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6 (1859) Tarragona - Toledo / por Manuel de Assas ... [et al.]
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CORONAS Y CRUCES VISIGODAS DEL TESORO DE GUARRAZAR.

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quitaron á los cadáveres de los magnates y nobles godos, puede decirseque fué Tariq un segundo Aníbal y el campo del Guadalete una nuevaGannas 1 .

Ahora bien, estas historias y tradiciones consignadas por los escritoresárabes, y tan conformes relativamente á la magnificencia exterior dela grandeza visigoda con las narraciones que nos legaron Olimpiodoro ,Sidonio Apolinar , Gregorio Turonense, San Isidoro, San Ildefonso, Paulo Diácono y otros historiadores anteriores á la irrupción agarena 2 ¿no nosrevelan la existencia de una cultura copiada de la del Imperio de Oriente,decrépita en su misma adolescencia, como ella ostentosa y semi-bárbara,y solo diversa de su original por la savia acre que la raza goda infundeen las costumbres y en las artes bizantinas? Llegará el momento oportunode definir los caractères propios del arte de aquellos singulares bárbarosque hermanaban la toga y la púrpura con la pelliza 3 ; mas por de prontocumple á nuestro propósito consignar después de los hechos que hemosagrupado, que la España de los siglos Y, YI y VII, continuadora á sumodo de la grandeza del Imperio, por no haber sabido los godos fundarotra, según confesión del mismo Ataúlfo 4 , poseía inmensas riquezas enlos palacios, en los templos, en las moradas de sus magnates, los cualesdesplegaban un lujo inaudito y semi-bárbaro en sus ceremonias civiles yreligiosas, y cubrían de tesoros de orfebrería sus aras, sus mesas, suspersonas, sus literas, sus caballos;que así Tariq como Muza hicieronun inmenso botín en unos y otros edificios;que á la aproximación delas terribles huestes muzlemitas escondían los godos sus riquezas y enaquella gran cuita de la pérdida de España no siempre hallaban ocasión derecuperarlas;que algunas de estas riquezas, escondidas y abandonadaspor sus dueños en fuerza de las circunstancias, fueron descubiertas porlos sarracenos, que les daban el nombre de tesoros, y solian componersede vasos de oro y plata, coronas, diademas, alhajas de todo género, ob-jetos preciosos cuajados de pedrería, y principalmente de aljófar, rubíes,zafiros y esmeraldas ;que otros tesoros quedaron ocultos en ignoradosdepósitos bajo tierra ;que era extraordinario el número de las coronasy diademas halladas en España por los musulmanes;que evidentementeno eran siempre estos objetos insignias de la suprema potestad civil ymilitar, sino que los empleaban también como distintivos las demas je-rarquías, y como mero adorno de sus personas ó de los altares de sudevoción los magnates y los eclesiásticos constituidos en alta dignidad ;que si bien pueden ser fabulosas en su forma las tradiciones arábigasreferentes al hallazgo de las coronas de los reyes de Iberia en la iglesiamayor ó en el palacio de Toledo , no fué imaginaria sino muy real ypositiva la existencia de esas coronas y su consagración al Altísimo porlos piadosos monarcas visigodos;y últimamente que los sarracenos delas huestes de Tariq y Muza no se llevaron á la corte de Al-Walid todaslas coronas reales que estaban consagradas en los altares, sino que muchasde estas preseas se salvaron de su rapacidad y fueron soterradas conotras de las iglesias, perdiéndose después la tradición y memoria de losparajes en que habían sido escondidas.

