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haberles hecho muchas mercedes, los embió contentos ti sus tierras, dándoles franquezas, y que fuesenlibres ellos y sus descendientes de pechos, derechos y pedidos, de que hay cartas fechas en Toledo doze dias andados del mes de mayo, era de MCCC.
Estas Tablas Astronómicas de que habla el P. Higuera, tan famosascomo todos saben, según el período anterior, las dió á conocer aquel concierto gusto bibliográfico nutrido de datos curiosos; y como garantía de serciertos, además de hallarse fundados en la tradición veneranda por suantigüedad, lo estaban por ciertas cartas fechas en Toledo , doce dias anda-dos del mes de mayo, era de MCCC.
Se comprende que D. Nicolás Antonio, Castro y algunos otros, hayanaceptado la opinión del P. Higuera sobre la existencia del Códice tabularde que se trata, entre otras razones por la grandiosidad histórica que resultade suponer en los alcázares de Galiana reunidos en el siglo XIII, bajo lapresidencia del Rey D. Alfonso, disputando á los sesenta mas grandes as-trónomos árabes, hebreos y cristianos de Europa , sobre el movimiento delfirmamento y de las estrellas, y ocupados en tal trabajo los años segui-dos que trascurrieron desde 1258 hasta el de 1262.
Nada decimos de la despedida de tantos sábios, cargados de las merce-des reales y contentos con las franquicias vitalicias y perpetuas para todossus descendientes, que según ciertas cartas cuya memoria invoca el P. Hi-guera, concedió espléndidamente D. Alfonso á los astrónomos que secitan en la anterior noticia, sobre un Códice ú obra astronómica una vezconcluida.
Pero todo esto, por muy grandes que sean las bellezas poéticas ó his-tóricas y biográficas apasionadas contenidas en ello, está en oposición, yforma un contraste estraordinario con el sencillísimo prólogo del libro quelos dos únicos y verdaderos astrónomos, Ihuda fi de Mose, fi de Mosca,et Rabicag Aben-Cayut, redactaron y concluyeron en Toledo en 1272 conel título de las Tablas Astronómicas Alfonsíes.
Creemos que el P. Higuera, al hablar del Códice hipotético de que setrata, lo hizo fiado en la tradición. Pero esta, al referirse á las grande-zas mas gloriosas de los tiempos pasados, muchas veces el deseo y lapasión la hicieron hiperbólica. Sin embargo aquella tradición, antes de llegarcomo noticia al P. Higuera, debió tener un origen, que hemos buscadocuidadosamente sin preocuparnos mucho por aquellas cartas fechadas enToledo , que creemos no han existido jamás.
El Rey D. Alfonso se sabe con evidencia tuvo gran amor á los sábiosde su tiempo, bien fuesen árabes ya fuesen cristianos. Sus Tablas Astro-nómicas, llamadas las Alfonsíes, se arreglaron y trasformaron en el si-glo XIV en Barcelona, en Mompeller y en París . Estos dos hechos, elprimero bien evidenciado, y el segundo de que pudieron tenerse algunasnoticias, oscurecidas por la distancia y el tiempo, en la mente de algún