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á que nos referimos dice, no solo que Júpiter es de pintado parescer y defermoso solaz, sino que además añade que este planeta luce mas en aque-llos puntos de su órbita que se corresponden á las estrellas fijas de Aries,Tauro y Gémini, que mengua ó decrece su luz cuando pasa de grado engrado por Cáncer, Leo y Virgo, que se oscurece mucho conforme va ensu revolución pasando por Libra, Escorpión y Sagitario; notando ya quese esclarece un poco para ganar toda su luz y pintado parescer, y mayorhermosura, conforme va cruzando los espacios celestes señalados por lasestrellas de Capricornio hasta las de Acuario, y de’las de este último hastalas de Piscis, volviendo en definitiva en los tres signos siguientes á reci-bir y reflejar la luz que el Sol le mandaba en su órbita con los gradosmáximos de su intensidad.
Dos opiniones curiosas y peregrinas se leen en el libro de Aben-Ragel sobrela naturaleza de Júpiter , y sobre la época y lugar que ocupó en el cieloen los momentos de la creación. Estas opiniones creemos que por haberestado muy escondidas, han corrido riesgo de perderse; y si nuestra con-jetura fuese cierta, para evitar aquel peligro las espondremos en estelugar, manifestando que en el lenguaje castellano, tal como se leen, Aben-Ragel , que las escribió, no dice que sean suyas, sino de otros sábios masantiguos.
La primera opinión sobre los materiales ó cuerpo de Júpiter es que fuehecho de la claridad del aire, et de su lumbre, et de su uiento purgadoó purificado. Estas frases, aunque astrológicas, al parecer con ellas se in-tentó dar conocimiento de la mucha luz que correspondía á Júpiter entrelas demás estrellas.
La segunda opinión se refiere al lugar astronómico en que Dios colocóal planeta dicho en el momento de la creación, sobre cuyo punto diceAben-Ragel, que algunos sábios antiguos aseguraban que Júpiter era en lacasa de su ascendente el dia en que Dios empezó á criar el mundo.
Con independencia de estas dos últimas indicaciones, sobre las que he-mos llamado la atención únicamente por su estrañeza y singularidad, en loque anteriormente se lleva espuesto creemos se encuentran algunos de loshechos físicos y planetarios que echaba de menos en los libros antiguosFontana. Pueden compararse con los que dejaron escritos los astrólogos yastrónomos castellanos del siglo XIII sobre los planetas inferiores y sobreMarte, y se hallará fácilmente, que para aquellos la entidad de Júpiter co-mo astro era muy diferente. Respecto de los primeros, porque no teniafases visibles, y con relación á los segundos no se presentaba con los mis-mos caracteres dinámicos en sus arredramientos y apartamientos del Sol.
Comparado con Marte , que era en su caso con quien debía tener ma-yores semblanzas dinámicas, tampoco habla nada Aben-Ragel , como dignode llamar la atención y de haber sido perceptible para los antiguos, sin