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De lo expuesto parece deducirse, que la edícula de que tratamos nofué el templo que recibió en ofrenda las coronas y demas objetos preciososdel tesoro allí descubierto;—que la iglesia de que estos objetos ó parte deellos proceden, si no fué una de las basílicas de Toledo 1 , pudo estarsituada, bien en la eminencia que descuella á unos mil pasos al norte delcementerio de Guarrazar, donde aun se advierten vestigios de construc-ciones del tiempo de los visigodos, ó bien en sus contornos;—que con elladebió existir algún gran monasterio, al que este campo santo perteneciese,pues de otra manera difícilmente se explica el gran número y la unifor-midad de sus sepulturas, uniformidad que solo responde á la igualdad decondiciones de una población monástica;—que quizá fué la iglesia de estemonasterio la que llevó la advocación de Santa María de Sorbaces 2 , á lacual ofrendó Sonnica la cruz de oro que pende hoy de una de las coronasdel Hotel de Cluny , sin que sea imposible por otra parte que hubiese en ellaun altar especial consagrado á San Estéban, en el que ofreciese el abadTheodosio la humilde dádiva de su pequeña corona, y que fuera dichotemplo objeto de tan predilecta devoción de los godos de todas condicio-nes, que los reyes y optimates le tributasen sus obsequios, y el preladoLucecio ofrendase en sus aras la ténue erucecilla que lleva su nombre 3 .Finalmente, que al verificarse la invasión agarena, y al dejar los mongesdesierto aquel cenobio y su templo, pudo á una imaginación feliz, im-pulsada de celo religioso, parecer el inmediato cementerio paraje abonadopara esconder entre sus huesas las alhajas que hasta entonces habíanornado dichos altares.
Bien conocemos que esto no pasa de una mera congetura, pero así ytodo, no repugna tanto ver en las ruinas de Guarrazar la necrópolis deun monasterio cercano de que se haya perdido la memoria, y suponer queprecisamente por ser mansión de la muerte y del olvido pudo conceptuarseá propósito para salvar en ella cualesquiera tesoros, como admitir que enla época visigoda, en que los enterramientos se mantenían siempre dis-tantes de las poblaciones, fuera á erigirse en un cementerio una basílicaprofusamente embellecida por el arte, y enriquecida con dádivas de reyesy magnates. Con esto, en vez de resolver el problema, en vez de aclararel misterio que aquellas ruinas encierran, no se hace mas que aplazar ladificultad; porque si era una basílica formal lo que para nosotros solo fuéedícula fúnebre de un cementerio, ¿dónde estaba la población que sostenía
De ce que nous venons d’exposer il est permis de conclure que l’édi-cule en question n’était point le temple qui reçut en offrande les couronneset les autres objets précieux du trésor découvert dans ces lieux;—quel’église d’où proviennent ces objets en tout ou en partie, si ce n’étaitpoint une des basiliques de Tolède 1 , pouvait être située soit sur l’éminencequi s’élève à environ mille pas au nord du cimetière de Guarrazar, où l’onobserve encore des traces de constructions du temps des visigoths, soitdans les alentours;—que conjointement avec cette église devait existerquelque grand monastère, auquel appartenait ce champ de repos, puis-qu’autrement il serait difficile de s’expliquer le grand nombre et l’unifor-mité des sépultures qu’il contient, uniformité qui ne se comprend quepar l’égalité de conditions d’une population monastique;—que l’église dece monastère était peut-être celle qui était placée sous l’invocation deSainte-Marie de Sorbaces 2 , et à laquelle Sonnica fit l’offrande de la croixd’or aujourd’hui suspendue à l’une des couronnes de YHôtel de Cluny;sans qu’il soit impossible d’un autre côté qu’elle contînt un autel secon-daire consacré à Saint-Etienne, où l’abbé Théodose pût offrir l’humbledon de sa petite couronne, et que ce temple fût l’objet privilégié d’une sigrande dévotion de la part des goths de toutes les conditions, que les roiset les plus hauts personnages y fissent étalage des tributs de leur piété, etle prélat Lucétius y déposât la petite croix mince qui porte son nom 3 .—Enfin, que lorsqu’eut lieu l’invasion sarrasine, et dans les moments où lesmoines désertaient et leur communauté et leur temple, le zèle religieuxput suggérer à quelqu’un des plus pieux l’heureuse inspiration de cacherentre les fosses du cimetière voisin les joyaux qui avaient jusque-là paréles autels.
