Discurso XII* r<5r
listas fe hayan quebrado la cabeza sobre averiguar , queplanta es aquella, que Homero llama Nepenthes ,tan eficazpara regocijar la alma , y desterrar toda melancolía , quecon fu ufo fe pastaba sin dolor alguno por encima de losroas terribles contratiempos; y afsi la ufaba frequence-mentc la Hermosa Helena , como remedio seguro de susdisgustos. La dificultad está cu que no fe encuentra oy tplanta alguna de virtud tan valiente; y la dificultad esbien leve: porque si mienten canto en esta materia losMédicos, y Naturalistas, qué harán los Poetas?
38 Últimamente , fe pueden oponer contra nuestrasentencia los estragos , que hacen en la tierra las inundanclones, y lluvias impetuosas, llevando gran porción suyapor los Ríos al Mar, con lo que es preciso , que en mu-jchas partes,desnudando las peñas, hayan dexado varios es-pacios estériles; y en fin,en la succession larga de siglos po-:drá suceder lo mismo en todo el Mundo. Respondo. Esverdad , que el Mar nos roba mucha tierra ; pero es falso,que la robe para no restituirla jamás. De dos modos reco-bra la tierra loque la usurpa le agua. El uno es, arro-¡jando el Mar con el tumulto de las ondas mucho limo, yarena á las orillas: lo que fe vé claro en algunas parcesdonde el Mar fe ha retirado por largo trecho de los anti-guos términos. En nuestro Monasterio de San Salvadorde Corellana en el Principado de Asturias, hay evidentestestimonios de que llegaban alli los Vaxeles; y hoy fe que¿dan mas de dos leguas mas abaxo. Esto es lo de Ovidio,
Vidi ego quod fueras quondarn folidissima tellus
EJsefretum r vidifaftas ex aquore terras.
El otro modo es , exaltándose innumerables partículasterreas en los vapores de que fe forman las nubes, las qua-;les, despeñándose después en lluvias blandas , quedan pe-gadas en las montañas, y peñascos, y ván haciendo costra!popo á poco. La misma lluvia cambien suele hacer tierrade la superficie de las peñas , desatando con su impulsorepetido la firmeza de; su textura.
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