INTRODUCCION. 37
caban las máquinas (que se habían aumen-tado excesivamente) en estos y en los pa-rages en donde el parapeto formaba ángulossalientes, como también en los que ocupa-ban las tropas de nueva leva, y en los pun-tos en que no hablan podido evitar una po-sición arriesgada.
La relaxacion de la disciplina fue en au-mento en los exércitos del Imperio. Los Ro-manos que se inclinaban á la milicia prefe-rían alistarse en las tropas extrangeras, quecon menos fatiga disfrutaban mayores recom-pensas; y así en breve llegaron á confundir-se, y adoptarlos usos de las naciones bárba-ras que los Emperadores tomaban á su suel-do, y preferian á las legiones.
En tiempo de los Emperadores Mauricio y León ya se había casi abandonado la cos-tumbre de atrincherarse, y se cercaba ordi-nariamente el campo con una línea de car-ros á imitación de los bárbaros. Otras vecesse contentaban con rodearle de dos ó mas fi-las de escudos 1 ; pero estas débiles defensasno podian impedir que los exércitos fuesensorprehendidos y derrotados en sus campos,como se verificó repetidas veces.
I los escudos, según dice D. Joaquín Marín de Mendo-za en su historia de la Milicia española (tratando de la cas-trametación romana ) , se colocaban perpendicular mentesostenidos entre sí, y por medio de las picas y lanzas, y 3su inmediación se apostaban ios Soldados que defendían estabarrera, que por sí sola era de ningún resguardo. Otros au-tores entienden por esta disposición la de dos ó mas filas de