13
ques, que eran de ladrillo, convenciéndose muy luégo de que ocultabanobjetos artísticos de importancia. Con esta persuasión, y para ponerlos ácubierto de toda injuria, procedió personalmente á extraer los indicadosladrillos, operación que repitió también respecto del muro de la derecha,aunque no con igual fortuna. Esta primera exploración le ofreció el resul-tado de descubrir en la zona inferior del muro de la izquierda dos nichosde distintas dimensiones, enriquecidos de Pinturas murales , que ofrecíanmuy diversos caracteres.
Alentado por el inesperado éxito, y recordando la estructura del muroen la parte exterior, imaginó el joven arquitecto que debían corresponderá los nichos inferiores otros de igual forma en la segunda zona de la fá-brica ; y miéntras gozoso del hallazgo poníalo en conocimiento de su com-pañero, nuestro citado hijo, para que tomase parte en su exploración,—lograba descubrir en el mismo muro de la izquierda, al lado de la ven-tana que da luz á la Ermita, otros dos nichos, cuyo fondo encerraba asi-mismo nuevas pinturas.—Presentóse á poco en la Ermita el arquitectode la Ciudad; y unidos ya los esfuerzos de ambos compañeros, derribá-ronse en breve, no solamente los tabiques del muro opuesto, sino tam-bién todos los que en aquella segunda zona deberían responder á la cons-trucción de la arquería exterior del ya mencionado ábside.—Pero conménos fortuna que esperaban : únicamente los dos nichos fronteros á lasúltimas pinturas descubiertas y la fenestra ó tragaluz, que los separaba,ofrecieron en la parte superior del muro de la derecha vestigios de aque-lla decoración peregrina y nunca ántes sospechada en la Mezquita, tantasveces examinada desde que en 1845 la dimos á conocer, cual primitivaconstrucción del arte mahometano. Como quienes conocian perfectamentela importancia del descubrimiento, acordaban el mismo dia comunicár-noslo, encargándose de verificarlo nuestro mencionado hijo, don Ramiro.No hay para qué decir si, advertidos de las injustas acusaciones de los ar-queólogos extranjeros, que hasta hoy nos han negado toda participaciónen el cultivo de la Pintura mural, holgaríamos con tal noticia. Nuestroprimer cuidado fué el de felicitar á los jóvenes arquitectos, y en especialal Sr. López Sánchez, por tan feliz hallazgo : deseosos de que fuera luegoconocido en la república de las artes y de la arqueología, invitábamos áuno y otro para que procedieran á dibujar con todo esmero las Pinturasdescubiertas, enviándoles al par un circunstanciado interrogatorio sobrelos puntos que más interesaba esclarecer, al llevar á cabo el estudio ar-queológico de las expresadas obras.
Hechos los diseños por ambos profesores al tenor de nuestras indica-ciones, y evacuado convenientemente el interrogatorio, fuénos ya hace-dero formar cabal concepto de la importancia real del hallazgo, como nosfué también posible reconocer la época y el arte, á que las Pinturas mu-rales pertenecían 1 . Habíanos interesado, ante todo, el fijar en qué partede las tres que forman la actual Ermita existian realmente dichos monu-mentos, porque de esta circunstancia dependía en gran manera el aciertode nuestras investigaciones. Era la primera parte de tan estimada cons-trucción, á que daba nuevo interés el reciente descubrimiento, la antiguaMezquita, consagrada al culto cristiano, no sin notable prodigio, ántes queotro alguno de los templos toledanos, rescatados en 1085 por la espadade Alfonso VI , quien oyó en ella la primera misa dentro de la Ciudad deWamba 2 : constituía la segunda cierta especie de crucero con la propor-ción de 3 m ,80 por 5 m ,45, excluidos los muros, y formábase la tercera por elábside, que cierra toda la fábrica. Como habíamos dicho en nuestra Toledo pintoresca, y confirmado después con más detenido exámen en la 1. a Partede la presente Monografía , pertenecía la Mezquita al primer período de laarquitectura árabe en nuestra Península: el crucero y el ábside eran cons-trucciones cristianas, bien que de aquel estilo mudejar, que desde los pri-meros dias de la conquista de Toledo había comenzado á dar señales de
1 Realizado el descubrimiento el 6 de Diciembre, según dejamos advertido, no nos era posible visitar denuevo la Ermita del Cristo de la Luz , sin interrumpir á deshora nuestras tareas universitarias. La confianza quenos inspiraban los buenos estudios de los jóvenes arquitectos y sus conocidas aficiones á los monumentos artís-ticos fueron desde luego para nosotros firme garantía del acierto; esperanza que no ha sido en modo algunodefraudada. Tratándose de un monumento dos veces descrito por nosotros, lo que más importaba eran los datosconcretos al hallazgo; y éstos no han escaseado por cierto, conforme á nuestro citado interrogatorio.
