Ei
lu catálogo que precede de las 254 estrellas que tcnian nombres pro-pios árabes y castellanos en tiempo de D. Alfonso, le hemos formado co-pilando todas aquellas frases y versiones que se encuentran en los cuatrolibros de las cuarenta y ocho figuras y estrellas de los cielos, escritos porel Rey sábio y sus astrónomos. Es probable que las memorias de estosy la del primero, cuando se propusieron describir en sus menores detalles,en la centuria décimatercera la esfera celeste, se debieron ver envuel-tas y asaltadas mil veces por las fábulas que una antigüedad mas remotahabia escrito con las estrellas. También es cierto y evidente, porque exis-ten, que aquellas fábulas se leían, vertidas en castellano, en libros de laépoca Alfonsí, ilustradas las unas con dichos de bellísima construcción gra-matical, y las otras oscurecidas por las mayores estravagancias, hijas deldeseo de saber el porvenir en todas sus variedades, que es posible dificulta-sen á los sábios de la pléyada Alfonsí para escribir con desembarazo sucatálogo estelar. Pero aquellos, sin embargo del peligro de caer en loserrores pasados, y de las dificultades mencionadas para acertar con el mé-todo seguido en los tiempos modernos de la astronomía, en la descripcióntopográfica, si así se la quiere llamar, de los cielos, adoptaron un caminoy siguieron una marcha fundada en principios dignos de estudiarse, y so-bre los cuales, una vez conocido el elenco alárabe-castellano precedente,nos pareció debíamos detenernos algunos momentos, aunque fuese con bre-vedad suma.
En el referido documento astronómico Alfonsí, se nota que varios delos 254 nombres que le forman son colectivos de diversas estrellas, quese diferencian después en los libros de las 48 imágenes, por números deorden, por sus magnitudes, por precederse ó retrogradar las unas relativa-mente á las otras en los ortos y ocasos, y además por sus relaciones deposición respecto de los cuadrángulos, triángulos y líneas curvas en ciertamanera definidas, de las cuales formaban parte las estrellas coleccionadas