Discurso Nono. 217
Encantadores. A lo que añadió Juvenal , quando de una.puget loquaz, y voceadora dixo:
Una laboranti foterit Juceurrtre Luna .
Los Turcos, y Persas continúan oy la misma supersti-ción , aunque con motivo distinto, que es el de desbara-tar , ó desvanecer con el ruido, las malignas impresionesde los Eclypses ; áque añaden el cubrir cuidadosamentelas fuentes publicas, porque no les comunique algún in-quinamento el ambiente viciado con el adverso influxo.Lo mismo hacen los Chinos en quanto al estrepito, comotestifica el Padre Martin Martin!, aunque aisistidos ya deMathematicos , que les predicen el dia , y la hora de elEclypse , y desengañados de que el Eclypse de Sol no esmas que la falta de comunicación de fus rayos á la Tierrapor la interposición de la Luna , y el Eclypse de Luna lafalta de comunicación de la luz Solar á ella por la inter-posición de la Tierra. Tanto se arrayga en los ánimos unaobservación supersticiosa , que apenas puede turbarla dela poíTession el mas claro desengaño. Ni son menos ridi-culos los habitadores de Coromandel, losquales atribu-yendo a fus pecados el Eclypse de Luna , luego que le ad-vierten, á tropas entran á lavarse en el Mar-} creyendo queassi expian fus culpas. >
z Aunque errores de este tamaño fon particularessolo de algunas barbaras Naciones , en todas reyna el ge-neral engaño de que los Eclypses ocasionan graves dañosá las cofas sublunares, tanto sensibles, como insensi-bles , con fus enemigos influxos. Tan universal es el míe-:do de los Eclypses , que Plinio le extiende hasta los mis-mos brutos : Naraque defe&umsyderum,& casera pavent
? cuadrúpedes. Pero es cierto que fe engaña: porque yoos he observado nada menos alegres , y festivos , du-rante el Eclypse , que fuera de él. Y assi aíseguro , queno es el miedo de los Eclypses instinto de los irraciona-les , sino irracionalidad de los hombres: temor age node todo fundamento , y que á veces ocasiona grave per-
¿ui-