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Tomo V. - Parte 1.
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donados, sobre las erráticas y la faja zodiacal, aquella diferencia, referida alvigorosísimo espíritu de los hombres para el estudio y el saber, no consistemas que en la curiosidad, mas viva hoy, que conmueve á los modernos,y les escita y obliga al estudio de los fenómenos astronómicos, físicos ynaturales, hasta conocer sus leyes y sus causas de un modo perfecto, quees el carácter diferencial de los sabios en el presente de Europa y Amé-rica, aun corriendo estos el riesgo innato, y tan propio de la debilidad delespíritu humano, de ayudarse muchas veces con hipótesis, bien para ataró ligar los fenómenos, ya para determinar y conocer sus leyes. (Laplace,Comp. histor. de la astron. págs., GO y 49.)

Escribiendo para personas de preciada inteligencia, de profunda miradaal través de la letra escrita, y habituados en todos los terrenos científicos á la crítica mas severa y bien justificada, es permitido callar en absolutolas causas que obligan, aunque sean de tercer orden y muy inferiores álas del segundo, para condensar y concentrar estas ideas finales en bre-vísimas frases, y repetir, en vista de lo que se lee en los Códices Alfon -síes escrito por sus autores sobre los planetas y el zodíaco, y lo que conposterioridad sirve de base fundamental á la ciencia moderna de los cielos,que aun cuando esta tenga superioridad sobre lo escrito por aquellos,no es tanta ni tan grande que pueda compensar la ventaja de la distancia,en siglos, que nos separa de los pobres y pacientísimos observadores queflorecieron en el siglo XIII y fueron castellanos.

En elogio de los últimos, el sábio francés á quien se sigue en estemomento, para presentar al mundo científico la veneranda imagen del res-petable anciano que durante su vida se llamó D. Alfonso de Castilla , y lapléyada de inteligencias privilegiadas que florecieron y le rodearon en sutiempo, escribió: Tout le mérite des découvertes astronomiques sontá eelui qui les établit solidémentpar Vobservation et par le calad,les seules bases des connaissanees humaines. (Laplace, ib., pág. 40.)

En el segundo estremo de la precedente proposición, parece que nadienegará se halla comprendida la grandiosa obra de la mecánica celeste, cuyoautor, al escribir también la frase precedente, tuvo aquel miedo y justotemor al peligro de que habló García Ventanas, que en castellano se es-puso en otro lugar, sobre la obra de los años que trabajan constante-mente hasta conseguir que caigan en polvo y caduquen los escritos de loshombres.

En el primer estremo de aquella proposición de Laplace, espresion ensu totalidad bien marcada de un temor fundado, y cuando se refiere almérito contraido para la ciencia de los cielos por los buenos y escelentesobservadores de todos los tiempos, innegablemente Laplace, y á falta deeste sus mas ilustrados discípulos, cuando lean los testos y dichos que sellevan espuestos sobre los planetas y el zodíaco según los libros Alfon-