VI
gioso y conocedor respetuoso de la moral cristiana. No fue en este terreno don-de los enemigos de la personalidad de tan sábio Rey le buscaron por entonces,para legitimar ante el porvenir su levantamiento revolucionario; fue en la partepredilecta de sus estudios, en aquellos que le permitió su padre San Fernando ,en los que dirigió su madre, de nación alemana, y los mismos que á su vez DonAlfonso recomendó á su nieto D. Dionís de Portugal, por los cuales, como á suabuelo, le llamaron el sábio Rey de Lusitania. Para vencer á D. Alfonso segeneralizó en las masas la idea del desprecio, y de la necesidad de destronarle,enterrándole en vida, é ideándole el famoso y supuesto epitafio para su sarcó-fago, que según cuentan decia: Mientras Alfonso contemplaba las cosascelestiales perdió las terrenas .
Estas palabras á últimos del siglo XIII se vulgarizaron, y porque fueron fáci-les de retener en la memoria, han pasado al través de los siglos con mucha masfacilidad que las obras escritas por aquel de quien sus émulos y enemigos con-temporáneos de dentro y fuera de España se burlaron cruelmente, y los cuales,al repetir tantas veces y con diversas variantes el epitafio referido, se podríacreer que, mas que á D. Alfonso, procuraron ahogar en sus brazos impotentesá las ciencias matemáticas y físicas en aquella época de la edad media.
En los siglos XII, XIII y algunas centurias posteriores, el principio de auto-ridad de ciertas obras filosóficas de la antigüedad se asegura que decidió mu-chas cuestiones del pensamiento, considerándose aquel principio como el únicocriterio seguro y cierto de la razón en el renacimiento de las ciencias. Fundán-dose en lo espuesto las personas de noble gerarquía en la Iglesia, en el foro yen las armas, que dentro y fuera de España llegaron á ser enemigos de D. Al-fonso, no se puede creer inventasen un dicho tan contrario á la buena opinióndel que respetaban, temían y envidiaban por su saber, sin sostener el supuestomotivo del desgobierno del referido Rey en los testos comentariados de Séneca ,evocando la autoridad de este y sus escritos sobre los males causados en la repú-blica con la intemperancia de los estudios profanos. (Séneca , Epístola 88, 106.)
Los detractores de la sabiduría de D. Alfonso como político, que se olvidódel precepto atribuido gratuitamente al filósofo Bias , de mirar en los tiemposde prosperidad en el mando los que se llaman amigos , como sí algúndia ])udiera?i convertirse en enemigos para el gobierno (Plinio, lib. 7,cap. 32), como fundamento de su rebelión añadían probablemente al principiode autoridad de Séneca el de Marco Antonio , quien decia: «Que nada había mas«miserable que un hombre que intentase abrazar con su inteligencia todas las«ciencias, y el cual, no hallándose contento con sondear los abismos denía tierra y de los cielos , intentase con sus conjeturas y estudio penetrar y«saber lo que pasaba en el espíritu de los demás. Sin acordarse en medio de«tanto trabajo que le bastaría ocuparse de la obra difícil de conocer el espíritu,«teniendo siempre presente el cumplimiento de los preceptos morales, única«cosa que le podía poner en relación con la Divinidad.»