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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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MONUMENTOS ARQUITECTÓNICOS DE ESPAÑA .

vida, no ya sólo en la ciudad arrancada al poderío de los Beni-Dhi-n-nura, sino también en las mismas montañas de Asturias 1 . El estudio demuy curiosos documentos nos tenía enseñado que, poco tiempo despuésde redimida la Ciudad de los Concilios, habia puesto Alfonso YI á dispo-sición del Abad de San Fagmnd, con el báculo de los Ildefonsos y Julianes,la ya consagrada Ermita (1086). Deseoso don Bernardo de evitar suruina, habíala restaurado, adaptándola álas necesidades del culto católico.Sabíamos igualmente por análogos testimonios, alegados por muy enten-didos investigadores de las cosas toledanas, que en 1186, deseando Al­ fonso VIII mostrar su benevolencia á los Caballeros del Hospital, nuevostodavía en el suelo castellano, interpuso su régia iniciativa para que el Ar-zobispo les cediera la Ermita clel Santo Cristo de la Luz , permaneciendodesde entonces en su poder, bien que sin feligresía, diezmos ni primicias,hasta la época del Gran Cardenal de España , en que hubo éste de restau-rarla nuevamente, «dotándola de ornamentos y preseas para el culto di-vino 2 .»

Constábanos, pues, históricamente que fuera de la construcción ará­ biga , amasada, digámoslo así, con los antiguos restos de templos latino -bizantinos, como todas las primitivas mahometanas levantadas en nuestraPenínsula,habia sido la Ermita del Santo Cristo de la Luz dos vecesrestaurada y ampliada, si bien tanta importancia alcanzaron las obras enella últimamente ejecutadas, merced á la magnificencia del Cardenal Men­ doza , que parecía desaparecer bajo las mismas toda huella de las anterio-res.El descubrimiento, realizado por los jóvenes arquitectos de la Pro­ vincia y Ciudad de Toledo , ha venido felizmente á derramar nueva luz so-bre la historia arquitectónica de la Mezquita y Santuario, facilitándonospreciosos datos para deslindar, en lo posible, las construcciones cristianas,que forman el último. Las Pinturas murales que hoy damos á luz, existenen la parte central de toda la masa de construcción, que hemos señaladocon el nombre de Crucero.

Hállanse, como ya habrán comprendido los lectores, en los muros la-terales. El de la izquierda, entrando por el arco central de la Mezquita,sobre cuya clave se mira el escudo atribuido á Alfonso YI, presenta en lasdos zonas arriba mencionadas cuatro diferentes hornacinas. Ofrécese la pri-mera de la zona inferior á la altura de 0 m ,83, y tiene l m ,68 de alto por0 m ,68 de ancho, con la entrada de 0 m ,10.Es de arco redondo, y veseen su fondo, que matizan menudas flores, pintada una figura varonil, cu-ya cabeza exorna el cerquillo ó corona monacal, vistiendo un sayo oscuroó prieto, y cubriendo sus hombros un manto ó capa de púrpura. Sostieneen ambas manos, unidas sobre el pecho, cierta manera de báculo, pértigaó bastón, signo de santidad y prelacia 5 , siendo verdaderamente sensibleque, perdidos los colores en la parte inferior de la hornacina, donde se mi-

1 Nos referimos al Arca de las Reliquias, ampliada por la piedad y munificencia de Alfonso VI , y guar-necida en su frente de anchas orlas arábigas, meramente ornamentales, y á la preciosa Arqueta, que en la ca-pilla de su nombre guarda las reliquias de Santa Eulalia, presea regalada á la Iglesia de San Salvador de Ovie­ do por el memorado principe. Nuestros lectores pueden consultar, si les place, en esta misma obra la monografíade la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo , donde describimos una y otra joya. Sobre el origen, des-arrollo y engrandecimiento del estilo mudejar pueden ver asimismo nuestro trabajo, titulado: El estilo mude-jar en arquitectura, publicado al frente del I. er tomo de los Discursos , leídos en las juntas públicas cele-bradas por la Real Academia de San Fernando.

2 Toledo Pintoresca; El Cristo de la Luz . Nuestros lectores pueden consultar sobre el último punto la Cró-nica del Gran Cardenal de España , don Pedro González de Mendoza , escrita por el doctor Pedro de Salazar ,capítulo LXII, § I, que lleva por título: Más memorias del Cardenal. Salazar consigna que el Gran Cardenal,al reedificar la expresada Ermita, movido de la especial devoción que tenía á la Santa Cruz , «sentía muchono estuviese en su obediencia, como lo habia estado en lo antiguo» bajo la de los metropolitanos, sus prede-cesores. Ya sabemos (pág. 2 de esta Monografía) que este período no excedió del primer siglo de la restauraciónde la Ciudad de Wamba (1086 á 1186).

