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Sol y reales de la Luna , es evidente que se intentó saber si aquellos eranuniformes ó variables; y en el último caso, si serian periódicos ó absolu-tamente irregulares, lo cual no se pudo concebir en siglo alguno, aten-diendo á la perfección de la obra concluida por el Hacedor del universo.
Muy pronto, en las investigaciones que llevamos mencionadas de lasrelaciones que existían entre las estrellas, el Sol y la Luna , los astrónomosantiguos debieron notar algunas entre las primeras, cuyos lugares y movi-mientos respecto del Sol éran sumamente irregulares, bien por su lentitudcomparada, ya por la velocidad mayor y mas grande con que cruzaban losespacios, bien por encontrarse á veces retrógradas respecto del Sol , ó yapor aparecer mas avanzadas y delanteras al disco ó plano circular apa-rente del luminar del dia. A estas estrellas, que aunque cortas por sunúmero, eran de bellísimo aspecto y sorprendente magnitud entre todaslas que la vista humana podia distinguir en el firmamento de los cielos,se las llamó las erráticas ó planetas, según los griegos; de estudio difici-lísimo, cuando consideradas como cuerpos redondos, movedizos y mo-vientes, se vió que no podian compararse por sus movimientos con losde la esfera de las fijas, sensiblemente uniformes durante el trascurso delos siglos, aunque retrogradasen por grados lentísimamente. La compara-ción de los lugares de las erráticas con el Sol y la Luna fue tambiéndifícil, aunque se supusieran los dos últimos planetas, pues estos siemprese movian avanzando hácia lugares diferentes entre las fijas cuando seles observaba en el fondo de la retina, órgano de la visión humana enla superficie de la tierra, y aunque aquellos astros apareciesen mas retró-grados que las estrellas con quienes se les comparó en los períodos detiempos llamados orbitales ó ánuos.
Además de lo espuesto, los astrónomos de la antigüedad decian queel centro del Sol y el rayo de luz que de él partía, incidiendo normal-mente sobre los diferentes puntos del globo terrestre, trazaba en la su-perficie de este, en cierto período de tiempo, una espiral muy cerrada,cuyos límites eran dos líneas ó circunferencias equidistantes y sensible-mente paralelas al ecuador, constituyendo una zona en la tierra en la cual,trazando por puntos una línea correspondiente á los lugares que el Sol ocupaba en el cielo trascurrido cada período de veinticuatro horas iguales,se halló la eclíptica, círculo que por necesidad cortó á aquella zona celesteoblicuamente, considerándola desdé la mas remota antigüedad como la líneamedia de los dias de la espiral anual, trazada por el rayo central del Sol en la superficie de la tierra y en la esfera de las fixas.
Esta última línea circular, constituida por las declinaciones australes yboreales del Sol con relación al ecuador y su plano, limitada por otracircunferencia concéntrica que alcanzaba hasta el quinto cielo de los an-tiguos, sirvió para fijar los lugares correspondientes del astro del dia al