INTRODUCCION. 39
esta severidad, é introduciéndose el luxo &c.en los campos, se hizo general la relaxa-cion. Vespasiano , Tito, Trajano y otrosEmperadores remediaron por algún tiempoestos males; mas en breve volviéron á losmismos desórdenes las legiones, que juzgán-dose menospreciadas y envilecidas por lapredilección y preferencia que concedía elgobierno á las tropas extrangeras, vendíanel Imperio en lugar de defenderle, ó procla-maban nuevos Emperadores.
Los Partos, los Galos, los Germanos &c.atacaron por todas partes las fronteras, y losexércitos romanos no querian ó no podianresistirles; pero estas guerras distantes noalarmaban la Italia , que embelesada con suluxo y sus teatros, no preveía el peligro emi-nente que le amenazaba. En fin, los Godos,Alanos, Vándalos, Hunos 1 &c. invadiéronel Imperio, y las legiones no pudieron resis-tir á su muchedumbre y á su valor. Durante
1 Casi todas estas naciones bárbaras, militando al sueldode los Romanos , habían aprendido de ellos el arte de laguerra, y advertido la debilidad y decadencia en que se ha-llaban las legiones; de cuyos conocimientos se servian almenor motivo de disgusto para hacerles la guerra y asolarlas provincias, sin que bastase á contenerlas el cuidado conque los Emperadores se esmeraban en contentarlas, y las gra-cias y distinciones que les concedian quando las tomaban 3Su sueldo. Viendo la imposibilidad de resistir á su muche-dumbre con una milicia corrompida é indisciplinada, pro-curaban los Emperadores fomentar disensiones entre estospueblos para que se destruyesen mutuamente; pero estemedio no bastaba á remediar el mal, y aunque retardó poralgún tiempo la ruina del Imperio , al fin no pudo evitarla.