2 Las tradiciones toledanas, recogidas por todos los historiadores de la Ciudad Imperial, consagran la memo-ria de este suceso, que se hace tanto más verosímil cuanta es mayor la proximidad de la Ermita á la Puertadel Valmardon, establecida por Wamba al ensanchar el recinto de Toledo , construyéndole nuevas murallas.Como testimonio, se guarda en la clave del arco central que puso á la Mezquita en comunicación con el San-tuario cristiano, el escudo de madera con la cruz roja, de que hablamos oportunamente en la 1. a Parte de estaMonografía (pág. 2). Esta y otras tradiciones análogas, mencionadas allí, parecen tener por fundamento lamás peregrina de que por espacio de 369 años, período en que yació Toledo en la servidumbre mahometana,ardió la lámpara del Cristo, sin apagarse y sin que le echaran aceite. La construcción arábiga, llegada á nues-tros tiempos, desbarata, sin embargo, todas estas piadosas ilusiones.
de gauche; et certain du fait, il fit rompre les dernières cloisons, qui étaientde briques, et se convainquit bientôt après qu’elles cachaient des objets ar-tistiques d’importance. Dans cette persuasion et pour les mettre à l’abri detoute injure, il se mit lui-même personnellement à extraire les briques in-diquées, opération qu’il recommença aussi pour le mur de droite, mais nonpas avec une égale fortune. Cette première exploration lui fit découvrir,dans la zone inférieure du mur de la gauche, deux niches de dimensionsdistinctes, enrichies de Peintures murales de caractères très-divers.
Animé par ce succès inattendu, et se rappelant la structure du mur àla partie extérieure, le jeune architecte pensa qu’aux niches inférieuresdevaient correspondre d’autres de forme égale dans la seconde zone de lafabrique; et pendant que tout joyeux de sa découverte, il en envoyait lanouvelle à notre fils, son camarade, pour qu’il prit part à son exploration, ilparvenait à découvrir dans ce même mur de gauche, à côté de la fenêtre quidonne jour à l’Ermitage, deux autres niches, dont le fond renfermait égale-ment de nouvelles peintures.—Peu après notre fils, architecte de la Ville,se présenta à l’Ermitage, et les efforts des deux confrères étant réunis, lescloisons non seulement du mur opposé, mais aussi toutes celles qui dansle seconde zone, devaient répondre à la construction des arcades extérieuresde l’abside déjà mentionnée, furent démolies en peu de temps.—Mais avecmoins de fortune qu’on l’espérait: rien que les deux niches en face des der-nières peintures découvertes et la fenêtre ou soupirail qui les séparait, offri-rent dans la partie supérieure du mur de la droite des vestiges de cette dé-coration singulière et qui n’avait jamais été soupçonnée dans cette Mosquée,tant de fois examinée, depuis qu’en 1845 nous la fîmes connaître commeune construction primitive de l’art mahométan. Gomme ces messieurs con-naissaient parfaitement l’importance de la découverte, ils résolurent le mêmejour de m’en faire part, et ce fut notre fils, don Ramiro, qui se chargea dece soin. Il est inutile de dire si, après les injustes accusations des archéo-logues étrangers qui, jusqu’à ce jour, nous ont refusé toute participation àla culture de la Peinture murale , nous nous réjouîmes de cette nouvelle .Notre premier soin fut de féliciter les jeunes architectes et en particulierM. Lopez Sanchez, d’une si belle découverte : désireux, qu’elle fut connueaussitôt dans la république des arts et de l’archéologie, nous invitions l’unet l’autre à se mettre à dessiner avec tout le soin posible, les peinturesdécouvertes, en leur envoyant en même temps un interrogatoire circons-tancié sur les points qu’il importait le plus d’éclaircir, pour mener à bienl’étude de ces oeuvres.