Con estas nociones, la formación del tesoro de Guarrazar y su ha-llazgo en nuestros dias vienen á explicarse de una manera muy naturaly sencilla.A la aproximación de las huestes islamitas á Toledo , los po-bladores , aterrados con el rumor de las victorias que los árabes y africa-nos habian alcanzado, no pudiendo todos ellos desamparar sus hogares,trataron sin duda de hacer lo mas llevadero posible, por medio de unacapitulación, el yugo extranjero ya inevitable. Defendiéronse primero,y diéronse luego á partido, entregando la ciudad al vencedor con lacondición de conservar su ley religiosa y su culto en determinadas par-roquias; pero mientras unos se preparaban así á vivir como mozárabes

orné de rubis et démeraudes. Les dépouilles recueillies par les musul-mans sur le champ de bataille furent incalculables : le nombre seul desanneaux dor et dargent que lon enleva aux doigts des cadavres desgrands seigneurs et des nobles goths suffirait pour faire dire que Tarik futun second Annibal et que la plaine du Guadalete fut une nouvelle Cannes 1 .

Or, ces histoires et ces traditions consignées par les écrivains arabes,et si bien daccord quant à léclat extérieur de la noblesse visigothe avecles récits que nous ont légués Olympiodore , Sidoine Apollinaire , Gré­ goire de Tours , Saint-Isidore , Saint-Ildéfonse , Paul-Diacre et quelques autres historiens antérieurs à linvasion sarrasine 2 ; tous ces rapports ne nous révèlent-ils pas lexistence dune civilisation copiée sur celle de lempire dOrient , décrépite dès sa jeunesse, comme elle fastueuse et demi-barbare, et ne différant de son modèle que par la sève sauvage que la racegothe greffe sur les mœurs et les arts empruntés à lempire de Byzance?Le temps opportun viendra de définir les caractères propres de lart chezces étranges barbares qui mariaient la toge et la pourpre à la pelisse 3 .Cependant il importe à notre objet de consigner à la suite des faits quenous venons de grouper: que lEspagne des v e , vi e et vu® siècles, conti-nuant à sa façon la grandeur de lEmpire, parce que les goths daprèslaveu dAtaulfe lui-même 4 nen avaient pas su fonder une autre, possédaitdimmenses richesses dans les palais, dans les temples, dans les demeuresde ses grands seigneurs, lesquels déployaient un luxe inoui et à demi-barbare dans leurs cérémonies civiles et religieuses, et couvraient de trésorsdorfèvrerie leurs autels, leurs tables, leurs personnes, leurs litières, leurschevaux;que Tarik et Muza firent un immense butin dans ces différentsédifices;quà lapproche des hordes musulmanes les goths cachaient leursrichesses, et dans la grande perturbation amenée par la perte de lEs-pagne, ils ne trouvaient pas toujours loccasion de les reprendre;quequelques-uns de ces dépôts enfouis et abandonnés forcément par leursmaîtres en raison des circonstances, furent découverts par les sarrasins, quileur donnèrent le nom de trésors , et ils se composaient dordinaire de vasesdor et dargent, de couronnes, de diadèmes, de bijoux de toute espèce,dobjets précieux chargés de pierreries et surtout de semis de perles, derubis, de saphirs et démeraudes;que dautres trésors restèrent enfouissous terre et ignorés;que le nombre des couronnes et des diadèmes trou-vés en Espagne par les musulmans était fort considérable;quévidemmentces objets nétaient pas toujours des insignes du pouvoir suprême civil etmilitaire, quelques classes de la société les employant comme de marquesdistinctives, et les nobles et les hauts dignitaires ecclésiastiques senservant comme dornements pour leurs personnes et leurs autels ;quesi les traditions arabes relatives aux couronnes des rois dIbérie trouvéesdans la grande église ou dans le palais de Tolède peuvent être fabuleusesdans la forme, il ny a rien au fond qui ne soit bien réel et bien positif quantà lexistence de ces couronnes et à leur consécration au Très-Haut parla piété des monarques visigoths;et enfin que les sarrasins faisant partiedes hordes de Tarik et de Muza nemportèrent pas à la cour dAl-Walidtoutes les couronnes royales qui étaient consacrées sur les autels, maisquun grand nombre de ces dernières échappèrent à leur rapacité et furententerrées avec dautres appartenant aux églises, et que plus tard lon per-dit la tradition et le souvenir des endroits elles avaient été cachées.

