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que los que trataron de la Alquimia y de la Astrología judiciaria, naturaly médica, buscando de ordinario con esquisito cuidado el oro y los juiciosque perdian, hallaron en ocasiones riquezas de mayor estimación y utilidad,de las que, poco contentos por no ser las deseadas, las despreciaron en sutiempo, utilizándolas, sin embargo, una posteridad que habia de ser ávida delo útil y de todo lo que fuese de estimar.
Sentadas las premisas anteriores, y refiriéndolas á los libros Alfonsíes cas-tellanos del Saber de Astronomía y de las Tablas del mismo nombre quese llevan publicadas, es fácil demostrar que el positivismo de la razón y delclaro sentido común concurrente de los sábios que rodearon á D. Alfonso deCastilla en la segunda mitad del siglo XIII, fue un foco de luz en Tole-do , cuyos rayos vivísimos debieron poseer facultad enérgica penetrante altravés del tiempo, pasando de inteligencia en inteligencia, para purificarsey perfeccionarse conforme los siglos trascurrieran, hasta alcanzar la cienciade los cielos, su grado máximo de exactitud y precisión en la mente de lossábios.
Si esta primera consecuencia de lo que se lleva espuesto fuese lógica,los libros Astronómicos Alfonsíes no sería lícito juzgarlos, según el dichode Van-Langren, aplicándolos de una manera absoluta lo que este escribiócomo criterio de la razón filosófica contra la Alquimia antigua, y que noshemos tomado la libertad de ampliar á la Astrología judiciaria, despresti-giada en las obras de D. Alfonso.
Espuestas las dos consecuencias anteriores, surjen en la mente connaturalidad, la pregunta y el deseo de saber, cómo siendo los libros as-tronómicos de la pléyada Alfonsí del siglo XIII entidades reales, y la cienciapositiva de sus autores foco de luz de rayos con facultad penetrante muyenérgica al través de los siglos déla inteligencia, según nuestra afirmación,apenas se sintiesen los efectos de aquella luz en los progresos del verdaderosaber, pocos años después que D. Alfonso desapareció de la escena socialen sus reinos de la Península.
La contradicción de frase que existe entre la pregunta anterior y losresultados de aquella ciencia merecen fijar la atención con tanto mayorcuidado, porque se trata del saber de los hombres de la edad media, tesoroque comparado podrá ser pequeño, pero que no está bien conocido por lainmensidad de la riqueza de los tiempos modernos. Aquella contradicciónla hemos llamado de frase, diciendo que merecía meditarse profundamenteen ella, porque la ilustración, á nuestro juicio, sostenida bajo la firme ysegura base de las ciencias positivas, es lenta en su evolución, y se alcanzaprévios numerosos y grandes trabajos; no es hija de la improvisación, ymenos de la brevedad del tiempo. Tampoco se pierde, una vez conseguida,tan rápidamente como la luz del relámpago. Su influencia, si se disminuye,va poco á poco desapareciendo, y casi con tantas dificultades como las