Les dessins ayant été faits par ces deux artistes, suivant la teneur denos indications, et l’interrogatoire convenablement rempli, il nous futpermis de nous former une idée exacte de l’importance réelle de la décou-verte, et il nous fut possible de reconnaître également l’époque et l’art,auxquels ces peintures murales appartenaient 1 . Nous avions intérêt avanttout à fixer dans quelle partie, des trois qui forment YEnnitage actuel,existaient réellement ces monuments, parce que de cette circonstance dé-pendait principalement le succès de nos investigations. La première partiede cette précieuse construction, à laquelle la découverte récente donnait unnouvel intérêt, était l’antique Mosquée , consacrée au culte chrétien, nonsans grand prodige, avant tout autre des temples de Tolède rachetés en1085 par l’épée d’Alphonse VI, qui y entendit la première messe dansla Ville de Wamba 2 : la seconde était constituée par une espèce de croi-sée ou transept dans la proportion de 5 m ,80 sur 5 m ,45, à l’exclusion desmurs, et la troisième était formée par Y abside, qui ferme toute la fabri-que. Gomme nous l’avions dit dans notre Tolède pittoresque et confirméensuite dans la F re Partie de cette Monograqhie, la Mosquée apparte-nait à la première période de l’architecture arabe dans notre Péninsule :le transept et Y abside étaient des constructiones chrétiennes, bien que dece stgle mudejar qui, dès les premiers jours de la conquête de Tolède ,
1 La découverte ayant été faite le 6 Décembre, comme nous l’avons dit, il ne nous était pas possible devisiter de nouveau I’Ermitage du Cristo de la Luz, sans interrompre indûment nos fondions universitaires. Laconfiance que nous inspiraient les bonnes études des jeunes architectes et leur attachement connu aux monu-ments artistiques, fut tout d’abord pour nous une ferme garantie du succès, et cette confiance n’a été trompéed’aucune manière. Comme il s’agissait d’un monument que nous avions décrit deux fois, ce qui importait leplus étaient les données particulières à la découverte, et celles-ci conformément à notre interrogatoire, n’ont pasfait défaut.
2 Les traditions toledanes recueillies par tous les historiens de la Cité Impériale, consacrent le souvenir de cetévénement, qui devient d’autant plus vraisemblable que Y Ermitage est plus approché de la Porte du Valmar-don, établie par Wamba en élargissant l’enceinte de Tolède et lui construisant de nouvelles murailles. Commetémoignage, on garde dans la clef de l’arc central, qui met en communication la Mosquée avec le sanctuaire chré-tien, l’écu de bois, avec la croix rouge, dont nous avons fait mention dans la P re partie de cette Monographie(page 2). Cette tradition et d’autres analogues, qui s’y trouvent rapportées, paraissent avoir pour fondement lalégende encore plus singulière que pendant l’espace de 369 ans, période de l’assujetissement de Tolède à ladomination musulmane, la lampe du Christ ne cessa de brûler sans huile. La construction arabe, arrivée jusqu anos jours, renverse cependant toutes ces pieuses illusions.