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Tomo primero.
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Discurso» Octavo ipp

Ja mentí; de el Astrólogo, sino que havia de morir en elLugar-, ó Monasterio de San Germán: ó no huvo tal vati-cinio , ó si le huvo * no se fundo en las regías de la Justi-ciada : pues en los libros Astrológicos, no fe señalan as-pectos significadores de los lugares Pie han de ser theatrosste las tragedias, ni de los nombres de las personas , quehan ste intervenir en ellas : ni esto podría ser sin creer áimmenso volumen los preceptos de este Arte.

ty Acaso no serian mas verdaderas, que las ex;prestadas , la predicción de Spurína á Cesar , la de losCaldeos á Nerón , y otras semejantes. 5 que por la ma-yor parte recibieron los Autores., que las escriben ,ste ma;nos de el vulgo. Y bien se sabe , que en el común de loshombres es bien frequente , después de visto el sucedo, ha;liar alusión á el en una palabra» que anteriormente se di-xo sin intento »y aun sin significación , y poco á pocomudando , y añadiendo llegar á ponerla en par age de quesean un pronostico perfecto. De esto tenemos mil cxem«píos cada dia.

§. VI.

t8 T TNA, ü otra vez puede deberse el acier*to de las predicciones , no á las Estre-llas , sino á políticas, y naturales, conjeturas , governan-dose en ellas los Astrólogos , no por. los preceptos desil arte, de que ellos mismos hacen bien poco aprecio,por mas que los quieren ostentar al vulgo ; si por orrosprincipios, que aunque falibles , no fon tan vanos. Porla situación de los negocios de una República , fe puedenconjeturar las mudanzas, que arribarán en ella. Sabien-do por experiencia, que raro Valido ha logrado cons-tante la gracia de su Principe * de qualquiera Ministro al;to, cuya fortuna se ponga en question , se puede pronunaciar la caída con bastante probabilidad. Y con la misma-á un hombre de genio intrépido , y furioso , se le podráamenazar ajuste vio^ata. Por la fqrtuqa > genio , tem*