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Relativamente al primer dueño de este precioso fragmento Alfonsí, sepueden formar algunas conjeturas, y tal vez determinar con certeza,por el escudo de armas que trazó el calígrafo en la primera vitela, y des-pués repitió muchas veces en otras del cuerpo del Códice ; pero nosotrosno hemos podido saber hasta ahora quién fue el poderoso de la corte delemperador D. Carlos ó de su hijo D. Felipe, que tuvo, por amor á D. Al-fonso de Castilla, el deseo de poseer, sin perdonar gastos, una copia de loslibros astronómicos de aquel, tan costosa como esta, ó bien para quién ypor quién se trazaron sus bellísimas vitelas.
Este Códice estuvo mucho tiempo sin encuadernar, resultando que du-rante todo el siglo XVII y parte del XVIII, hasta que se encartonó, susfolios sufrieron mil cambios de lugar, encontrándose hoy en un desordencompleto de colocación, que nosotros atribuimos á la curiosidad con quese los ha examinado cientos de veces por diferentes personas antes desu encuadernación, reuniéndolos entonces con otro en papel, copia del Có-dice escurialense en vitela llamado el Lapidario de Abolais.
A pesar de lo que llevamos indicado sobre el lujo y riqueza artística delas vitelas en el Códice Alfonsí de que se trata, le debió alcanzar en elsiglo XVII una época de singular abandono y desprecio. Este tiempo ledejó anotado la pluma de un anónimo en la primera hoja membranáceaantigua de dicho libro, en la cual se lee:
«Se compró en Mnxlrid el 18 de junio de 1684, en cuatro doblones de dos escudos, ó sean 192 rs.»Añadiendo. «Si esta obra estuviese entera se estimaría en cien doblones (próximamente 5000 rs.) Pareceoriginal, y no tienen precio sus láminas por el gran ajustamiento y hermosura. Aunque es obra Real,compuesta y mandada hacer por el Roy D. Alfonso el Sábio, es distinta de sus labias Astronómicas,y no se ha publicado.»
Posteriormente á la fecha referida no se tienen noticias de este pre-ciado Códice , ni del tiempo y cómo llegó á formar parte de los manus-critos que se guardan en la Biblioteca Nacional de Madrid . Tampoco sesabe, ni es fácil averiguar, cuándo perdió las vitelas que le faltan, y quiéncopiló estas con los libros de mineralogía astrológica de Abolais, sin dudaporque en el prólogo de estos últimos se les llamó Alfonsíes. La descrip-ción detallada de este Códice, véase en el apéndice D.