10
de sus gloriosos herederos, cuantas nociones artísticas, cuantos procedi-mientos industriales habian modificado en las tierras del Andálus las anti-guas conquistas y las heredadas prácticas del arte latino-bizantino , culti-vado por la raza hispano-latina bajo el yugo del Islam; cuantas nocionesarquitectónicas, cuantos medios técnicos poseian los vasallos mudejáres,se hermanaban, en contrario, y se sometían de buen grado á la nuevaley de vida, que venía á rehabilitarlos con el soplo vivificador y fecun-dante de la ya incontrastable cultura cristiana.
Lo mismo en Aragon que en Castilla, para coadyuvar á los fines fun-damentales de aquel arte, que durante el angustioso y difícil período decuatro largos siglos,—fiel á las tradiciones latino -bizantinas, personificadasen la esfera de las ciencias y de las letras por el nombre y la autoridadde San Isidoro, —había interpretado los conflictos, las alegrías y los triun-fos del cristianismo en lucha exterminadora contra el Islam, nacía, pues,el peregrino estilo arquitectónico, ya conocido con nombre de mudejár,llamado también á interpretar bajo multiplicadas relaciones, el crecientedesarrollo de la civilización española en todos los ángulos de la Península.Y no fué Zaragoza , cabeza desde su reconquista de los dominios arago-neses, la última de las ciudades de aquel reino que debía reflejar en susmonumentales construcciones el peregrino consorcio de los distintos ele-mentos, que en esta manifestación artística se consociaban. Al lado de lasfábricas mahometanas, que pregonaban allí todavía la gloria del Califatocordobés ; al lado de las que enaltecían acaso el nombre de los Beni-Hud,erigíanse en su recinto, durante la Edad-Media , templos, palacios y otroscien edificios, donde brillaban en estrecho maridaje las galas y preseasdel arte cristiano, en sus diferentes y sucesivas manifestaciones, herma-nadas con las preseas y las galas del arte mahometano, realizándose portal camino, no sin determinada influencia de valiosos accidentes locales,cual acontecía también en las demas ciudades ibéricas, el único bello idealartístico, que era dado realizar por sí á la civilización española 1 . Y enefecto: á despecho de la destructora acción de los siglos, cruelmente fa-vorecida por la incuria y la ignorancia de los hombres, enorgullécesetodavía la Reina del Ebro con la posesión de fábricas mudejáres tan be-llas y características como la Torre de San Gil; el Abside de la Magda-lena; la gallarda Torre de San Pablo; la Capilla del Papa Luna; la muyesbelta Torre Nueva, y otras diversas construcciones, entre las cuales noson para olvidadas las debidas á la discreta mano de los Reyes Católicos ,quienes dieron nuevo esplendor y magnificencia al suntuoso alcázar deAhmed-Al-Mondhir-Abú-Chaáfar, artística gloria de los Beni-Hud y ricoornamento por largas centurias de la ciudad de los Jaimes y los Alfonsos.
A este singular estilo, único que, dados su origen y sus caractéres,podia recibir título de nacional en la España de la Edad Media , satisfa-ciendo por igual, en todas las esferas sociales, las necesidades de la vida 2 ,pertenece, pues, el Tríptico-Relicario del Monasterio de Piedra, encuanto se relaciona con el arte arquitectónico. Construcción industrial,embellecida por la pintura, muévenos también, bajo este interesantísimoconcepto, no ya sólo á buscar sus precedentes dentro de la cultura espa-ñola , sino á investigar y señalar las relaciones que guarda realmente elarte, que la produce, con el arte de otros pueblos meridionales. Logradoeste segundo propósito, fácil nos será ya el discernir la significación y
d’Alphonse YI, et comme il allait arriver sous l’Empire de ses glorieuxhéritiers, toutes les notions artistiques, tousles procédés industriels avaientmodifié dans les terres de YAndalous les antiques conquêtes et les pra-tiques héréditaires de l’art latino-byzantin, cultivé par la race hispano-la-tine sous le joug de l’Islam; toutes les notions architectoniques, tous lesmoyens techniques que possédaient les vassaux mudejares s’harmonisaientau contraire et se soumettaient de bon gré à la nouvelle loi de la vie, quivenait les rehabiliter sous le souffle fécond et vivifiant de la civilisationdéjà irrésistible du christianisme.
