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Como se ve, las frases castellanas anteriores, según se leen en los librosde Aben-Ragel , escritas en el siglo XIII y contemporáneas del Rey D. Al-fonso, contienen una afirmación sobre el sistema planetario del mundo, quela generalidad hubiera creido mas propias de los tiempos modernos que dela edad y centuria arriba mencionada.
La sencillez de su esposicion es admirable; la verdad en ellas contenidano se puede decir que fue improvisada ni casual, pues aunque las frasesson cortas, las afirmaciones en ellas contenidas suponen penosísimos tra-bajos de observación prévios, con los cuales se llegó á una síntesis desnu-da de los cálculos que Copérnico emprendió y siguió durante treinta añospara completar su famoso sistema; pero no por la desnudez matemática,las frases mencionadas dejan de envolver una de las objeciones mas gran-des contra el sistema antiguo de Ptolomeo .
Todavía es pronto: cuando los estrangeros quieran las glorias antiguasde España ; cuando el tiempo, émulo mortal de famas postumas; cuandolos años, que también quieren que caduquen los escritos, como decia Gar-cía Ventanas (vide pág. 86), den lugar los últimos con su trascurso á quese oscurezcan algún tanto, no los libros de Copérnico y Ptolomeo , queserán siempre inmortales, sino tanto trabajo escrito, tanta poesía apasio-nada, tanta hipérbole, tanta pasión nacional, política y mas principalmentereligiosa con que se ha hablado desde hace algún siglo sobre las tumbasde las dos grandes inteligencias que arriba se mencionan, entonces, y solopara entonces, los astrónomos y astrólogos castellanos del siglo XIII, queescribieron de los planetas guiados por la observación y con tan grandesentido común y razón sensata, deben esperar que la historia verdadera delas ciencias humanas sea para ellos justa, indemnizándolos del olvido demuchos y del desprecio de no pocos.
Para nuestro fin presente, Aben-Ragel concluye su descripción física yóptica de Saturno diciendo con su simplicidad acostumbrada, que aquellaestrella, de cuerpo grande, recibía proporcionalmente á su superficie luz delSol , y por esto era en ocasiones de afeitado parescer, ó bellísima conlos afeites (aderezos ó composturas), que hacían que su disco luminoso,por la luz reflejada pareciese al que le observaba atentamente de pinta-da vista; pero que aquella su luz era mucho mas viva en aquellos luga-res de su cerco ú órbita que se corresponden en el zodíaco de las fijasá Géminis, á Cáncer y á Leo; que su luminosidad se disminuía enVirgo, en Libra y en Escorpión; que Saturno llegaba á ser oscuro ymuy tenebroso cuando se encontraba en Sagitario, Capricornio y Acuario;menguando gradualmente su tiniebra para recobrar poco á poco su luzperdida, conforme se allegaba de las estrellas de Piscis á las de Aries , yde las de este último signo á las de Tauro , en cuya revolución periódicade tintas y lugares, en muchos años una vez se había acercado lo mas