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SENECTUD
MUNDO.
DEL
DISCURSO XII.
§. I.
[i O lloraba tan tiernamente Helena, al ri*
presentarle el crystal los estragos, que el^1 tfr tiempo havia hecho en su belleza. Fletquoque ut in Jpcculo rugas conspexit añi-les Tpidaris , como el Mando fe lamenta de las rui-nas , que contempla en fu vejez imaginaria. A cadapasto fe oyen las quexas de que el transcurso de los si-fglos ha abreviado á la vida humana los plazos, debilitadolas fuerzas corporales » aumentando el numero de lasdolencias, disminuido por defecto déla facultad prolifi.ca el de los individuos, y para dar materia mas dilatadaal dolor en todo aquello, que puede servir al hombre, serepresenta la misma decadencia , en los alimentos menossubstancia, en los medicamentos menos virtud, en la tier-ra menos feracidad, y hasta en los Cuerpos Celestes masdébiles losinfluxos.
2 Pero toda esta larga lamentación carga sobre unaaprehensión siú fundamento. Primeramente , por lo que
Tora. I.