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AQUI SE ACABA EL PROLOGO
ET
¡INCA EL PRIMER LIBRO.
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Nuestro Sennor Dios quando creó todas las cosas según es uerdad. et quetodas las leyes se aquerden. creó primeramientre los cielos et los nobles espi-rites que son en ellos que an nombre ángeles, et según el acordamientode todos los sabios que en este saber fablaron son los cielos ocho i 1 ). Et el pri-mero llaman noueno. et en este non a estrella ninguna. Et por eso lo llamanel cielo raso, porque es primero et mayor que todos los otros, et tíenelosencerrados en sí. et fázelos mouer la su muelda que a por la uertud deDios, ca está mas cerca de él. ca anssi cuerno Dios en sí non paresce nin a fi-gura porque lo puedan ueer. otrossí este cielo maguer parescen todos losotros, et son claros de guisa que los passa el uiso. á este en ninguna maneranon le ueen. ni según uista non puede ninguno prouar quál es. Mas pruébasepor el dicho de los sábios que lo fallaron por razón ó por saber spiritoal. Etpor esto dixeron que la uertud uenia de este á todos los otros. Et cuerno quierque algunos dellos desacordassen diziendo que uiene dell ochauo. porque éllera el primero que se mouie. »
Con relación ¡A cálculos cabalísticos y reglas de judiciaria, como veremos al tratar en detalle de cada una de las conste-laciones, lo que se halla en el códice Alfonsí del saber de Astronomía, fué á lo mas la idea de realizar ó escribir un centiloquioparecido por el nombre al que se atribuía á Ptolomeo , pero muy diferente en la esencia, puesto que el centiloquio Alfonsí, sile resumiésemos tomando cada una de sus cien partes de la descripción de las cuarenta y ocho constelaciones, se bailaríauna obra mas poética que astrológica, en la que resaltarían grandes preceptos morales, algunas reglas breves y muy claraspe política y gobierno, y bellísimas descripciones aceptables hoy como modelos de buen lenguage y sentido, de objetos ina-nimados como lo son las ilechas y otras armas que han usado en todos los tiempos los hombres para la caza y para laguerra; de las coronas consideradas por los hombres como signos do distinción y nobleza; de las naves con que se navegaba;de las balanzas, de los fogares y los vasos, medios de cierta importancia para satisfacer las necesidades de la vida: y pa-sando D. Alfonso en sus descripciones de lo inanimado á los seres dotados de vida, nos hallaríamos que con su centiloquiopretendió enriquecer y ennoblecer sus libros con las descripciones mas variadas de aquellos, escogiendo ejemplos entre losreptiles, entre los peces, entre las aves y entre los cuadrúpedos; guardando mucha parte de su elocuencia para describir lasimágenes celestes representadas por hombres y mugeres, concluyendo por ser el supuesto centiloquio Alfonsí, además, unadescripción escrita de una alcora ó globo celeste mas completo que el árabe en metal que posee el Museo Borgia, grabadosegún se cree en el año 1225 de nuestra era, y de cuyo globo celeste se ocupó Assemani, describiéndole aunque muy imperfec-tamente; mas embellecido que el que se guarda en el Museo de Dresde, grabado en 1289, y que ha descrito Beigel ; mas seguro porsu fecha que el que posee, también árabe, la Sociedad astronómica de Londres , regalado por Sir Jon Malcolm á la Sociedad Realasiática en Londres, que se cree grabado en 1275; y que el globo celeste de Mr. Jomard, construido al parecer en Egipto enel siglo XIII.
(<) La generalidad de los astrónomos desde el siglo XV en adelante, han atribuido á D. Alfonso de Castilla la invención y adi-ción de dos esferas celestes, la novena y décima, con el objeto de perfeccionar el sistema astronómico de Ptolomeo . Pero lasdos esferas celestes referidas, sobre las cuales algunos dicen que aquel Rey añadió la undécima, llamada cielo empíreo, comose nota desde el comienzo de los libros de la astronomía Toledana escritos en el siglo XIII, no pasan do ser una suposicióngratuita, cuyo origen relativamente á haber sido ideadas por D. Alfonso nos es desconocido.