capitulo ii. 3 27
«o han podido salir de la medianía en unaciencia ó arte , sobresalen en otras mas aná-logas á sus disposiciones naturales. Esta esuna verdad que comprueba diariamente laexperiencia, y de que solo se exceptúa elcorto número de los que nacen dotados degrandes disposiciones y de un talento subli-me, y aquellos que por su natural rudeza 6estupidez son ineptos para todo. La exacti-tud y viveza de la ojeada militar, que co-noce en el momento la extensión, venta-jas &c. de los puestos, parece ha de depen-der necesariamente de la perfección del ór-gano de la vista, así como los efectos del so-nido dependen de la del oido; y siendo así,no cabe duda en que la ojeada es un talen-to natural, esto es, que se posee en mayoró menor grado de perfección, según la finu-ra y delicadeza de los órganos visuales. Tam-poco se puede negar que hay algunos hom-bres que carecen absolutamente de este tino,así como hay oidos insensibles á la armonía.Pero aunque este sea un don de la naturale-za, es evidente que si el arte no lo desple-ga, cultiva y perfecciona, jamas produciráel correspondiente fruto que se desea.
La ojeada militar 1 se divide en dos par-
1 No se ha de confundir la ojeada militar con el cono-cimiento del país en que se hace la guerra, pues bien sepercibe que son dos cosas muy diferentes. Un buen guia,por exemplo, poseerá el conocimiento del país, y esto lecasta para servir con utilidad; pero carecerá de la ojeada