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Estrellas fugaces, bólidos y aerolitos / Jesus Muñoz Tébar
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opouen á la aplaudida teoría, y descuidar observacionesen otros sentidos.

La primera y más seria objeción que debemos pre-sentar se refiere á una verdad admitida boy por la cienciacomo fundamental.

Todos los espacios interplanetarios son etéreos; esdecir, están ocupados sólo por el éter; y los cuerpos semueven en ellos casi como si lo veritie.frau en el vacíoabsoluto.

Xo deben confundirse, dice el Padre íáeechi en suadmirable obra La Unidad de las fuerzas físicas , dos pro-piedades muy distintas: la inercia y la gravedad: la se-gunda no es como la primera, uua cualidad esencial dela materia. Puede concebirse una materia que no pese;pero toda materia es necesariamente inerte ; es decir, exige

una fuerza para ser puesta en movimiento.Además,

no es racional creer en una resistencia opuesta por eléter á los cuerpos graves, porque el éter es probablementela causa eñcieute de la gravedad.

Mientras subsista ese principio es absolutamente im-posible suponer que una masa gaseosa, más ó menos:densa como la de los cometas, pueda, recorriendo el espacioetéreo, fraccionarse en corpúsculos aislados. La nebulosacometaria podrá alargarse cuanto se quiera en virtud dela diversidad de atracción del Sol sobre sus puntos ex-tiemos, y por su condición gaseosa; pero no es posible*concebir que se separen partes de ese mismo cuerpo, queobedece además á la atracción de la propia masa.

i Qué significación podemos dar á eso que se llamauna corriente de corpúsculos aislados? ¿Y á qué distan-cia está un corpúsculo de otro, dada la velocidad que seles atribuye, y el tiempo que emplean en aparecer sucesi-vamente encendidos en nuestra atmósfera ?

En un cuerpo sólido podría concebirse algo seme-jante á esa desagregación de que baldamos, suponiendoque una fuerza interior extraordinaria hiciese explosión ylanzase el cuerpo al espacio, destrozado en fragmentosdiminutos.

Ior la misma razón no podemos darnos cuenta del