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Tomo primero.
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Discurso Qjjar.to. 8p

vino á colocarle en el que ya diximos , de Mayor-domo Mayor. Su integridad inflexible al atractivo delos presentes ( cofa muy rara entre los Mahometanos)concitaron contra el poderosos enemigos ; pero sin atre-verle á intentar hostilidad alguna , por verle tan dueñode el animo de el Soberano : hasta que muerto este, yentrando el suceísor , que era joven , le sugirieron , queMahomet di avia usurpado al erario Real grandes tesoros.Ordenóle el Principe , que dentro de quince dias diessécuentas. A que Mahomet intrépido respondió , queno era menester esta dilación ; y que 6 su Magestadsueste servido de ir ¡inmediatamente con el á casa de elTesorero , allí se las darla. Fue el Rey , seguido de losacusadores ; pero fe halló todo en tan bello orden , ycon tanta exactitud ajustada la cuenta de los caudalesen los Libros , que nadie tuvo que decir. De allí fe pas-só á la cafa de el mismo Mahomet , donde el Rey ad-miró la moderación que havia en alhajas , y adornos.Pero observando uno de los enemigos de el Validólapuerca de un quarto cerrada , y guarnecida con tres ca-denas fuertes , fe lo advirtió al Rey , el qual le pre-guntó: Qué tenia cerrado en aquel quarto ? Señor (res-pondió Mahomet) aquí guardo lo que es mío. Todolo que hasta ahora fe ha. visto , es de V. Magestad : di-ciendo esto, abrió la puerta. Entró el Rey en el quar-to , y volviendo á todas partes los ojos , no vio otracofa, sino las alhajas siguientes , pendiente cada una deun clavo en las paredes : Una zamarra , una alforja , uncayado Pastoril , y una flauta. Atónito las miraba elRey , quando poniéndose de rodillas delante de él Ma-homet , le dixo: Señor , este es el habito, y estos losbienes , que yo tenia, quando el Padre de V. Magestadme traxo á la Corte. Esto es lo que entonces tenia,y esto lo que ahora tengo. Solo esto conozco por mió. Ypues lo es , suplico con el mayor rendimiento á. V. Ma-gestad me permita gozarlo , volviéndome al monte , dedonde me extraxo mi fortuna. Aquí , no pudiendo con-tener el Rey las lagrimas t le echó los brazos al gene-ra-