Barbares civilisés, nous obtiendrons à défautdun exemplaire rare de lemploi du lis comme attribut de la Vierge, unautre, peut-être encore plus rare, de la généalogie de Jésus-Christ par lemoyen de la tige mystique, que nous navions vue représentée jusquicidans des monuments antérieurs au XII e siècle.

Nous avons indiqué que la valeur de cet objet et des autres du mêmegenre destinés à servir de cachets, vient de leur grande rareté. Le chris-tianisme, fait observer avec raison M. Leonir, a produit très-peu de pierresgravées en creux pour servir de sceaux: les abraxas des premiers sièclesde notre Ere, précieuses pierres remplies de symboles mystiques, exécutéesordinairement par les gnostiques et les basilidiens, sont pour ainsi diredes exceptions à la règle générale. Nous lavons déjà dit précédemment:dans les époques dignorance, les nombreuses pierres gravées antiquesqui avaient survécu à la ruine du monde païen étaient plus que suffisan-tes pour enrichir le mobilier sacré des églises. Liconographie païenneet la signification des fables mythologiques étant alors complètement in-connues, non seulement les grands personnages, mais aissi les évêqueset les abbés, croyaient de bonne foi posséder en elles des allégorieschrétiennes dignes dorner les urnes des martyrs, les vases sacrés, lescroix, les ornements des autels, etc. Cest ainsi que se sauvèrent commepar miracle dune destruction presque certaine, la fameuse sardonyx de

est la description que fait le docteur Colson ( Mémoires de la Société des Antiquaires de Picardie, t. VIII,p. 245) dune médaille de Julia Marnée, au revers de laquelle on voit la déesse Junon tenant dans une mainun lis et dans lautre un phallus. Voir lœuvre de M. Woillez: Iconog. des plantes aroïdes figurées au moyen-âge en Picardie, et considérées comme origine de la fleur de lis de France. Amiens , 1848, p. 41.

1 Le lis, dit lingénieux César Ripa (Iconolog., Venecia , 1645, p. 62) est lantique hiéroglyphe de laBeauté, ainsi que le rapporte Piero Valeriano, peut-être parce que cest lunique fleur qui réunisse les troisnobles qualités quune dame florentine disait être nécessaires à la femme vraiment belle. Celte dame, invitéepar un sculpteur vulgaire à donner son opinion sur une statue de femme quil venait dachever, lui dit avecbeaucoup de finesse en voilant le blâme de son œuvre malheureuse: « Una belle femme, encore quelle soit demarbre, doit être blanche, morbide et dure.» Vasari est de la même opinion, et ces trois qualités se trouventréunies au suprême degré dans le lis.

2 Saint Jérome écrivant contre Jovinien, dit que le lis est la fleur de la pureté et de la virginité, comme onle voit par le Cantique des Cantiques, qui met dans la bouche de l'épouse céleste ces paroles: Pascimur interlilia, cest-à-dire, parmi les êtres chastes et pudiques.

A

12 323 fol.