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¿3,qué el otro Emperador llamaba Arena sn cal ) las qua-iles todo ion retintinpara el oído , .sin que el eco,llegue alcorazón. Hay otros llenos de textos , y conceptos pulpi-:ables , que en vez de ilustrar confunden, en vez de moverhstidian. Otros , que abundan de sentencias de Thucydi-<is, Polybio , Tácito , Livio , y Salustío , mezcladas congan copia de paífages historíeos. De codos estos diré loqe Apeles dixo á un discípulo suyo , que havia pintado áHiena con muy poca hermosura , pero con costoso vestí-,do y muy llena de joyas: Cum non pojsessácerepulchram yfecíii divitem. No pudiendo hacerla hermosa , la hiciste ri-cv*. Estos adornos iorasteros, con que la Erudición aliñala virtud , en los libros que tratan de ella , nada conducenpara encender en fu amor a los que los leen. Solo lograráeste efecto quien supiere pintar con vivos colores fu nativahermosura ; quien tuviere arte , y genio para imprimir enel entendimiento una idea clara, agradable , magnifica de,fu belleza.
2 p Pero mejor que los mejores libros es la buenaconversación. La enseñanza , que se comunica por mediode la voz , es natural ; la de la escritura artificial aquellamimada, esta muerta; por consiguiente , aquella eficaz, yadiva ; esta lánguida. La lengua elcribe en la alma , comola-nano en el papel. Lo que se oye , es el primer traslado,que fe faca de la mente del que instruye; lo que fe lee,ya escebade copia.Si los Principes niños tuesten cotidiana-mente entretenidos por personas discretas, y bien inten-cionadas , qualquiera fe podría constituir fiador de fus fu-turos aciertos. La doctrina, que mejor fe insinúa, es la quefe sugiere debaxo del velo de diversión. Como lo que fecome con gusto nutre mejor el cuerpo ; lo que fe escuchacon deleyte aprovecha mas á la alma. La^voz de enseñan-za, es desapacible á la niñez ; afsj conviene , cu quanto fapueda , quitarle el nombre, dexando la substancia. En losPrincipes mucho mas , porque- ya desde entonces r empie-za a inspirarles, ó la vanidad propria ,6 la adulación age-na , que fu fortuna no nccelsita de doctrina. Reglas deJusticia, y Prudencia civil, dulcemente me zladas con nat-