3 Describiendo Gonzalo de Berceo en la Vida de Santa Oria la beatífica visión que esta Virgen tuvo despuésde abrazar la vida monacal, dice que, representándosele en el cielo finiestras foracladas, de que brotaban bri-llantes luces,

47. Salieron tres personas por esas aberturas:

Cosas eran angélicas con blancas vestiduras;

Sendas vergas en manos de preciosas pinturas.

La pértiga ó verga, que ostenta la figura que describimos, no ofrece señales de tan precioso ornato; perocomo las mencionadas por Berceo, al describir aquellos cuatro varones, que eran otros tantos prelados, deter-mina la autoridad episcopal ó abacial, durante la Edad-Media . La nocion, que aquí nos ministra el Cantor delos Santos, halla eficacísima confirmación en báculos, pértigas ó bastones episcopales de los siglos XII, XIIIy XIV, exornados de esmaltes, pinturas, gráfidos y áun cincelados, que representan vidas de santos y esce-nas del Viejo y Nuevo Testamento . El Museo Arqueológico Nacional posee una de estas pértigas ó bastones, quefué propiedad del Cardenal Cisnéros. Téngase en cuenta, sin embargo, que todas estas insignias provienen ori-ginariamente de la antigüedad clásica, según nos enseñan los monumentos artísticos y las relaciones de los poetasy de los historiadores. Como prueba concluyente nos bastará citar aquí las bellas pinturas, que guardan en pre-ciosos códices de la / liada y de la Eneida las bibliotecas Ambrosiana y Vaticana, pinturas dadas á luz en Roma el año de 1835, por el célebre Angelo May, bajo los títulos de: Eomeri Iliados Picturae Antiquae, etc .;VirgilüMneidos Picturae Antiquae, etc.En esta importantísima obra aparecen los dioses y los reyes armados depértigas (perticae) ó cetros (scipiones), como signos de la potestad suprema y de la divinidad (Láminas II,IX, X, XIII, XIV, XIX y XXXIII de la Iliada ; XVIII, XXI, XLIII, LIV y LIX de la Eneida ).

avait commencé à donner signe de vie, non seulement dans la ville ar-rachée au pouvoir des Beni-Dhi-n-num, mais aussi dans les montagneselles-mêmes des Asturies 1 . Létude de très-curieux documents nous avaitappris que, peu de temps après le rachat de la Cité des Conciles, Alphon-se YI avait mis à la disposition de lAbbé de Saint-Fagund, avec la crossedes Ildephonses et des Juliens, Y Ermitage déjà consacré (1086), et que donBernard pour en éviter la ruine, lavait restauré, en ladaptant aux be-soins du culte catholique. Nous savions également par des témoignagesanalogues, fournis par des investigateurs très-éclairés des choses de To­ lède , quen 1186 Alphonse VIII , désirant montrer sa bienveillance auxChevaliers de lHôpital, nouveaux encore sur le sol castillan, intervint deson initiative royale pour que lArchevêque leur cédât Y Ermitage duSanto Cristo de la Luz, et celui-ci demeura dès lors en leur pouvoir,quoique sans être paroisse, et sans avoir de dîmes ni de prémices, jus-quà lépoque du grand Cardinal dEspagne, qui dut le restaurer de nou-veau, «en le dotant dornements et dobjets précieux pour le culte di-vin » 2 .

Nous savions donc historiquement quen dehors de la construction ara-be, pétrie, dirons-nous, avec les antiques restes des temples latino-byzantins,ainsi que toutes les constructions mahométanes primitives élevées dansnotre Péninsule, Y Ermitage du Santo Cristo de la Luz avait été deuxfois restauré et agrandi, mais que les œuvres qui y avaient été exécutéesen dernier lieu, atteignirent une si grande importance, grâce à la magni-ficence du Cardinal Mendoza, quà côté delles toutes traces des œuvresantérieures semblèrent avoir disparu.La découverte réalisée par les jeu-nes architectes de la Province et de la Ville de Tolède, est venue répandreheureusement une nouvelle lumière sur lhistoire architectonique de laMosquée et du Sanctuaire, en nous fournissant de précieuses donnéespour déterminer, autant que possible, les constructions chrétiennes quiforment celui-ci. Les Peintures murales que nous publions aujourdhui,existent dans la partie centrale de toute la masse de construction, que nousavons indiquée sous le nom de Croisée.

