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Tomo V. - Parte 1.
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síes, y los comparen, no dudarán en considerar á sus autores como dig-nos y hábiles en los trabajos de observación, y por ello comprensibles, óque pueden formar parte entre los sábios á que se refirió Laplace en laprimera parte de la profunda y filosófica proposición arriba mencionada?para la gloria antigua de Castilla y enseñanza histórica del mundo.

Pero abandonando, puesto que así lo quiere el acaso, aunque sea mo-mentáneamente, esta penosa empresa, dejo la pluma. Hagamos punto eneste lugar, tan próximo ya á las glorias pasadas, presentes y del porvenirde la tierra de nuestros padres. Callemos, sin embargo: primero, para noofender la memoria de aquellos que hace cuarenta años discutían, en laapariencia con seriedad, que las Musas en sus penosos viajes, cuando lle-garon muchas veces con intento de cruzar cierta cadena de montes quedividen y apartan entre sí las dos Castillas, retrocedieron siempre asusta-das á la vista de las brumas, nieblas y cielo tenebroso que cubría el va-lle de un rio que, al concluir en el mar, recibia tantas aguas del cielo comolas que caen anualmente en las regiones intertropicales. Segundo, por noofender, siguiendo nuestra semblanza, á aquellos otros que han sostenidocomo axioma y tesis, casi en nuestros dias, que en su pais como nación ilus-trada, tanto en los siglos de su poder como en los de su mas grandiosaresistencia, que tal vez trascurren todavía, todo fué hijo de la casualidad yde la ceguera de la fortuna, pues lo que es por las ciencias siempre fueel alfcmic grciiide , el zaguero á las pléyadas mas ilustres en todos lossiglos de la humanidad. Esta opinión, á pesar de su estrañeza, ha tenidosus manifestaciones, ha producido sus resultados: por hoy obliga á suspenderestos estudios comparativos. Pero la ciencia Alfonsí fué demasiado grandepara que quien trabaja hace muchos años, ni cese ni ceje en la obra antela veneranda imagen de un Rey tan sábio como lo fué D. Alfonso, y anteel recuerdo y compromiso que exigió al profesor de ciencias físicas, el ve-nerable Don Antonio Remon Zarco del Valle, conocido y respetado entrelos primeros sábios en la Europa actual, de no descansar hasta concluir,aunque fuese solitario y sin auxilio alguno, los libros que aquel ancianollamaba monumento nacional de la astronomía,' tal como se la conoció enCastilla en el siglo XIII.

FIN DE LA PRIMERA PARTE DEL TOMO V.