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5 (1859) Leon - Madrid - Palencia - Salamanca - Segovia - Sevilla / por Francisco María Tubino ... [et al.]
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TRÍPTICO-RELICARIO DEL MONASTERIO DE PIEDRA.

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el verdadero precio de esta rica joya pictórico-industrial en la historia delas artes patrias. Expongamos al intento algunas breves reflexiones.

Por fortuna hemos manifestado ántes de ahora ámplia y satisfactoria-mente, combatiendo los errores de cuantos se han dejado en nuestros diasdominar por añejas preocupaciones, que no apareció la Península Pirenáica, en orden al cultivo de letras y artes, condenada á perpétua oscuri-dad y embrutecimiento, ni trás la desapoderada irrupción de los bárbaros,ni trás la triunfante invasión mahometana 1 . No se anubló tampoco enmedio de aquellas grandes catástrofes, que redujeron el suelo ibérico ádolorosa servidumbre, la luz del divino Arte de la Pintura, ya trasfor-mado por la mano del cristianismo; verdad histórica, de que hemos dadorepetidos testimonios en diferentes estudios. Que vive y florece en el tri-ple sentido de Pintura Mural, Pintura en Pergamino y Pintura enTabla, propagándose de siglo en siglo, basta constituir una de las másaltas glorias del ingenio español , lo hemos finalmente comprobado enmás especiales trabajos arqueológicos, que han visto tiempo la luzpública 2 . Así, operándose este movimiento y desarrollo general del Artede la Pintura en todos los confines de la España cristiana, no podia dejarde reflejarse poderosamente en el suelo aragonés, como se reflejaba en él,con fecundo efecto, el concierto total de las demas bellas artes. Aragón debía, no obstante, recibir primero, y con mayor eficacia que otra regiónde Iberia , las no dudosas influencias, que traían desde la Península italianaá las costas mediterráneas las náos españolas .

Reconocidas las relaciones comerciales y políticas, que habían enla-zado de antiguo á los puertos de Barcelona, Tarragona y Tortosa con lospueblos de la Europa central ; tenido en cuenta el florecimiento, que al-canza el Casal de Aragón, con las ambicionadas conquistas de Mallorca yde Valencia; no olvidadas por último las heroicas empresas de Sicilia yde Cerdeña, empresas que tenían preparado al nombre de Alfonso V unporvenir de gloria inmarcesible, no era por cierto de extrañar que arrai-garan también de antiguo en las comarcas de Cataluña, de Aragón y deValencia las vividoras tradiciones del arte pictórico, refrescadas una yotra vez en Italia por las auras de Bizancio . Segundados afortunadamenteen aquella Península los pasos de un Cimabué y un Giotto , un Margarit-tone y un Siena, un Andrea Orcagna y un Tadeo Gaddi, un SimónMemmi, un Alegretto Nucci y un Giovanne di Pisa , respondían á tannobles esfuerzos en los tres reinos, durante el siglo XIV, un Luis Barrasay un Juan Cruilles, un Ramón Torrente y un Pedro de Zuera, un MaestreMarsal y un Guillermo Arnau, no faltando quien mereciera en la mismacórte de Aragón el aplauso de los discretos y la protección de la corona 0 .Recibido el impulso y aceptado el ejemplo de la nueva manera itálicapor distinguidos y numerosos imitadores, cual lo había sido en Sevilla bajo los auspicios del Rey Sabio 4 , no era sino muy natural que aquellafructífera influencia tomase cuerpo y señoreára en todas las esferas delarte pictórico, enriqueciendo al par tabernáculos, retablos, altares ycuantos objetos del mobiliario sagrado contribuían en algún modo aldecoro y la solemnidad del culto.

De este modo, pues, recibiendo el Tríptico-Relicario del Monaste-rio de Piedra el tributo de la pintura italiana , adunaba esta inestimableconquista con las ya realizadas por la arquitectura, apareciendo en con-

1 Respecto de las letras y de las ciencias pueden servirse nuestros ilustrados lectores consultar los estudioque hemos realizado acerca de la edad llamada visigoda en nuestra Historia critica de la Literatura española,capítulos Vil, VIII y IX del 1.1, y los verificados sobre los Escritores cristianos del Califato cordobés, enel t. II, cap. XII. Respecto de las artes, nos limilarémos á recordar las monografías que en la presenteobra se refieren á los Monumentos latino-bizantinos, ora los consideremos durante la denominación referida,ora en los primeros siglos de la Reconquista, ora bajo el imperio de los Abd-er-Rahmanes.