Ainsi en Aragon comme en Castille, naissait ce style architectoniquesingulier, déjà connu sous le nom de mudejar, qui venait en aide dans laréalisation de ses fins fondamentales à cet art qui, fidèle aux traditionslatino -byzantines, personnifiées dans la sphère des sciences et des lettrespar le nom et l’autorité de Saint Isidore, avait interprété, pendant la dou-loureuse et difficile période de quatre longs siècles, les conflits, les joieset les triomphes du christianisme dans la lutte à mort soutenue contrel’Islam. A son tour, ce style était appelé à interpréter sous des rapportsmultipliés le développement progressif de la civilisation espagnole sur tousles points de la Péninsule . Et Saragosse, la tête des domaines aragonaisdès qu’elle fut reconquise, ne fut pas la dernière des villes de ce royaume,qui devait refleter en ses constructions monumentales le singulier mariagedes éléments distincts, qui venaient s’associer dans cette manifestation ar-tistique. À côté des fabriques mahometanes, qui y faisaient éclater encorela gloire du Califat de Cordoue, à côté de celles qui peut être exaltaient lenom des Beni-Hud, il s’élevèrent dans son enceinte pendant le Moyen-Agedes temples, des palais et d’autres édifices, où brillaient dans une étroiteunion le luxe et les œuvres de l’art chrétien, dans ses manifestations di-verses et successives, avec le luxe et les œuvres de l’art mahometan.Ainsi se réalisait, non pas sans l’influence déterminée de puissants acci-dents locaux, comme il arrivait également dans les autres villes ibériques,l’unique bel ideal artistique, qu’il était donné à la civilisation espagnolede réaliser par elle même 1 . En effet, en dépit de l’action destructive dessiècles, si cruellement favorisée par l’incurie et l’ignorance des hommes,la Reine de l’Ebre s’enorgueillit encore de posséder en son sein desfabriques mudejares aussi belles et aussi caractéristiques que la Tour deSan Gil; Y Abside de la Magdalena; l’élégante Tour de San Pablo; laChapelle du Papa Luna ; la Tour Nouvelle si svelte, et d’autres différen-tes constructions, parmi les quelles il ne faut pas oublier celles, qui sontdues à la main discrete des Rois Catholiques, qui donnèrent une nouvellesplendeur au magnifique et somptueux alcazar de Ahmed-Al-Mondhir-Abû-Chaâfar, gloire artistique des Beni-Hud et ornement de la ville desJaime et des Alphonses, pendant une longue suite de siècles.
Le Triptyque-Reliquaire du Monastère de Piedra, en tout ce qui serapporte à l’art architectonique, appartient donc à ce style singulier, uni-que, qui d’après son origine et ses caractères, pouvait bien être appelénational dans l’Espagne du Moyen-Age, puis qu’il répondait également,dans toutes les sphères sociales, aux nécessités de la vie 2 .—Comme cons-truction industrielle embellie par la peinture, nous nous sentons porté souscet intéressant rapport, non seulement à en chercher les précédents dansla civilisation espagnole, mais à découvrir et à signaler les relations qu’aréellement l’art, qui l’a produite avec celui des autres peuples méridio-naux. Après avoir atteint ce second objet, il nous sera facile de discerner
1 Digno es de madura contemplación, al estudiar el respectivo génesis del estilo mudejár en cada una delas comarcas españolas, donde tiene verdadera iniciación y logra sucesivos y legítimos desarrollos, que el selloespecial que respectivamente lo distingue, es’debido, no sólo al estado en que se muestra el arte cristiano ensus progresivas trasformaciones, sino más inmediatamente acaso al momento histórico, en que aparece el artemahometano en cada una de las expresadas regiones, al someterse y rendir el tributo de sus riquezas á latriunfante civilización cristiana. Nacen de aquí, como un hecho natural, las señaladas diferencias que al pri-mer golpe de vista descubrimos, por ejemplo, entre los monumentos mudejáres de León y Burgos, Toledo yZaragoza, Córdoba y Sevilla ; y reconocido este doble principio de investigación y de análisis, léjos de produ-cirse en el estudio y en la clasificación científica de los monumentos mudejáres la confusión y el desorden,con que los han visto por desdicha algunos eruditos, llegando al extremo de pretender imponerles el títulode mozárabes , hácese fácil y cumplidero todo trabajo crítico-arqueológico, no ya sólo por lo que á las fábricasarquitectónicas concierne, mas también por cuanto á las producciones de las artes derivadas toca. De estaverdad histórica nos ofrece el más luminoso testimonio el Tríptico-Relicario del Monasterio de Piedra, ácuyo estudio sirven de introducción y fundamento las presentes observaciones, no cabiendo por otra parteduda en que brilla en él, considerado en su conjunto, el mismo sello que resplandece en los monumentosmudejáres de la antigua córte de los Beni-Hud, cumpliéndose por tanto aquella indeclinable ley que alientapor igual y armoniza con las obras del grande arte de construir, las producciones de las artes industriales.