Ces donnés expliquent dune manière toute naturelle et fort simplela formation du trésor de Guarrazar et sa découverte de nos jours.-Au moment les hordes musulmanes sapprochaient de Tolède, les habitans, consternés au bruit des victoires remportées par les arabes et lesafricains, ne pouvant pas tous abandonner leurs foyers, cherchèrent sansdoute à alléger au moyen dune capitulation le joug étranger qui devenaitinévitable. Ils se défendirent dabord, puis se rendirent conditionnellementet livrèrent la ville au vainqueur moyennant la conservation de leur foireligieuse et lexercice de leur culte dans certaines paroisses déterminées;mais tandis que ceux-ci se résignaient à vivre en qualité de mozarabes

1 A imitación de los senadores y caballeros romanos de los tiempos de Varron y Paulo Emilio, usabanlos nobles godos anillos de oro y plata, y los esclavos los llevaban de bronce y de cobre.

2 Pudiéramos aglomerar citas de estos autores, pero renunciamos á hacerlo por ser mas conocidos que losescritores cárabes. Nos limitaremos á señalar la curiosa relación que hace Olimpiodoro de las bodas de Ataúlfo y Placidia , de que tanto partido ha sacado el docto Amadeo Thierry para su bello artículo Las aventuras dePlacidia , publicado en el número de l.° de Diciembre de 1851 de la fíevue des Deux-Mondes;lo quecuenta Sid. Apolinar (Epist. 9, lib. VIII) de la fastuosa corte de Eurico ; el testimonio del verídico San Isidoro respecto del desmedido lujo de los godos (Etimol. lib. XIX, caps. 23, 24, 25, 28, 31 y 32);y por último las descripciones que los demas autores citados, y otros que omitimos, nos han legado de losedificios erigidos por los mismos godos, y que en resúmen hemos reproducido en nuestro tomo de Sevilla yCádiz (Recueudos y bellezas de España ), pág. s 274 y siguientes.

3 Pelliti llamaba Sidonio Apolinar á los visigodos de la corte de Eurico .

4 Afírmalo Paulo Orosio, con referencia á un habitante de Narbona que habia gozado de la intimidad deAtaúlfo.Lib. VII, cap. XLIII.

1 A lexemple des sénateurs et des chevaliers romains du temps de Varron et de Paul-Emile , les noblesgoths portaient des anneaux dor et dargent, et les esclaves en avaient de bronze et de cuivre.

2 Nous pourrions multiplier des citations de ces auteurs, mais nous renonçons à le faire parce quils sontplus connus que les écrivains arabes. Nous nous bornerons à signaler le récit curieux que fait Olympiodoredes noces d'Ataulfe et de Placidie, dont le savant narrateur M. Amédée Thierry a tiré un si grand parti [tourson bel article Des aventures de Placidie, publié dans le n.° du 1." Décembre 1851 de la Revue des Deux- Mondes ;ce que raconte Sid. Apollinaire (Epit. 9, liv. VIII) du faste de la cour dEuric;le témoignage duvéridique Saint-Isidore relativement au luxe inoui des goths (Ætim. liv. XIX, chap. s 23, 24, 25, 28, 31et 32);et enfin les descriptions que le reste des auteurs ci-dessus nommés, et quelques autres encore, nousont léguées sur les édifices élevés par les goths, et que nous avons reproduites en abrégé dans notre volumesur Séville et Cadix (Souvenirs et beautés de lEspagne), pages 274 et suivantes.

3 Pelliti est lépithète que Sidoine Apollinaire donne aux visigoths de la cour dEuric.

4 Cest, ce quaffirme Paul Oróse sur le témoignage dun habitant de Narbonne qui avait vécu dans linti-mité dAtaulfe.Liv. VII, chap. XL1II.