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Tomo tercero.
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Discurso XII. 271

injusto, y Cruel con algunos particulares; el ambicioso esinjusto , y cruel con toda la República. Estos fon los pastosOrdinarios de la ambición: Empieza por la injusticia , pro-sigue con el rigor, y acaba por la crueldad. Es injusto conroda la República el Principe , que quiere gravarla masde lo que permite la equidad , estendiendo fu arbitrio fue--a de los limites, que le prescribe la recta razón. Y que su-rede luego, que se introduce esta dominación violenta?iue los vastados fe quexan , y el Principe, mirando la que-ra, por fumista que fea , como agravio , empieza á dccre-ar castigos. Veisle ya puesto en el rigor. A los castigose sigue , que suenen mas altos los clamores de las quexasx- como el grito del oprimido en los oídos del Principelene eco de rebelde , aumentándose con color de Justicia1 rigor , asciende al grado de crueldad. En caso que noé llegue á estas extremidades, porque el miedo les sufocav los afligidos la voz dentro del pecho ; que mayor tor-mento , que tener sobre los hombros un pesado yugo , y:utitamente al cuello un lazo , que les impide el desaho-go del gemido ? Siendo este, pues , un gran martyrio , no>uede laopressxon, que le induce, dexar de ser.unagraa;rucldad.

§. VIII.

ZI XT’O no estraño , que hayan llegado algunosX Principes á este excelso ; antes admiro , queno hayan llegado todos, o casi todos. El apetito sedientoce dominar, que nunca se sacia, es natural en el corazón,humano ; y siendo en todos ingénito por la naturaleza , enlos Principes le estimula la adulación. FrCquentementeoyen hyperboles exquisitos , unos que elevan el carácter,otros la Persona. Represéntaseles fu superioridad á loslemas hombres, como si ellos íuestcn mas que hombres,6 los demás suesten menos. Es gratissiinJ á fu imagina-ron esta imagen ostentosa de grandeza,y lio hay que estra-gar, que la constituyan ídolo de los Pueblos, que ios obe-¿eceu , p^ra que le ofrezcan en sacrisidq quanto tiene de' pre-