2 Fácilmente comprenderán nuestros lectores que nos referimos con estas palabras á todas las órbitas dela vida, en que satisface la arquitectura las más altas é importantes necesidades de la existencia social. Y enefecto, la arquitectura religiosa, la civil, la militar y la rural pidieron á su vez y obtuvieron del estilomudejár satisfacción cumplida en todas las comarcas ibéricas, poblándose en consecuencia la Península,en el espacio de cuatro largos siglos, de templos, alcázares, castillos y alquerías, que, respondiendo enadmirable conjunto á las sucesivas exigencias de la cultura nacional, constituyeron la mayor y más genuinagloria artística en la España de la Edad Media .
1 En étudiant la gènese respective du style mudejar dans chacune des contrées espagnoles, où il a unevéritable initiation, et où il obtient des développements légitimes et successifs, il est digne d’une attentionsérieuse de remarquer que le caractère spécial, qui le distingue respectivement, est dû, non seulement à letat>où se montra l’art chrétien dans ses transformations progressives, mais plus immédiatement peut-être au mo-ment historique dans le quel apparait l’art mahometan dans chacune de ces régions, pour se soumettre et appor-ter le tribut de ses richesses à la civilisation chrétienne déjà triomphante. De là naissent, comme un fait na-turel les différences marquées, que nous découvrons au premier coup d’œil, par exemple entre les monumentsmudejars de Leon et de Burgos, de Tolède et de Saragosse, de Cordoue et de Seville; et ce double principed’investigation et de analyse une fois admis, loin de produire dans letude et dans la classification scientifiquedes monuments mudejars la confusion et le désordre, qu’y ont vus par malheur certains érudits, qui sontallés jusqu’à prétendre leur imposer le titre de mozarabes, rend au contraire facile et satisfaisant tout travailcritique-archéologique, non pas seulement pour ce qui concerne les fabriques architectoniques, mais encorepour tout ce qui touche aux productions des arts dérivés. Nous trouvons le plus lumineux témoignage de cettevérité historique dans le Triptyque-Reliquaire du Monastère de Piedra, à l’étude du quel ces observations-ciservent d’introduction et de fondement. Car il n’y a pas de doute, d’ailleur, que le même caractère qui res-plandit dans les monuments mudejars de l’antique cour de Beni-Hud, ne brille dont cette œuvre, considérée enson ensemble; et ici, comme ailleurs, s’accomplit cette inévitable loi, qui anime également les œuvres du grandart de construire et les productions des arts industriels, et harmonise les unes avec les autres.
2 Nos lecteurs comprendront facilement, que ces paroles s’appliquent à toutes les choses de la vie, oùl’architecture intervient pour satisfaire les besoins les plus élevés et les plus importants de l’existence sociale.Et en effet, la architecture religieuse, ainsi que la civile, la militaire et la rurale demandèrent tour à tour austyle mudejar, et obtinrent de lui, satisfaction complété dans toutes les contrées ibériques; et en conséquencependant la période de quatre longs siècles, la Péninsule se couvrit de temples, d’alcazars, de châteaux etd’alquerias, qui répondant dans un admirable ensemble aux exigences successives de la civilisation nationale,constituèrent la plus grande et la plus originale gloire artistique de l’Espagne du Moyen-Âge.