Nous reconnaissons volontiers que ceci n’est qu’une simple conjecture;cependant et malgré tout, rien n’empêche de voir dans les ruines deGuarrazar la nécropole d’un monastère des environs, dont on aura perdule souvenir, et de supposer que par cela même que c’était le séjour de lamort et de l’oubli, elle pouvait paraître l’asile le plus sûr pour y garderun trésor; et cette hypothèse semble plus naturelle que d’admettre qu’àl’époque des visigoths, où l’on avait un soin constant de tenir les lieuxd’enterrement éloignés des centres de population, on allât élever dans uncimetière une basilique profusément embellie par l’art et enrichie parles dons des rois et des grands seigneurs. D’ailleurs si l’on adopte cettesupposition, loin de résoudre le problème, loin d’éclaircir le mystère querenferment ces ruines, on ne fait qu’ajourner la difficulté: car si c’était
1 Asi lo han creído algunos tomando por guia la inscripción de la cruz consagrada á Santa María inSorbaces, de que vamos á hablar en seguida. Apoyándose en Luitprando y Julián Perez, entienden que estainscripción pudo referirse á Santa María Suburbana, apellidada por los árabes Santa María de Alficen, temploque existió no lejos del alcázar, pero en el declive de la eminencia en que este descuella y fuera de la murallade Wamba, debiendo en consecuencia leerse sub arce en lugar de Sorbaces: corrupción que se explica satis-factoriamente atendida la ignorancia de las manos serviles empleadas en estas industrias en tiempo de losgodos. Haciéndose cargo de esta opinión nuestro erudito amigo el Sr . Ríos, solo encuentra un reparo queoponer á ella, y es, que habiendo la expresada basílica del suburbio toledano sido consagrada al culto católicoy existido durante la dominación mahometana, debió recobrar su tesoro pasado el primer ímpetu de laconquista.
Esta objeción tiene fuerza, pero no nos parece concluyente. En la confusión de aquella gran calamidad,pudo inmediatamente perderse entre los cristianos mozárabes la tradición del depósito confiado al cementeriode Guarrazar. Por otra parte, aunque conservaran dicha noticia, hubiera sido en ellos una gran temeridadponer de manifiesto en su templo aquel tesoro, tentando con él la codicia de los mahometanos, que, aunquetolerantes, eran sus dominadores.
2 De cuantas etimologías se han buscado á la palabra Sorbaces, confesamos que la única satisfactoria nosparece ser la de M. de Lasteyrie, consignada de la manera siguiente en una nota de la Memoria del Sr. Ríos:«Supone (M. de Lasteyrie) hallar su etimología en la dicción sorbus, nombre genérico de un árbol ( el serval)que crece espontáneamente en las partes montañosas de los países meridionales, apoyándose en Paladio (Dere rustica, lib. II, tít. XIV) y Plinio ( Nat . Ilist., lib. XV, cap. XXIII).» Por analogía gramatical saca de sorbusla voz sorbarium, como salió pomarium de pomus; y dada esta formación, no halla dificultad en que losclérigos de la corte visigoda dijeran sorbacis en lugar de sorbarium, pues se dijo también pomaris en vez depomarium. De este idiotismo local, que se repite respecto de otras palabras análogas, deduce pues el diligenteinvestigador que el plural sorbaces determinaba simplemente un lugar plantado de servales; y como no faltanejemplos que persuadan que desde la mas lejana antigüedad existieron iglesias dedicadas á la Virgen María bajo advocaciones locales, así en Francia , como en España y otras naciones, resuelve por último que el títulode la iglesia en que fueron consagradas las coronas era Sancta Maña in Sorbaces.
3 Estas son todas las inscripciones votivas que hasta ahora han sobrevivido á la bárbara destrucción ydispersión del tesoro de Guarrazar. Figuran en primer lugar las lujosas leyendas formadas con clamasteriosen las dos coronas reales: reccesvinthvs rex offeret, y svinthilanvs rex offeret. —Sigue la de la preciosacruz ofrecida por Sonnica, que según auténtica declaración de su primer poseedor (V. la citada Memoria delSr. Ríos, pág. 95) exornaba primitivamente la corona atribuida por los arqueólogos franceses á la esposa deRecesvintho: dice así: in domini nomine offeret sonnica sancta maride in sorbaces. —Vienen luego las impresasá hierro y mazo en la sencilla corona del abad Theodosio y en la delgada cruz de Lucecio: dice la primera:offeret munusculum sancto stephano theodosius abras; y la segunda: in nomine .domini, in nomine sancti offeret
LUCETIUS: E.—
Si esta e final puede sin violencia interpretarse episcopus, ¿quién era este obispo Lucecio? Un prelado deCoimbra de este nombre suscribía en 561 y 572 los concilios 1 y II de Draga; pero ¿con qué ocasión plau-sible pudo dicho prelado trasladarse de Galicia á la Carpetania? Cabalmente en tiempo de Leovigildo , cuandola primacía de la iglesia deRraga desapareció para refundirse en la de la iglesia toledana , y « de aquí adelante(según dice Morales), como incorporados en toda la nación y sujetos á su primado, vienen á los conciliosde Toledo . » La misma rudeza con que está trabajada esta cruz está indicando una época anterior á la deSuinthila y Recesvintho.