2 Pueden verse las monografías que sobre la Pintura Mural en España y la Pintura en Pergamino hemosdado á luz en el Museo Español de Antigüedades, no olvidando tampoco el detenido ensayo que hicimos sobrela Pintura en tabla, al escribir la monografía del Arca Sepulcral de San Isidro, Patrón de Madrid; estudioque procuraremos dar á conocer á los lectores de los Monumentos arquitectónicos de España , ajustándolo álas especiales condiciones de esta obra. La demostración histórica producida por todos estos trabajos no pue-de, en verdad, ser más satisfactoria.

3 No solamente los reyes, sino también las ciudades ó municipios de Aragón , se pagaron de proteger, den-tro del siglo XIV, á los cultivadores de la pintura. Así, mientras don Alfonso IV concedía en 1334 á Jordanetode Urries, hijo de don Pedro Jordán de Urries, su Maestro Racional, la suma de mil sueldos jaqueses paraque se dedicara al estudio de las artes, hacía la Ciudad de Valencia donación de local cómodo y conveniente alMaestro Marzal para que cultivara en él la pintura (Carderera , Reseña histórica de la Pintura en la coronade Aragón, páginas 5 y 9). Dado el ejemplo, tributábanse en todo el siglo á los pintores mayores honras:don Juan I otorgaba en 1392 su regio beneplácito al pintor Guillermo Arnau para llevar y usar armas prohibi-bidas: un año ántes había perdonado la vida al escultor Jaime Dez Maz, complicado en la matanza ejecutadapor el populacho en los judíos de Barcelona ( Historia social, política y religiosa de los judíos de España yPortugal , t. II, cap. VII).

i Véase el estudio sobre los Códices de los Cantares et Loores de Sancta María, que dimos áluz en el Mu-seo español de Antigüedades.

la signification et la véritable valeur de ce riche joyau pictorico-industrieldans lhistoire des arts nationaux. Faissons maitenant quelques reflexions.

Heureusement nous avons montré antérieurement avec étendue etdune façon satisfaisante, en combattant les erreurs de tous ceux qui de nosjours se laissaient dominer par danciennes préocupations, que la Pénin-sule Pyrénaïque, relativement à la culture des lettres et des arts, ne parutpas condamnée à una obscurité et à un abrutissement perpétuels, ni aprèslirruption désordonnée des barbares, ni après linvasion mahométanetriomphante 1 . Au milieu de ces grandes catastrophes, qui réduisirent le solibérique à une douloureuse servitude, la lumière de lArt divin de la peintu-re, déjà transformé par la main du christianisme, ne se voila pas non plus;vérité historique dont nons avons donné des preuves répétées en différen-tes études. Que cet art vit, et fleurit dans la triple direction de PeintureMurale, de Peinture sur Parchemin et de Peinture sur bois, et il se pro-page de siècle en siècle, jusquà constituer une des plus hautes gloires dugenie espagnol, nous lavons établi dans de travaux archéologiques plusparticuliers, qui ont été publiés il y a un certain temps 2 . Ce mouvement etce développement général de lArt de la Peinture, sopérant ainsi sur tousles points de lEspagne chrétienne, il ne pouvait ne pas se réfléter sur lesol aragonais, comme sy réflétait avec une féconde efficacité lensemble detous les autres beaux arts. LAragon, dailleurs, devait recevoir dabord, etdune façon plus sensible que toute autre région de lIbérie, les infleun-ces non douteuses, que les navires espagnols apportaient de la Penínsulaitalienne aux côtés de la Mediterrannée.