Elles se trouvent, comme lauront déjà compris nos lecteurs, sur lesmurs latéraux. Celui de la gauche, en entrant par larc central de la Mos­ quée , sur la clef duquel on voit lécu attribué à Alphonse YI, présentedans les deux zones ci-dessus mentionnées quatre niches distinctes. Lapremière de la zone inférieure, se trouve à la hauteur de 0 ra ,83 et ellea l m ,68 de haut sur 0 m ,68 de large, avec une profondeur de 0 m ,10.Son arc est rond, et on voit sur son fond, que de petites fleurs nuancent,une figure dhomme peinte, dont la tête est ornée de la tonsure ou cou-ronne monacale : cette figure porte un vêtement sombre ou noirâtre, et sesépaules sont couvertes dun manteau ou chape de pourpre. Elle tient desdeux mains, unies sur la poitrine, une certaine forme de crosse, percheou bâton, signe de sainteté et de prélature 5 ; et il est vraiment fâcheux que

1 Nous entendons parler de l 'Arca de las Reliquias, agrandie par la piété et la munificence dAlphonse VI etgarnie sur sa face de larges bordures arabes purement ornementales, et de la précieuse Arqueta, qui dans la cha-pelle de son nom garde les reliques de Sainte Eulalie , joyau donné à léglise de San Salvador dOviedo par cemémorable prince. Nos lecteurs peuvent consulter dans ce même ouvrage, si cela leur convient, la monographiede la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo , nous avons fait la description de ces deux joyaux. Surlorigine, le développement et lextension du style mudejar, ils peuvent voir pareillement notre discours intitulé:Le style mudejar dans larchitecture, pnblié en tête du premier tome des Discours, lus dans les réunions pu-bliques célébrées par lAcadémie Royale de San Fernando.

2 Toledo Pintoresca ; El Cristo de la Luz . Nos lecteurs peuvent consulter sur le dernier point, la Crónica delGran Cardenal de España , don Pedro Gonzalez de Mendoza , écrite par le docteur Pedro de Salazar , chap. LXII,§ I, qui a pour titre: Más memorias del Cardenal. Salazar dit que le Grand Cardinal, en réédifiant lErmi-tage, mu par la dévotion spéciale quil portait à la Sainte Croix , «regrettait beaucoup quil ne fût plus sous sonobédience, comme il lavait été dans lancien temps» sous celle des métropolitains, ses prédécesseurs. Nous savonsdéjà (page 2 de cette Monographie) que cette période ne dépassa pas le premier siècle de la restauration de laVille de Wamba (1086 à 1186).

0 Gonzalo de Berceo , décrivant dans la Vida de Santa Oria, la béatifique vision, qua cette Vierge aprèsavoir embrassé la vie monastique, dit que dans le ciel des fenêtres percées, d sortaient de brillantes lumières,lui ayant été représentées,

47. Trois personnes sortirent par ces ouvertures:

Cétaient choses angéliques avec de blancs vêtements ;

Avec des vergas dans les mains, de précieuses peintures.

La pértiga ou verga, que montre la figure que nous décrivons, ne présente pas des signes dun ornementsi précieux ; mais comme celles qui sont mentionnées par Berceo, en décrivant ces quatre personnages qui étaientautant de prélats, elle détermine lautorité épiscopale ou abbatiale pendant le Moyen-Age . La notion, que nousfournit ici le Chanteur des Saints, trouve une confirmation efficace dans les crosses, perches ou bâtons épisco-paux des XII e , XIII e et XIV e siècle, ornés démaux, de peintures, de gravures et de ciselures, qui représen-tent des vies de saints et des scènes de lAncien et du Nouveau Testament. Le Musée Archéologique National pos-sède une de ces pértigas ou bâtons, qui fut la propriété du cardinal Cisneros. Il faut toutefois tenir compte quetous ces insignes tirent leur origine de lantiquité classique, comme nous lenseignent les monuments artistiqueset les récits des poètes et des historiens. Comme preuve concluante, il nous suffira de citer ici les belles peintu-res que conservent dans de précieux manuscrits de YRiade et de Y Enéide , les bibliothèques Ambroisianne et Vati-cane, peintures publiées à Rome en 1835 par le célèbre Angel May sous les titres de: Homeri Piados PicturaeAntiquae, etc.; Virgilii Æneidos Picturae Antiquae, etc. Dans cette oeuvre très-importante, les dieux et les roisapparaissent armés de pértigas ( perticae ) ou sceptres (scipiones), comme signes du pouvoir suprême et de la di-vinité (Planches II, IX, X, XIII, XIV, XIX et XXXIII d eYPiade; XVIII, XXI, XLHI, LIV et LIX de Y Enéide).