1 C’est ce que quelques-uns ont cru en se guidant par l’inscription de la croix consacrée à la Sainte-Mariein Sorbaces, dont nous allons parler tout-à-l’heure. En s’appuyant sur le témoignage de Luitprand et de JulienPerez, ils croient comprendre que cette inscription peut se rapporter à Sainte-Marie Suburbaine, appelée parles arabes Sainte-Marie d'Alficen, temple qui existait non loin de l’alcazar, mais sur la pente de l’éminenceoù celui-ci s’élève et en dehors des murs de Wamba, d’où il résulte que l’on doit lire sub arce au lieu deSorbaces, —corruption qui s’explique d’une manière satisfaisante par l’ignorance des mains serviles que les gothsemployaient à ce genre de travaux. S’occupant de cette opinion notre savant ami M. Rios, ne trouve qu’uneobjection à y opposer, c’est que cette basilique du faubourg de Tolède ayant été consacrée au culte catholiqueet ayant subsisté pendant tout le temps de la domination mahométane, elle dut rentrer en possession de sontrésor une fois que le premier déchaînement de la conquête eut passé.
Celte objection n’est pas sans valeur, mais elle ne nous parait pas concluante. Dans la confusion que pro-duisit cette grande catastrophe il se pourrait que l’on eût perdu inmédiatement entre les chrétiens mozarabesla tradition du dépôt confié au cimetière de Guarrazar. D’un autré côté, bien qu’ils en eussent conservéconnaissance, c’eût été une grande témérité à eux d’exposer publiquement ce trésor dans leur temple au risquede tenter par sa vue la cupidité des mahométans qui, tout tolérants qu’ils fussent, n’en étaient pas moins leursmaîtres.
2 De toutes les étymologies que l’on a cherchées au mot Sorbaces, nous avouerons que la seule qui nousparaisse satisfaisante est celle de M. de Lasteyrie, que M. Rios consigne de la manière suivante dans une notede son Mémoire: «Il suppose (M. de Lasteyrie) trouver son étymologie dans le mot sorbus, nom génériqued’un arbre (le sorbier) qui croît spontanément dans les parties montagneuses des pays méridionaux, commeon le voit dans Palladius (De re rustica, liv. II, titre XIV) et dans Pline (ïïist. Nat., liv. XV, chap. XXIII).»Par analogie grammaticale il tire de sorbus, sorbarium, comme pomarium vient de pomus; et partant de là ilne voit poin de difficulté à ce que les membres du clergé chez les visigoths aient employé le mot sorbacis aulieu de sorbarium, puisque ils disaient bien pomaris au lieu de pomarium. De cet idiotisme local qui sereproduit par rapport à d’autres expressions analogues, le diligent investigateur déduit donc que le pluriel sor-baces désignait simplement un lieu planté de sorbiers; et comme il ne manque d’exemples pour prouver quedepuis la plus haute antiquité il a existé des églises dédiées à la Vierge Marie sous des invocations locales tanten France qu’en Espagne et dans d’autres nations, il en conclut que le nom de l’église où furent consacréesles couronnes était Sainte-Marie in Sorbaces.
3 Voici toutes les inscriptions votives qui aient survécu jusqu’à présent à la barbarie de destruction et dedissémination du trésor de Guarrazar. En premier lieu figurent les luxueuses légendes formées de pendeloquesdans les deux couronnes royales: reccesvinthvs rex offeret, et svinti-iilanvs rex offeret.— Vient ensuite cellede la croix précieuse offerte par Sonnica, laquelle suivant la déclaration authentique de son premier pos-sesseur (V. le Mémoire ci-dessus de M. Rios, page 95) ornait dans l’origine la couronne attribuée par lesarchéologues français à l’épouse de Récesvinthe: elle porte: in domini nomine offeret sonnica sanctæ mariæin sorbaces. —Puis on a celles qui ont été creusées avec le fer et le marteau dans la couronne tout unie del’abbé Théodosius et dans la croix mince de Lucétius: la première porte: offeret munusculum sancto stephanotheodosius abbas; et la seconde: IN nomine domini, in nomine sancti offeret lucétius: e.—
Si l’on peut sans trop de violence traduire cet e par episcopus, qui ôtait cet évêque Lucétius? Un prélatde Coïmbre de ce nom signait en 561 et 572 aux conciles I et II de Rraga; mais à quelle occasion plau-sible ce prélat put-il se transporter de la Galice en Carpétanie? Précisément au temps de Léovigilde , lorsquela primatie de l’église de Braga disparut pour se refondre dans celle de l’église de Tolède , et «à partir de là(dit Morales) comme incorporés à toute la nation et soumis à leur primat, ils viennent aux conciles deTolède . » La grossièreté même du travail de cette croix indique une époque antérieure à celle de Suinthila etde Recesvinthe.
A 12 323 foi.