Les relations commerciales et politiques, qui avaient relié de tempsanciens les ports de Barcelone , de Tarragone et de Tortosa avec les peu-ples de lEurope centrale; létat florissant, qu acquiert le Casai dAra-gon par les conquêtes embitionnées de Mayorque et de Valence; enfin lesentreprises héroïques de Sicile et de Sardaigne , qui allaient préparér unavenir de gloire impérissable pour le nom dAlphonse V, ne nous permet-tent pas, si nous en tenons compte, dêtre surpris si les traditions vivi-fiantes de lart de la peinture, raffraîchies de temps à autre en Italie parle soufle de Byzance, avaient pénétré profondément, et depuis longtempsdans les contrées de la Catalogne, de lAragon et de Valence. Si en Italie on secondait les heureux efforts dun Cimabué et dun Giotto, dun Mar-garittone et dun Siena, dun Andrea Orcagna et dun Tadeo Gaddi, dunSimon Memmi , dun Alegretto Nucci et dun Giovanne di Pisa, dans lestrois royaumes, pendant le XIV e siècle, leur répondaient ceux dun LouisBarrasa et dun Jean Cruilles, dun Ramón Torrente et dun Pedro deZuera, dun Maestre Marsal et dun Guillermo Arnau; et il ne manquaitpas de peintres à la cour même dAragon pour exciter les applaudisse-ments des connaisseurs et attirer la protection de la couronne 3 . Une foislimpulsion reçue, et lexemple de la nouvelle manière italienne acceptépar des imitateurs nombreux et distingués, comme il lavait été à Sévillesous les auspices du Roi Sage 4 , il était très naturel que cette influenceproductrice prit corps et dominât dans toutes les sphères de lart de la pein-ture, en enrichissant en même temps tabernacles, retables, autels, et tousles objets du mobilier sacré, qui contribuaient de quelque manière à lor-nementt et à la solennité du culte.

De cette façon le Triptyque-Reliquaire du Monastère de Piedra, rece-vant donc le tribut de la peinture italienne, réunisait cette inestimable con-quête avec celles que larchitecture avait déjà réalisées, et se présentait

1 Pour les lettres et les sciencies nos lecteurs peuvent consulter les études, que nous avons faites sur lépo-que appelée wisigothe dans notre Historia critica de la Literatura española (cap. VII, VIII y IX du to-mo 1 er ), et sur les Escritores cristianos del Califato cordobés (t. II, cap. XII). Pour les arts, nous nousbornerons à rappeler les monographies, qui dans cet ouvrage même se rapportent aux Monuments latino -byzantins, soit que nous les considérions pendant la domination indiquée, soit dans les premiers siècles dela Reconquista, soit sous lempire des Abd-er-Rahmans .

2 On peut voir les monographies que nous avons publiées dans le Museo español de Antigüedades sur laPeinture Murale en Espagne, et sur la Peinture en Parchemin , sans oublier non plus le long essai que nousavons fait sur la Peinture sur bois, en écrivant la monographie de l'Area sepulcral de San Isidro , Patronde Madrid; étude que nous tacherons de faire connaître aux lecteurs des Monuments architectoniques d'Es-pagne , en lajustant aux conditions spéciales de cette œuvre. La démonstration historique produite par tous cestravaux, ne peut en vérité être plus satisfaisante.

3 Non seulement les rois mais encore les cités ou municipes dAragon se piquaient de protéger au XIV e siècleceux qui cultivaient la peinture. Ainsi, pendant quAlphonse IV accordait en 1334 á Jordaneto de Urries,

fils de don Pedro Jordan de Urries, son Maître Racional, la somme de mille sueldos jaqueses, pour quil sadon-nât à létude des arts, la ville de Valence faisait donation dun local commode et convenable au Maestro Mar-zal pour quil y exerçât la peinture (Carderera , Reseña histórica de la Pintura en la corona de Aragon, pags. 5et 9). Après cet exemple, pendant tout le siècle on rendait aux peintres les plus grands honneurs : don Juan I eraccordait en 1392 son permis royal au peintre Guillermo Arnau pour quil put porter des armes prohibées:un an auparavant il avait fait grâce de la vie au sculpteur Jaime Dez Maz compliqué dans le massacre com-mis par la populace sur les juifs de Barcelone ( Historia social, política y religiosa de los judíos de Espa-ña y Portugal , t. II, cap. VII).

4 Voir létude sur le Códices de los Cantares et Loores de Santa Maria, que nous avons publiée dans leMuseo español de Antigüedades.